El coronavirus, el socialismo y el capitalismo. El virus no explotará el sistema, sólo muestra sus injusticias

El debate electoral por la candidatura presidencial entre los demócratas en Estados Unidos, según mi apreciación, puso de bulto, por intermedio de los planteamientos de Sanders, debilidaces del modelo estadounidense, carencias de los trabajadores y la necesidad de discutir acerca de la pertinencia del uso indiscriminado de la categoría "socialismo".

Lo anterior y parte de este trabajo lo escribí días atrás, antes que la pandemia del coronavirus alcanzase los niveles de ahora; menos mal que no lo publiqué y pude terminarlo ahora, pues mucho de lo que Bernie Sanders venía solicitando para los trabajadores, quedó en evidencia como una falla notable de la distribución capitalista; tanto que los demócratas conservadores ahora han asumido parte del discurso de Sanders y Trump, para quien "el Estado no resuelve problemas, sino que el Estado es el problema", en contraposición con eso, ha optado por intervenir para buscar ciertos equilibrios. Un gobernador de un Estado de la Unión, está solicitando la "nacionalización", casi una expropiación, de toda empresa de origen extranjero que esté relacionada con productos de salud y específicamente para combatir el virus. Por su parte, el presidente de Francia, Macrón, ha dicho que antes que la economía hay que privilegiar la salud; que no es a la economía, sino a las ganacias de los empresarios y a los miles de trabajadores que en el mundo carecen de servicios gratuitos y eficientes. Entonces, Trump y Macron, estarían diciendo ahora, obligados por la pandemia, lo contrario de lo que suelen defender; que ha sido un capitalismo donde el estado no intervenga o lo haga lo menos posible, dejando todo en manos del mercado.

Uno, como se comprueba diariamente en Venezuela, absolutamente controlado por los empresarios.

Desde hace mucho tiempo, sobre todo después de la segunda guerra mundial, se hizo habitual que muchos partidos o grupos militantes se definiesen simplemente socialistas o partidarios de un status donde significativas metas, como las relativas a la educación, salud, vivienda y servicios públicos, jubilaciones, fuesen garantizados "a los trabajadores todos". No se trataba de cambiar radicalmente las relaciones de producción, sino configurar un Estado que por medio de los impuestos aplicados al capital, empresarios y toda persona con altos ingresos, invirtiese de manera para mantener esos beneficios. Es decir, ese socialismo, al cual también se llamó "social-democracia", buscaba una mejor distribución de la riqueza a la entonces existente sin alterar las relaciones capitalistas. Negarlo es infantil. Por eso los académicos no lo hacen; políticos sí, porque juran eso entorpece sus luchas por metas que han creído allí mismo, ahora alcanzables y cualquier propuesta de cambio que no sea abrupta entorpece los cambios y por tanto a aquéllos califican de "reformistas".

Justamente, aquél es el tipo de "socialismo" del cual habla Bernie Sanders y dice además que muchos países, empezando por los escandinavos, lo practican y viven en paz. Y no sólo él, mucha gente que se dice sensata y equilibrada y suele en verdad serlo, contraria a los excesos y extremismos, con frecuencia pone aquello como ejemplo. Unas sociedades donde el capital opera con cierta libertad, pero se ve obligado, por la gravedad de las penas establecidas en la ley, a pagar con premura y certeza lo que corresponde. Lo que según dice, la desigualdad social no alcanza los niveles de exageración de los propios EEUU y por supuesto los países del tercer mundo. Sería esa una forma de distribución, donde el capital comparte sus beneficios con el Estado a cambio de mantener sus status, nivel de ingresos convenidos y este distribuye y mantiene su rol, de intermediario o fiel de la balanza entre el capital y el trabajo.

El fracaso del experimento que significó la URRSS – creo a esta altura no hay quien eso se atreva a refutar -, me refiero a lo de fracaso que de paso, con su decadencia y disolución significó también el desplome de las sociedades comunistas de Europa del Este, entre las cuales hubo hasta guerras intestinas por separación, dejó una amarga experiencia. Aquel llamado "comunismo", repetido en toda el área de influencia soviética, incluyendo toda la Europa del Este, que no fue más que la creación de sociedades de capitalismo de Estado y donde, hasta donde uno sabe, hubo muy poco interés en experimentar en la difícil tarea de crear verdaderas instituciones o empresas productivas de carácter realmente socialistas, terminaron pareciéndose exactamente unas a otras, tanto que la igualdad alcanzada se caracterizó por la precariedad colectiva. El Estado terminó siendo dueño de todo y dentro de unas relaciones donde la responsabilidad se diluía entre burócratas y altos jefes que no sentían, por la lejanía y la frialdad en las relaciones, el reclamo del deber y las responsabilidades. Por eso, por usar un ejemplo, una máquina que se descompone, quedará descompuesta, pues el responsable inmediato, no tiene el poder ni los recursos para repararla y el tener que pedirlos a través de una larga red de funcionarios como aquellos de los que habla Kafka en el proceso, refiriéndose al sistema de justicia, terminará por dejar ese asunto como está. Y eso no queda allí, sino que termina por imponerse aquello y "¿para qué voy a preocuparme si ese vaina no es mía y quién debería hacerlo se muestra indiferente?

