Locos por Globovisión

Según, no son cosas nuestras, los medios de comunicación del área de radio y televisión bajo el control del gobierno sólo le llegan al 5% de lo que se llaman “usuarios”.

Por no dejar de decir una pendejada habitual, más baja no puede ser la cifra. Pero el canal Globovisión sufre del mismo mal. Le ven y escuchan unos pocos; en ese pequeño o también minúsculo universo, un muy alto porcentaje lo conforman personas que no van a dejar de ser lo que son, ni que le embarbasquen o den burundanga, pues eso ya pasó. Lo que queda, fuera de ese mundo, es bastante poco.

Pero pese a estas cosas, medios del Estado, en muy buena medida, se la pasan todo el día, empeñados en promover la idea que aquel canal existe, que dice y hasta el “deber sintonizarlo”.

La desgracia de Globovisión es que, quienes se la pasan todo el tiempo disponible “desmontándole” las ideas y desarmándole, apenas llegan a una igualmente pequeña porción de “usuarios.” No hay mal que por bien no venga. Burros que se juntan para rascarse.

Las emisoras del Estado están repletas de programas conducidos por parejas, dos hombres, dos mujeres, uno y una o una y uno, que se alternan interminablemente, en programas de opinión donde se dicen las mismas cosas. Todo el día con la misma cantaleta, solo que cambian nombres de personas que les conducen. Pero cuando uno es distraído, termina por creer que también la gente que habla en el programa de las tres a cuatro, es la misma que comenzó a las dos y terminó a las tres. Porque hablaron lo mismo, como si la chuleta se quedó adherida al micrófono.

La confusión es mayor porque, a toda hora y en todas las voces, en esos medios “al servicio de la revolución”, uno escucha en abundancia las sandeces que opinó Globovisión.

Esos espacios radiales, uno les percibe en exceso improvisados. Como hacía un viejo amigo locutor, de pocas luces, en su programa de radio, allá en los tiempos de “María Castaña”; unos minutos antes de dirigirse a la emisora, tomaba el diario, escogía unos titulares, unos pocos de sus contenidos. Abría el micrófono y previo acuerdo con el controlador, salía: “buenas tardes queridos radio escuchas” y a la carrera, con aquello del periódico, tomado al azar y unos boleros seleccionados por el controlador, hacía su programa. Nadie, él mismo, ni la emisora, sabían si aquella perorata, en horas de la canícula, la escuchaba alguien. Además, poco le importaba; siempre que la emisora cobrase las pautas y le pagara. Los boleros, quizás, es probable, salvaban cada tarde; las emisoras de radios no eran muchas; eso ayudaba.

Hay programas, uno también les ve y escucha, en Televén y Venevisión, por sólo nombrar dos, igualmente desaforados contra el gobierno y en lo de sesgar información, con una atención muy alta por parte de “usuarios”, a quienes los espacios oficiales ignoran. Como si no existiesen, fuesen imparciales, en demasía constructivos y no merecedores de cuidado.

Uno no aboga, por supuesto, que los programas radiales y televisivos del Estado o gobierno anden pendientes sólo de lo que los otros hagan y digan, pero si llamamos la atención por la paranoia que Globovisión despierta en ellos.

Pareciera que no atienden otra cosa que no sea el canal de Zuloaga y dan muestras que hasta se conforman, cuando no les alcanzó el tiempo, con versiones “críticas” que otros hacen de las cosas que dicen y hacen en el canal aquél. Porque tienen como un, no remanso porque no lo es, sino pozo, de donde sacan lo que haya qué decir.

Se han tomado el asunto de la emisora opositora de marras de manera personal. Como si ese fuese la expresión esencial del pensamiento y proceder del sistema. Mientras tanto, cientos, miles de caballos troyanos, misiles culturales, atacan por flancos desguarnecidos.

De paso, Globovisión, suma a sus “usuarios cautivados” con su mensaje poco persuasivo y mendaz, ayuda de los nuestros, lo poco que abarcamos. Así, el canal aquél, nos doblaría. Menos mal, que así y todo, no es mucho.

¿Habrá algo por hacer para subir el rating? ¿Cómo ganar “la guerra de las ideas”? ¿Con quién vamos?

damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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