¿No te parece, José Vicente?

El diálogo que más nos interesa, es con el pueblo trabajador

Opiniones como las de JVR en su programa “José Vicente Hoy”, siempre son dignas de considerar. Hombre reconocido por su seriedad y honestidad, muy respetable por sus convicciones democráticas. Dentro de la izquierda venezolana se ha caracterizado durante muchos años por la denuncia frontal de la represión y los crímenes de la IV República, por la defensa de los derechos humanos de los luchadores sociales y perseguidos políticos.

Sin embargo, no compartimos para nada sus últimos consejos. En su programa del domingo 22 de febrero, JVR dijo temer que… “tenemos un país dividido” y que “el esfuerzo hecho hasta el presente por Hugo Chávez… pudiera naufragar en el marco de una conflictividad cotidiana agotadora, enervante”... Con el fin de evitar esto, propone “dialogar para imbricar el accionar público con el privado, dada nuestra realidad plural y el tipo de economía mixta que consagra nuestra Constitución”.

JVR, lamentablemente, nos está diciendo que el proceso revolucionario no debe ir más allá de esta “realidad plural”, donde la oligarquía mantiene gran parte de su poder económico y todavía conserva mucho control dentro de las instituciones del Estado. Las cosas para él se deben manejar imbricando el sector público (el Estado) con el privado (los capitalistas). Según este enfoque, debemos convivir con la explotación y no rebasar los marcos del capitalismo, porque está implícito en la “economía mixta que consagra nuestra Constitución”. No se propone superar esa economía “mixta” capitalista con la transición hacia una economía, una sociedad y un Estado socialista. Es como decir que no forcemos más la barra. Si avanzamos más, podemos “naufragar”. La revolución llega hasta aquí, y ahora… a conversar.

Con este punto de vista, JVR plantea el "diálogo" sólo como un asunto entre la oposición y el chavismo-gobierno. Para nada asoma el diálogo con los actores de la lucha de clases, los trabajadores, los campesinos, los movimientos populares.

Ningún gobierno sensato se puede negar al diálogo, en el sentido de intentar canalizar, de la manera más hábil y conveniente las tensiones. Pero si el énfasis se pone en conversar con la oposición (burguesa) para mantener el equilibrio y evitar medidas que puedan llevar a que la burguesía nos confronte, entonces estamos perdidos.

¿Por qué JVR no le da importancia a que el gobierno hable con los movimientos sociales, el movimiento obrero o agrario? El parece ver la división del país, en dos bloques, sólo como una expresión del resultado electoral formal-político, dejando de lado la división fundamental en clases sociales. El principal y verdadero diálogo que necesitamos es con la vocería de los trabajadores y trabajadoras, de los campesinos, los pescadores, los mineros, los buhoneros, los indígenas…

Uno de los temas de diálogo es que están siendo víctimas del sicariato en medio de la más irritante impunidad e impotencia, mientras los terratenientes, ganaderos y empresarios de la oposición con los que –según JVR– habría que dialogar, en vez de hacerlo se dedican a matar dirigentes obreros, agrarios, indígenas y populares, mediante el pago de sicarios.

Alguien, desde el gobierno, podría preguntar: ¿Acaso no hay dialogo con los trabajadores, campesinos y movimientos populares? O podría afirmar: “Éste, como ningún gobierno anterior, les colocó como protagonistas del proceso y receptores de beneficios sociales”. Nadie puede negar que con el gobierno bolivariano hemos sido mejor interpretados, que hemos tenido más y mejores oportunidades de expresarnos como pueblo. Pero, como organizaciones y como movimientos, no hay todavía una verdadera consulta y participación en el diseño de la política nacional del gobierno y en el manejo del Estado. El diálogo con los trabajadores no pasa de precarias conversaciones institucionales sobre convenios colectivos, los conflictos en las empresas, etc. No hay diálogo político orgánico con la clase trabajadora y los movimientos populares, sobre el rumbo del país, sobre las medidas que el gobierno vaya a adoptar.

