Las acciones unilaterales de Estados Unidos, ejemplificadas por la incautación de buques petroleros venezolanos denominada "piratería estatal" y la amenaza de anexar Groenlandia por la fuerza, erosionan directamente los cimientos del orden internacional democrático. Este orden, construido tras la Segunda Guerra Mundial, se sustenta en principios como la soberanía de los Estados y la prohibición del uso de la fuerza, consagrados en la Carta de la ONU. Al violar sistemáticamente estas normas, el país que ayudó a crearlas promueve un sistema basado en la "ley del más fuerte", donde la diplomacia y el derecho son reemplazados por la coerción y la imposición, debilitando las instituciones multilaterales diseñadas para mediar conflictos y proteger a los Estados más pequeños.
El peligro se amplifica al establecer precedentes que normalizan la agresión y fracturan las alianzas que han garantizado la seguridad colectiva. La invasión a Venezuela, y el secuestro ilegal de su presidente, condenada por expertos de la ONU como una violación clara del derecho internacional, envía un mensaje de que el uso no provocado de la fuerza es una herramienta política aceptable. Paralelamente, la amenaza de tomar Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca (aliado de la OTAN), por "las buenas o por las malas" introduce una crisis sin precedentes dentro de la alianza atlántica. La credibilidad de un sistema de defensa colectiva se desploma cuando su miembro más poderoso considera atacar a otro, lo que podría llevar a su colapso y a una era de inestabilidad geopolítica donde los acuerdos de seguridad ya no sean confiables.
Finalmente, el intento de administrar los recursos naturales de otras naciones bajo pretextos de "recuperar lo robado" o de "seguridad nacional" constituye un ataque frontal a la autodeterminación de los pueblos. Al declarar su intención de "gobernar" Venezuela para extraer su riqueza petrolera o de anexar Groenlandia por sus
minerales y posición estratégica, se instrumentaliza la soberanía de los Estados, reduciéndola a un obstáculo para intereses económicos y de poder. Este patrón sustituye las leyes internacionales por reglas arbitrarias definidas por el poder de turno, creando un mundo donde la integridad territorial y la soberanía dependen de la capacidad de disuadir la agresión, un escenario profundamente hostil para la existencia de democracias verdaderamente independientes
El sistema democratico norteamericano no es en realidad tan democratico como se piensa, veamos algunas de las contradicciones existentes en esta decadente sociedad.
Colegio Electoral vs. principio de “una persona, un voto”: El presidente puede ser elegido sin mayoría popular (ejemplos de 2000 y 2016).
Supresión del voto de minorías: Leyes estatales que restringen el acceso al voto afectan desproporcionadamente a grupos minoritarios.
Influencia desmedida del dinero en campañas: La financiación privada distorsiona la igualdad de oportunidades en las elecciones.
Sobrerrepresentación de estados poco poblados en el Senado: California (40 millones) y Wyoming (600,000) tienen dos senadores cada uno, desequilibrando la representación.
Desconfianza generalizada en los resultados electorales: Un sector significativo de votantes cuestiona la legitimidad de los comicios (ej. elección de 2020).
Violencia política como herramienta de presión: El asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 mostró la vulnerabilidad de las instituciones..
Crisis constitucional por la dificultad de reforma: La Constitución es prácticamente irreformable en la práctica, bloqueando adaptaciones necesarias.
Desconexión entre políticas aprobadas y opinión pública: El sistema no garantiza que la voluntad mayoritaria se traduzca en leyes.
Desigualdad económica que limita la igualdad política: La concentración de riqueza debilita el principio de “una persona, un voto”.
Sistema judicial politizado: La designación de jueces del Tribunal Supremo sigue lógicas partidistas, afectando su independencia.
Los mapas electorales se dibujan para favorecer al partido en el poder, distorsionando la representación.
Limitada representación de terceros partidos: El sistema electoral mayoritario y los altos requisitos legales prácticamente imposibilitan la competencia fuera del bipartidismo.
Defensa selectiva de la democracia: Se invoca para justificar intervenciones en países como Venezuela, pero se mantienen alianzas con regímenes autoritarios como Arabia Saudí.
Apoyo histórico a dictaduras en América Latina: Durante la Guerra Fría, Estados Unidos respaldó golpes de Estado y dictaduras militares en Chile, Argentina, Brasil, Uruguay y otros países.
Golpe de Estado en Irán (1953): La CIA derrocó a un primer ministro elegido democráticamente (Mohammad Mossadeq) para imponer al sha.
Apoyo a los talibanes en Afganistán (década de 1980): Financió y armó a los muyahidines, que luego derivaron en los talibanes, grupo que después combatiría.
Invasión de Irak (2003) bajo pretextos falsos: Se justificó con la inexistente posesión de armas de destrucción masiva, generando una guerra prolongada y desestabilizadora.
Flexibilidad moral en la lucha contra el narcotráfico: Se condena a países adversarios por narcotráfico, pero se indulta a aliados como el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado por los mismos delitos.
Uso de la base de Guantánamo para detenciones indefinidas y tortura: Viola el derecho internacional y los propios principios de derechos humanos que dice defender.
Políticas migratorias crueles e inhumanas: La separación forzada de familias y las detenciones masivas en ciudades y fronteras contradicen el discurso de derechos humanos.
Doble rasero en sanciones económicas: Se aplican con rigor a países como Venezuela o Cuba, pero se levantan o suavizan para aliados estratégicos con iguales o peores registros en derechos humanos.
Intervenciones militares sin mandato internacional: Numerosas acciones armadas (ej. ataques a Siria, Irán) se ejecutan sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, debilitando el orden multilateral.
Venta de armas a regímenes represivos: Estados Unidos es el mayor exportador mundial de armas, y sus clientes incluyen países acusados de graves violaciones de derechos humanos.
Retirada abrupta de acuerdos internacionales: La salida de pactos como el Acuerdo de París sobre cambio climático o el tratado nuclear con Irán muestra inconsistencia y falta de compromiso con la gobernanza global.
Uso de la “democracia” como narrativa para justificar intereses geopolíticos: El discurso se activa selectivamente cuando conviene a objetivos estratégicos, no como principio universal.
Estas incongruencias entre muchas más revelan una brecha significativa entre los ideales democráticos que Estados Unidos pregona y su realidad interna y externa. Lejos de ser meros “defectos” aislados, forman un patrón sistémico que cuestiona la coherencia democrática de su modelo. El mundo despierta, el sueño americano ya no cautiva a nadie, cada día la situación es más clara, más nítida, nos quieren arrastrar a la barbarie, quieren eliminar las leyes internacionales e imponer la ley del más fuerte.
INCONFORMIDAD, IDEOLOGÍA Y TRABAJO