Distinta sería la cosa si la empresa la maneja, en todos los sentidos, quienes en ella trabajan a través de un consejo administrativo y la asamblea de los trabajadores y, sí además, su producción puesta en circulación por los mecanismos correspondientes, es recompensada con prontitud y de acuerdo a las normas existentes. Pero, por lo visto, generalizar en buena medida unas relaciones de este carácter parece una tarea difícil, hasta complica, peligrosa y de mucho riesgo; como un no saber a dónde vamos. Por lo que se preferió en algunos casos, como la URSS, la Europa del Este, por dejarlo hasta aquí, dejar todo en manos del Estado; es como menos complicado y además eso garantiza a la cúpula dirigente una base material sólida para sustentar el poder y el liderazgo. Lo que nada hace diferente o distinto eso del origen del poder a como acontece en las sociedades capitalistas. Parece además como una audacia donde el Estado quedaría como en una situación de minusvalía frente al conjunto que el idealismo propone. Se sustituye una hegemonía por otra, que no sería esta justamente la de los trabajadores.*
Las conocidas dificultades generadas en esas circunstancias, por la burocracia, falta de identificación del individuo con el asunto pese el esfuerzo discursivo, lo que contribuye además con todos los vicios que uno puede concebir como la corrupción y la desidia, contribuyen al deterioro y finalmente a la miseria., pues no hay forma que de esa manera la producción sea incentivada y muchos menos financiada y dirigida.

Pero como dije, es una tarea gigantesca para la cual el Estado mismo no está ganado, pues sería esperar que estuviese dispuesto a su autodisolución y la de quienes le manejan. Pero al mismo tiempo, implicaría haber llegado a un estadio tan alto de la escala humana, donde los humanos del país que ese nivel alcancen parecerían santos y dioses con respecto al resto de la gente del planeta en este mundo de hoy. Pero por el carácter de las relaciones que habría en este y la dialéctica misma, no parece posible por ahora. Por esto mismo, mientras Bernie Sanders y otras gentes hablan de un socialismo al viejo estilo de la socialdemocracia, lo que suele llamar como peyorativamente "simple reformismo", chinos y vietnamitas lo hacen de otra forma. Y lo esencial es que en ambos países, en un relativo breve tiempo, pues la guerra vietnamita terminó casi ayer mismo, se ha producido el milagro de alcanzar desatar las fuerzas productivas a un nivel que a la humanidad toda sorprende. Y ellos, pese conservan valores y relaciones del mundo capitalista, como empresarios privados y por supuesto capital individual, trabajadores asalariados, con un Estado bajo el control de partido único, son también llamados socialistas. Lo que parece obvio es que, la acción empresarial privada y por supuesto la del capital, funciona en sintonía con la política estatal, lo que se pudiera incluso decir al revés. En China, operan con la seguridad que brinda el sistema, capitales estadounidenses.

Por cierto, nunca voy a olvidar, cuando escuché a Raúl Leoni, presidente de la república por AD, en la inauguración de una de las plantas hidroeléctricas de Gurí, hablar bajo la inspiración de las viejas consignas del partido bolchevique, de la aspiración que en el futuro, por esos potentes recursos del país y bajo el control del Estado, el pueblo venezolano tuviese servicios de agua y energía eléctrica gratuitos. Fue una oferta, dentro de los programas de la socialdmocracia latinoamericana que ahora cualquiera tildaría de comunista, tal como como tildan a Sanders por las cosas que ofrece.

Justamente, aquella expresión de Raúl Leoni, derivada, como ya dijimos de los programas de la socialdemocracia y en buena medida de las consignas de los bolcheviques rusos, en el caso venezolano se fundamentaba en el poder del Estado derivado, no de los impuestos de una burguesía improductiva y hasta ya experta en evadir las obligaciones del Impuesto Sobre la Renta, sino del creciente rentismo petrolero.
Unos cuantos años más tarde, con la nacionalización de la industria petrolera y los cuantiosos recursos de aquella renta, Carlos Andrés Pérez, lanza el programa que llamó "La Gran Venezuela".

Sólo que ninguno de esos socialdemócratas, lo que no niega la validez de las luchas por la justicia social en todas las instancias y momentos, que hemos mencionado, terminaron bajo la hegemonía del capital. Este momento descubre muchas cosas y demanda políticas inteligentes, comprensibles para la multitud de diferentes niveles, para impulsar grandes cambios.
*

Lo de sustituir una hegemonía por otra, nunca me ha parecido pertinente. Porque si hablamos de socialismo, el ideal de supreción de diferencias sociales, entonces no habrían sometidos ni hegemónicos.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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