Si se va a llamar a la oposición, como se ha hecho tras cada conspiración y luego montan otra conspiración; que primero llamen a la Unión Nacional de Trabajadores, al FNCEZ o a la Coordinadora Agraria, a la red nacional de Comités de Tierras Urbanas (CTU), a los agrupamientos nacionales de medios comunitarios y alternativos, a una asamblea nacional de consejos comunales, a la Fuerza Socialista de Profesionales y Técnicos, por nombrar a algunos ejemplos de la diversidad y conjunto de las fuerzas populares. Aquí hace tiempo que debería existir una especie de Consejo Nacional Popular conformado por los movimientos y organizaciones sociales, como espacio de consulta permanente y para la gobernabilidad revolucionaria.

Una cosa es que el gobierno tenga una política social-popular y otra cosa es que consulte y co-gobierne con los actores sociales del proceso. Eso tenemos que pelearlo y nos ha faltado algo de madurez para obtenerlo. Pero el gobierno, el gabinete ministerial, las instituciones, suelen ejecutar su gerencia desde arriba.

Ahora es que está comenzando la discusión en el PSUV para incorporar en su estructura a los frentes sociales, justamente con esta campaña de la Enmienda y por primera vez se está llevando a cabo una evaluación conjunta entre el PSUV y los movimientos sociales, así como se está dando con las misiones. Para ser Poder Popular tenemos que ser llamados a co-diseñar las políticas de gobierno y eso es prioritario sobre cualquier diálogo con la oposición (la burguesía).

Hay que empujar hacia la creación ese espacio político de diálogo entre el gobierno y las organizaciones de la clase, entendido de esta manera. De ahí deben salir las pautas y límites para cualquier otro diálogo, para el forcejeo con las expresiones políticas de la burguesía, supeditado al desarrollo de la lucha de clases. Cualquier otra forma de diálogo conduce a la conciliación, a la claudicación, a la impunidad y a una mayor vulnerabilidad ante el zarpazo –nada pacífico– que nos devolvería en cualquier descuido la burguesía.

La manera como JVR presenta la propuesta del diálogo, lo reduce a un problema exclusivo del gobierno y la oposición, tiene una lógica de conciliación de clases y no de profundización del proceso, porque la profundización siempre lleva a confrontar los intereses del capital. No hay otra manera, aunque manejemos la más sabia y hábil táctica para hacerlo con el menor costo. La cuestión es saber dar la pelea y saberla ganar.

Quizás por esta concepción de las cosas, cuando JVR fue ministro de la Defensa, no pudo evitar que el golpe de Estado fuera urdido en sus propias narices. Por esta concepción reformista apostó a manejarlo todo desde adentro de las instituciones, sin apelar al pueblo, pues en la víspera de la mega-marcha opositora golpista del 11 de Abril, José Vicente llamaba a que el pueblo se quedara en la casa, que no cayera en “provocaciones”, que se confiara en que el gobierno lo tenía todo en sus manos, que el paro patronal estaba derrotado, que la Fuerza Armada estaba bajo control… Quería evitar la confrontación, pero era inútil y suicida, como se demostró. Ya no valía hacer llamados a la sensatez de los insensatos, ni al diálogo con los sordos y los violentos. Era la hora de llamar a la decidida movilización popular en las calles, para defender el proceso revolucionario y arrancarles por completo el poder. El pueblo, sin ser invitado al diálogo, tomó la palabra: produjo el 13 de Abril.

Ya basta de abogar por el diálogo con la burguesía. Pongamos el acento donde hay que ponerlo: El diálogo es con el pueblo trabajador.



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Gonzalo Gómez Freire

Psicólogo y comunicador popular, co-fundador de Aporrea. Miembro de la Coordinación Nacional de Marea Socialista y de la Plataforma para la Auditoría Pública y Ciudadana.

 gonzalo@aporrea.org      @GonzaloAporrea

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