Apuntes para la comprensión de la crisis del capital

¿Venceremos en la gran lucha del momento?

Hoy, en el marco de una profunda crisis económica y política nacional, es necesaria la acción revolucionaria y transformadora ¿Qué objetivos pudiéramos lograr si en medio del escenario actual nuestras miras se ven empañadas, desviadas o simplemente mal dirigidas? No basta ya con anteponer frente a la avalancha meros diagnósticos o deslindes apresurados, el reto que nos presenta la crisis del capitalismo y la avanzada de la derecha, nos obliga a perfilar y desarrollar la política correcta que responda con precisión y claridad a la contradicción principal del momento.

Un primer foco determinante para comprender esta crisis, hace necesario situar el problema nacional como parte del vasto campo de la formación económico/social imperante en el mundo y de su movimiento: la lucha de clases. Hoy el capitalismo vive su peor crisis, la masiva superproducción a la que están forzados los grandes monopolios transnacionales para sostener su tasa de ganancias, derrotar competidores y distribuir sus mercancías en los confines del mundo, ha convertido a buena parte de la humanidad trabajadora en una inconmensurable legión de desocupados, tan sólo la caída de los carteles petroleros ha desempleado a más de 100 mil trabajadores en un año por citar un ejemplo, atropellando no sólo fuerzas productivas sino debilitando la capacidad de consumo global y por tanto del mercado mundial del que se sirven los imperialistas.

Frente a esta adversidad cíclica y estructural, el gran capital ha respondido con guerras, con el arrebato de los beneficios sociales y laborales de los trabajadores de Europa, EEUU y otros países, con acciones injerencistas y desnacionalizadoras de instancias de financiamiento y el reforzamiento de la inteligencia global para el control social, pero también haciendo recaer los déficits a través de recortes de salarios y de materias primas. El petróleo, siendo la principalísima fuente de energía e insumo del mundo moderno es el más afectado por esta tendencia. En el último año, Venezuela perdió el 68% de sus ingresos petroleros, su única línea de conexión con la economía mundial.

Esta crisis de la burguesía mundial es también la crisis de sus apéndices nacionales, de la burguesía local, de su eterna dependencia del flujo de divisas del Estado Venezolano y su tendencia a atrofiar las fuerzas productivas nacionales. Ante la postura del gobierno revolucionario, de mantener a costa de los mayores esfuerzos la inversión social, representada en subsidios a productos de primera necesidad, la misión vivienda, pensiones, obras de infraestructura pública, etc., la burguesía coaligada entorno a sus organizaciones de clase (Fedecámaras, Consecomercio, Conindustrias, MUD) toma todas las armas a su alcance para arrebatar a la nación hasta el último dólar. Con el control monopólico de los principales medios y resortes de la economía emprende toda clase de acciones destinadas a imponer su criterio, ya sea el acaparamiento y desvío de mercancías, recortes en la producción, reducción de la variedad y la calidad de los productos, corte de importantes ramas de la distribución, cambio en las dosis y cantidades comercializadas y el resultante aumento voraz de precios. Es este esfuerzo el centro de la lucha por el ingreso nacional, la lucha de la burguesía en contra del pueblo y el gobierno nacional, sus necesidades, que toma las proporciones de una verdadera guerra económica.

Economía y política son un todo y por donde transitan los intereses económicos los intereses políticos nunca se encuentran lejos. La principal preocupación del hampa empresarial es arrebatar cada vez más a la sociedad, a cambio de un cada vez menor gasto de energía, diciéndolo directamente, de aumentar sus ganancias a costa de los salarios. Por eso es un punto de honor en su accionar y en el de su fachada política, para la mesa ultra derechista (MUD) el derrocar lo más rápido posible las trabas que le impiden expoliar al trabajo para apalancar sus capitales y como comando principal a derrotar: el gobierno nacional. La burguesía sabe lo que quiere, eliminación total de regulaciones y la bestial precarización del trabajo.

No caigamos en engaños, no nos dejemos deslumbrar por superficialidades, es este y ningún otro el quid del asunto, la razón de la gran lucha del momento. Reparar en detalles intrascendentes es ceder al enemigo de clase en la pelea mayor, la pelea de, por una parte, del pueblo por mantener las conquistas sociales y las condiciones políticas que permitan la construcción del socialismo, y por la otra, de las aves rapaces y su insaciable y destructiva sed de acumulación de la riqueza social a costa de lo que sea y de quien sea.

¿Quién va a dar coto a esta alarmante situación? ¿Qué fuerza se levantará para parar la crisis y asegurar el sustento cotidiano del pueblo venezolano? ¿Acaso la salida pasa por el derrocamiento del actual gobierno y el retorno del neoliberalismo por medio de más obsceno endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional? ¿Acaso será una “burguesía patriota” la que decida voluntariamente renunciar al negocio fácil de la fuga de capitales y emprender todo el desarrollo que no realizó en 100 años? ¿O será por el contrario momento de confiar en nuestras propias fuerzas, la de quienes siempre han cargado en sus espaldas el peso de la producción y la distribución? Es la hora del pueblo trabajador.

Es la rebeldía obrera, campesina y comunal que va ilustrando, el verdadero camino de las soluciones. Aun con la timidez propia de una fuerza que apenas asoma al mundo, guarda en su interior el germen de una nueva sociedad que retoñará en la cada vez más consecuente organización y unión de las fuerzas del trabajo.

El enemigo principal es el bloque de fuerzas del capital, el imperialismo y sus lacayos nacionales. Y toda fuerza que se le enfrente es herramienta útil que permite ganar el precioso tiempo que requiere la plena maduración del sujeto colectivo revolucionario y la llegada de su gran momento creador. La actual crisis que impide a los opresores continuar su dominio como hasta ahora, de conservar lo viejo, debe ser respondida por el deseo y la lucha por lo nuevo del gran protagonista de la revolución, el pueblo. Que viva Chávez!



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