¿Es más frágil la unidad en MUD o chavismo? Recordando a Luis Tascón y Chile

Para entendernos lo mejor posible, empezaré por advertir, aun cuando a alguien le pueda parecer innecesario, que llamo “chavismo” a todos aquellos que ahora apoyamos al gobierno del compatriota Maduro. Lo hago para favorecer la comunicación y advertir, pese haya algunos no les guste esta delimitación mía, que considero dentro de ella a quienes hayan podido por razones que a ellos compete, tomar ante las venideras elecciones posiciones fuera de lo determinado en el Psuv y el GPP.

Por ejemplo, puede que al PCV u otro partido, no le agrade una determinada candidatura propuesta por el partido eje del gobierno, por lo que opta por lanzar la de su preferencia. Para este escribidor, no es eso suficiente para considerarle fuera de lo que hemos definido como “chavismo”; más cuando es probable, que en la mayoría de las candidaturas ambas tendencias hayan coincidido. Lo que no niega el gran valor estratégico de estas elecciones; tanto que la derecha está poniendo en ellas una importancia trascendental para el diseño de su política posterior.

Pero también hay otras referencias fundamentales, por encima de lo relativo a las candidaturas a alcaldes o concejales, que es el gobierno central del presidente Maduro y el “Plan de la Patria”, al cual aquél está obligado a atender, donde se definen la estrategia, los fines del proyecto socialista y hasta metas inmediatas para cambiar la sociedad. La esencia del “chavismo”.

Es en torno a esto último, que implica una definición y un llamado a la lucha contra el capitalismo y sus valores o anti valores, donde reside la fuerza unitaria del movimiento revolucionario o “chavismo”.

La oposición está constituida por fracciones, un enjambre de ellas e individualidades, que no pueden proponer en conjunto un plan político y económico ni siquiera a plazo inmediato, salvo aquello ya viejo de ¡fuera Chávez!, ahora ¡fuera Maduro! Cada fracción tiene su propio plan, que nos es más que una suma mecánica de las aspiraciones y visiones de cada uno de ellos, aparte de las correspondientes a las individualidades en sí, que son como pequeñas islas, pequeños sueños o ambiciones. Por eso, hasta Luis Vicente León, el de Datanálisis, unos de los pocos hombres de la derecha que se atreve a opinar y hacer proposiciones, aunque sea en materia electoral, dice que la oposición “parece pegada con chicle”. Y lo está, porque en ella abunda gente que bien sabe que el capitalismo y las relaciones de dependencia de nuestra sociedad con respecto al capital gringo o el manejo del asunto petrolero en contra de la soberanía nacional, no constituyen alternativas para beneficiar a los venezolanos, por sólo nombrar dos cosas.

De modo que, teóricamente y en función de los principios, valores y estrategia, el “chavismo” pudiera gozar de la unidad necesaria para alcanzar sus propósitos. No decimos “granítica”, como hubiésemos dicho siendo joven, porque todo ser viviente es una contradicción en sí mismo y más cuando se trata de muchos. Además, hemos visto lo suficiente para saber de lo que hablar y lo que no decir.

Entre revolucionarios, de ellos hablo en particular, hay distintas maneras de apreciar el movimiento, las acciones u omisiones gubernamentales, aunque se provenga del mismo sector social y hasta se fundamente en bases teóricas coincidentes; es una perogrullada, pero buena de recordar, porque uno “ha visto mucho muerto recogiendo basura”. La percepción diferente de la acción, el movimiento, es inherente a la condición humana. No es extraño, ajeno, difícil, encontrar que lo que un grupo define como pertinente, otro de paso no consultado, lo perciba de manera diferente. Nadie está obligado, por ser revolucionario, a admitir para sus adentros que todo lo que el gobierno haga está bien y a la inversa. Pero hay algo que vale la pena apreciar; uno y otro, están empeñados y comprometidos en llegar al mismo sitio, enfrentar las mismas adversidades y enemigos. Por supuesto, cada quien en las particulares condiciones de la vida política, hasta partidista de Venezuela y del movimiento revolucionario, está en su derecho de emitir sus opiniones, sólo que debe sujetarse a determinados parámetros, como el respeto a los demás, precisamente para cuidar la unidad. Decir bien las cosas, sin agresiones y ofensas, no transgrede los principios; como lo cortés no quita lo valiente.

En la oposición, no todos tienen claro hacia dónde van. Hay fracciones e individualidades que sumados podrían ser un inmenso número, que están contra el gobierno pero no a favor del destino que las otras fracciones opositoras asignan al país. Por eso, a ella no debería tratársele como un bloque, pese a lo que cada uno diga.

Pero la unidad del movimiento revolucionario, como ya dijimos, no es granítica. Los malos discursos –la palabra es un instrumento valioso y contundente – pueden generar serias diferencias. De repente, ¡tantas veces que lo he visto!, un discurso inadecuado, agresivo, puede generar una diferencia artificial honda que se sobrepone a los principios. Hay en la oposición gente allí ubicada precisamente por mal manejo de las relaciones y excesos discursivos de ambos lados. Luis Tascón, un compatriota muy estimado por muchos, es y fue un ejemplo del mal manejo que podemos darle a las relaciones.

Cuando uno revisa las informaciones, declaraciones o artículos vertidos en los medios de unos cuantos revolucionarios, fuera del gobierno o dentro de él, suele encontrar expresiones tan explosivas que no permiten acceder al meollo de la discrepancia pero si al grado de rechazo que se tiene contra quien se habla.

Hay quienes por considerar determinadas acciones del gobierno actual – en la época de Chávez se era más discreto- inadecuadas, antes o después de referirse al asunto en sí, emiten juicios y frases hirientes. En algunos casos se quedan en estos últimos. Pero puede suceder que tal conducta proceda del algún espacio del gobierno.

Vivimos un momento que el capital internacional y la derecha más reaccionaria, están unidos en torno a un plan macabro, que pasa por la especulación, escasez, acaparamiento, disminución del ritmo productivo y hasta de distribución de los insumos de la dieta diaria, como lo hicieron en Chile, para intentar acabar con el movimiento revolucionario.

En torno a esto y ahora, está la contradicción fundamental y no podemos hacerle el juego a la derecha, abonar su siembra, debatiendo asuntos de manera inadecuada para ahondar artificialmente las diferencias y abrirle espacios a los enemigos del cambio y la justicia social. Esas conductas, ya conocidas, viejas mañas, pueden hacer débil la unidad revolucionaria que debería ser bastante sólida.

Esas mañas son muy viejas para que volvamos a enredarnos en ellas.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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