Sin perspectiva

En España hay que remontarse al siglo XIX, a la invasión napoleónica y a la guerra con Francia para recordar un época tremendamente convulsa. En el siglo XX llegó otra época más convulsa, trágica y duradera todavía: la guerra civil. Tras la guerra civil, ya bien entrado el siglo XXI, sobreviene otra época menos duradera pero también convulsa, aunque en este caso la violencia no la ponen los individuos sino un virus contra todos; una especie de guerra sorda librada entre la Naturaleza y el ser humano, como ocurre siempre que tiene lugar una pandemia. En efecto. El 14 de marzo de 2020 estalla otra situación sin precedentes. La mal llamada gripe española de 1918 es lo más parecido. Pero ni fue española ni pasó a un primer plano de la noticia porque coincidía con el término de la primera gran guerra y esa sí era noticia que pese a todo eclipsaba los estragos que hizo esa gripe, sobre todo en Europa...

Pues bien, a partir de ese día de marzo, vivimos de una manera extraña, casi tétrica y diferente en unos países respecto de otros. Señal de que los microbiólogos no han aunado el criterio a seguir y cada país ha campado por sus respetos en función de distintos factores. En cualquier caso, lo que sí es irrefutable es que estamos más en manos de especialistas y de la llamada comunidad científica en un asunto que nos llega muy de cerca, que de políticos y economistas que se sitúan en un segundo plano. Porque este asunto, el del virus, no sólo afecta a la salud personal de muchos, sino también al entendimiento de todos. Muchas más cosas de las que parece, están fuera de su quicio. Al menos del quicio en que se encontraban antes de esa fecha.

De todos modos, no todos los países se han tomado este evento por la tremenda. Suecia, por ejemplo, se desaconseja el uso de mascarillas y no se han cerrado tiendas, colegios ni gimnasios. La gente hace vida normal mientras, como sucede en todas partes, fallecen masivamente ancianos en las Residencias. Dato éste que no puedo pasar por alto. Pues es imposible pensar que un país en esta materia se comporte todo él insensata o irresponsablemente y otros donde sólo ha faltado promulgar la ley marcial y donde los fallecimientos masivos se han producido asimismo en Residencias, además privadas, sean los sensatos y responsables. Lo que es evidente ante este acontecer es que se carece de perspectiva. Se viene desde el principio pensando y actuando al mismo tiempo, es decir, improvisando. Y eso, desde el punto de vista epistemológico no es un método correcto, pues son los impulsos (no el instinto, que es individual) los que predominan. Como en las guerras. Cuando hayan pasado unos años, hayan reposado las vivencias, se conozcan datos con rigor y detalles muy expresivos de lo que ha sucedido, por un lado, y las consecuencias en toda su amplitud, por otro, será el momento de analizar con sosiego el trance con bastante más objetividad y pericia de la que dan muestra microbiologos, médicos, políticos y periodistas, todos en lo más alto de la tribuna desde la que se dirigen aleccionando constante y presuntuosamente a la población interior del país, pero también al resto del mundo...



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Jaime Richart

Antropólogo y jurista.

 richart.jaime@gmail.com      @jjaimerichart

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