Pueblos cercados, esto no es lo mismo que decir que no funcionan

Naomi Klein: "Cassandra Andrews, residente en la zona de Lower Ninth Ward, terriblemente asolada durante las inundaciones, mientras seguía limpiando las ruinas después de la tormenta. Pero a los capitalistas del desastre no les interesa en absoluto reconstruir el pasado. En Irak, Sri Lanka y Nueva Orleans, los procesos engañosamente llamados "de construcción" se limitaron a terminar la labor del desastre original, tirando abajo los restos de las obras, comunidades y edificios públicos que aún quedaban en pie para luego reemplazarlos rápidamente con una especie de Nueva Jerusalén empresarial; todo antes de que las víctimas del conflicto o del desastre natural fueran capaces de reagruparse y reclamar lo que les pertenecía".

Durante décadas, el saber convencional decía que el caos era el sumidero de la economía global. Los shocks particulares y las crisis podían aprovecharse como efecto palanca para forzar a abrir nuevos mercados, pero después de que el shock inicial había hecho su trabajo, la estabilidad y la paz relativas eran necesarias para sostener el crecimiento económico. Ésta era la explicación que se había aceptado del por qué los noventa habían sido años tan provechosos: con la Guerra Fría concluida, las economías fueron liberadas para concentrarse en el comercio y en la inversión, y como países de que iban a estar más interconectados e interdependientes, iban a ser probablemente mucho menos una bomba los unos para los otros.

Los ataques terroristas, utilizados para hacer caer las bolsas en espiral, reciben ahora un similar optimismo en la acogida del mercado. Después de 11 de septiembre de 2991, el Dow Jones cayó en picado 685 puntos tan pronto como los mercados reabrieron sus puertas. Enmarcado contraste, la Bolsa de Estados Unidos cerró con valores más altos que el día anterior, con el Nasdaq siete puntos más arriba, el 7 de julio de 2005, el día después de que cuatro bombas destrozaron el sistema de transporte público londinense matando a docenas de personas e hiriendo a centenares. En el mes de agosto de ese mismo año, el día en que la policía arrestó a veinticuatro sospechosos que supuestamente planeaba hacer estallar aviones de reacción para el transporte de pasajeros con destino a Estados Unidos, el Nasdaq cerró 11,4 puntos más alto, gracias en gran medida a los disparados valores de la seguridad nacional.

La reciente racha de desastres se han traducido en beneficios tan espectaculares que mucha gente en todo el mundo ha llegado a la misma conclusión: los ricos y los poderosos causan deliberadamente las catástrofes con el fin de explotarlas. En julio de 2006, en una encuesta nacional a residentes en Estados Unidos se observó que más de un tercio de los encuestados creía que el gobierno estaba metido en los ataques del 11 de septiembre o que no intervino para pararlos "porque quería que Estados Unidos entrasen en guerra en Oriente Medio". Similares sospechas acarician la mayoría de las catástrofes de años recientes. En Luisiana, entre las consecuencias del Katrina, los refugios estaban llenos por los rumores de que los diques se habían roto y se creía que habían sido secretamente reventados con el fin de "destruir la parte negra de la ciudad y mantener seca la blanca", tal como sugirió Louis Farrakhan, líder de Nation of Islam. En Sri Lanka a menudo hemos oído que el tsunami había sido causado por explosiones submarinas detonadas por Estados Unidos, y para así poder enviar tropas al Sureste asiático y hacerse con el control de las economías de la región.

Dadas las altísimas temperaturas, climáticas y políticas, los desastres del futuro no necesitan de oscuros complots para tramarse. Las indicaciones dicen que simplemente siguiendo el curso actual de los acontecimientos, continuarán llegando con una intensidad incluso más feroz. La generación del desastre puede por tanto ser abandonada a la mano invisible del libre mercado. Un área, ésta, en la que realmente se lanza.

Aunque el complejo del capitalismo del desastre no conspire deliberadamente para crear cataclismo de los cuales luego se alimenta, hay muchas pruebas de que sus industrias trabajan muy duro de hecho para asegurarse de que las actuales tendencias desastrosas no van a cambiar.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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