El gato de Deng Xiaoping llega a Caracas

(Analogías y diferencias, conservando las distancias)

"No importa si el gato es blanco

o negro mientras cace ratones"

Deng Xiaoping

He visto cómo algunos representantes del Ejecutivo, y otros cercanos al mismo, han mostrado la frase de Deng Xiaoping como justificación a la apertura dada a empresas norteamericanas para la explotación y comercialización del petróleo venezolano. En este sentido, es pertinente analizar algunas analogías y diferencias propias de tan agudo tema, con el objetivo de esclarecer si realmente el "camino chino" puede servir de guía a nuestra joven República Bolivariana.

Contexto Histórico

Deng Xiaoping (1904-1997) fue el arquitecto de la modernización de China y el máximo líder del país desde 1978 hasta finales de los años 80. Es reconocido por transformar una economía estancada en la potencia industrial y tecnológica que es hoy, mediante su política de "Reforma y Apertura". Esta consistió en la transición de una economía planificada centralmente a una "economía de mercado socialista" o "socialismo con características chinas". Este proceso impulsó las "cuatro modernizaciones" (agricultura, industria, defensa, ciencia y tecnología), adoptando inversiones extranjeras, zonas económicas especiales y el sector privado para transformar a China en una potencia económica global.

Por su parte, Delcy Rodríguez ha promovido reformas legales para permitir que empresas privadas ,incluidas estadounidenses como Chevron, operen con mayor autonomía, rompiendo con décadas de control estatal rígido. Veamos algunas similitudes y diferencias:

Similitudes

Apertura bajo control: Al igual que las Zonas Económicas Especiales de Deng, Venezuela busca atraer capital extranjero en enclaves específicos (sector petrolero y gasífero) sin renunciar formalmente al discurso de izquierda o socialista.

Recordemos que Deng Xiaoping abrió las compuertas en la economía, pero en lo ideológico y político se mantuvo firme, sólido y prácticamente sin cambios.

Necesidad de supervivencia: China buscaba salir de la pobreza extrema tras la Revolución Cultural; Venezuela busca aliviar el colapso económico y las sanciones mediante la entrada masiva de divisas por crudo.

Reformas legales: Mientras Deng instauró la "economía socialista de mercado", Rodríguez ha impulsado cambios en la Ley Orgánica de Hidrocarburos para reducir la participación mínima del Estado en las empresas mixtas, incentivando la inversión privada bajo la sombra vigilante de las licencias de la OFAC.

Diferencias

A diferencia de la reforma China, que fue un proceso interno soberano, la apertura venezolana está profundamente condicionada por la presión externa (Dominio militar norteamericano) y la necesidad de negociar el levantamiento de sanciones con Washington. Mientras el modelo de Deng se enfocó en la manufactura, el de Rodríguez sigue anclado al extractivismo rentista, aunque con operadores privados al mando.

Este contexto actual trae consigo diversas reacciones: el ala radical de la oposición hace esfuerzos por sacar definitivamente al chavismo del poder y critica los negocios con Rusia y China; por su parte, el ala extrema del chavismo no parece querer acuerdos comerciales con los Estados Unidos. Son muchos años vociferando consignas antiimperialistas y ahora la apertura petrolera se ve como una entrega de la soberanía. Trump ha pasado de ser responsable del exterminio palestino y autor de un bombardeo sobre Caracas, a ser "nuestro soñado socio comercial", lo cual es visto con recelo por muchos venezolanos. Mientras tanto, el ala moderada del gobierno estudia cuál es la mejor manera de conservar el poder y reindustrializar el país.

La humillación

Después de vivir más de 200 años enarbolando nuestra historia bolivariana, la grandeza de Bolívar y el heroísmo del ejército venezolano, el bombardeo americano

se sintió como una humillación que desplomó la moral del pueblo. Pero los chinos también fueron humillados: el "Siglo de la Humillación" (1839-1949) define el periodo en que potencias extranjeras, como Gran Bretaña, Japón y EE. UU, desmantelaron la soberanía china mediante "tratados desiguales", invasiones y el saqueo de símbolos como el Palacio de Verano.

Hoy, ese trauma resuena en la psique nacional tras el ataque militar a Caracas el 3 de enero de 2026, cuando Estados Unidos ejecutó una operación de madrugada. Para muchos, este evento no es un hecho aislado, sino una reedición moderna de la vulnerabilidad soberana frente a una potencia extranjera.

La respuesta de China a sus humillaciones no fue una venganza inmediata y ciega, sino la doctrina de Deng Xiaoping: "Ocultar las capacidades y esperar el momento oportuno". Esta lección histórica sugiere que, ante agresiones externas, la medida más efectiva de "venganza" no es el conflicto directo, sino la reconstrucción del poder nacional:

Observar con calma: Al igual que China tras las Guerras del Opio, Venezuela enfrenta un momento de introspección forzada sobre su capacidad de defensa y su orden institucional.

Fortalecimiento interno: El éxito chino se basó en una apertura pragmática y un crecimiento económico masivo antes de reclamar su lugar como superpotencia.

Importantes retos

A lo interno, Venezuela debe mantener su discurso antiimperialista ("un país, dos sistemas") al mismo tiempo que deja operar a las transnacionales norteamericanas. Necesitará un gran esfuerzo para convencer a aquellos que no comparten este camino. Un reto mayor será reintegrar a la sociedad todas las ganancias de la renta petrolera para invertir en infraestructura, salud, industria, educación y seguridad alimentaria. Para esto se requiere "corrupción cero". En China se ejecuta a los corruptos; aquí veremos qué deciden, pero sin transparencia el país no despegará nunca.

A lo externo, la tarea es más difícil: se debe evitar alinearse con países "halcones", pues los chantajes y presiones serán constantes. Imagine usted, por ejemplo, una

agresión sobre Cuba y que ningún avión patriota despegue en su ayuda, o que no podamos venderle petróleo por compromisos económicos y amenazas externas. Transitar por el sendero de Deng Xiaoping no es fácil, independientemente de si la elección fue tomada conscientemente o por acontecimientos inesperados. Para finalizar, Trump es el presidente de los Estados Unidos; no es pana, ni hermano, ni compinche. Él allá y nosotros aquí, pero según parece: "No importa que el gato sea americano, chino o ruso, con tal de que cace ratones". Amanecerá y veremos.

INCONFORMIDAD, IDEOLOGÍA Y TRABAJO.



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José F. Medina


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