Huella de carbono del petróleo

El impacto climático de un barril de petróleo no es uniforme. Varía según su composición, su localización, la técnica de extracción, la complejidad del refinado y las emisiones por transporte del punto de extracción al punto de refinado y desde allí hasta el lugar de consumo. Impactos adicionales se derivan de los subproductos que se generen, como azufre, coque, venteo y fugas de metano, quema de gas en mecheros.

El análisis convencional del ciclo de vida del petróleo en el contexto climático se divide tradicionalmente en tres etapas: aguas arriba (upstream: extracción y producción), refinado (procesamiento en refinerías) y consumo. Aunque la combustión final es el mayor contribuyente de Gases de Efecto Invernadero (GEI), los otros dos componentes (producción y refinado) son las que marcan la diferencia competitiva y ambiental entre las naciones productoras.

Extracción y Producción (Upstream)

En esta etapa, las emisiones provienen de la energía utilizada para bombear el crudo, el venteo y quema de gas asociado (flaring) y las fugas verificables de metano. Países con reservorios convencionales y maduros, como Arabia Saudita, presentan intensidades de carbono comparativamente bajas debido a la facilidad de extracción. En contraste, crudos extra-pesados o de arenas bituminosas, como los de Venezuela y Canadá, requieren inyección de vapor y procesos intensivos en energía, elevando su huella climática inicial.

El Proceso de Refinado

El refinado convierte el crudo en productos utilizables (gasolina, diésel, jet fuel). La intensidad de carbono aquí depende de la gravedad API del petróleo. Un crudo pesado requiere más hidrógeno y calor para romperse en moléculas ligeras, lo que implica mayores emisiones en refinería.

Consumo y Quema (Combustión)

Esta es la fase de mayor impacto, responsable de del 75% al 85% de las emisiones totales del ciclo de vida. Cuando la gasolina o el diésel llegan al motor de un vehículo, la diferencia en emisiones por galón consumido es prácticamente nula. La variabilidad se desprende de cómo se produce ese combustible.

Las principales reservas de petróleo de Venezuela son de petróleo pesado y extra-pesado. Pero la huella de carbono por litro consumido se reduce en la práctica porque se mezcla con diluyentes (nafta, condensados) o con crudo liviano venezolano (como el Mesa 30 o el Santa Barbara) para su comercialización final.

El petróleo Merey 16 es el crudo de referencia de Venezuela: pesado y ácido, con ~16° API, alto contenido de azufre (2.5%–3.4%), elevada viscosidad y abundantes metales como vanadio y níquel. Se produce en la Faja Petrolífera del Orinoco y requiere mezclarse con diluyentes para su transporte y refinación.

En la práctica, la huella de carbono final del ciclo de vida termina promediando los 540 kg CO2 equivalentes por barril de productos refinados consumidos y 420 kg CO2-eq por la combustión final.

En promedio el consume de cada litro de gasolina emite 2,3–2,4 kg CO2e y el de cada litro de diesel 2,6–2,7 kg CO2e, independientemente del crudo de origen.

La diferencia de la huella de carbono durante el ciclo de vida del petróleo extra-pesado de la faja petrolífera del Orinoco y la del petróleo promedio producido en Estados Unidos es del 11%. Los procesos de mejoramiento, la mezcla con diluyentes y crudos livianos reduce la diferencia promedio al 8%.

En la práctica comercial, particularmente como consecuencia de la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de Paris del 2015y de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1992, considerablemente mayor importancia se le asigna en la actualidad a la competitividad comercial de los diferentes productos en el mercado, en particular en el mercado Chino. En este contexto, el crudo venezolano mantiene importantes ventajas comerciales que lo convierten en un recurso apetecido por las principales corporaciones y centros mundiales de poder.

 



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Julio César Centeno

Ingeniero; estudios de maestría y doctorado en la Universidad de California. Profesor de la Universidad de los Andes. Director Ejecutivo del Instituto Forestal Latino Americano. Vicepresidente de la Fundación TROPENBOS, Holanda.

 jc-centeno@outlook.com

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