La Ley de la Selva y el Desprecio Imperial

El diagnóstico de António Guterres ante el Consejo de Seguridad de la ONU no es una mera advertencia diplomática; es la certificación de una defunción. Al afirmar que el estado de derecho está siendo sustituido por "la ley de la selva", el Secretario General describe, quizás sin mencionarlo directamente, el modus operandi histórico y contemporáneo del imperialismo estadounidense.

Desde la perspectiva de la soberanía de los pueblos, se entiende lo que significa que el derecho internacional sea tratado como un "menú a la carta". Estados Unidos ha perfeccionado la hipocresía jurídica: invoca la "protección de los derechos humanos" para invadir o sancionar, pero ignora las resoluciones de la Asamblea General cuando se trata del genocidio en Gaza o la ocupación del Mar Caribe.

Esta selectividad no es accidental. Es la base de un orden basado en reglas propias que nada tienen que ver con la Carta de las Naciones Unidas. Cuando las instituciones multilaterales no se pliegan a sus designios, el Imperio crea una "ONU paralela" compuesta por sus aliados incondicionales, erosionando la legitimidad del sistema nacido en 1945.

Nuestra patria ha sido el blanco predilecto de esta "ley de la selva". No se trata solo de retórica; es una guerra multidimensional donde los militares estadounidenses, a través del Comando Sur, han diseñado planes de desestabilización que violan flagrantemente nuestra jurisdicción territorial.

En su desesperación por mantener la supremacía económica frente al bloque emergente del BRICS, Washington ha desatado una guerra comercial que ignora los principios de la OMC, imponiendo aranceles como castigos políticos, no como herramientas económicas.

Las incursiones fallidas, el apoyo a mercenarios y el despliegue de activos militares en nuestras fronteras son pruebas de que, para el Imperio, la soberanía de los pueblos del Sur es un estorbo que debe ser removido.

La advertencia de Guterres sobre las "matanzas masivas" y el desprecio por la vida humana en Ucrania y Gaza tiene un hilo conductor con el asedio a Venezuela: la creencia arrogante de que existe una "excepcionalidad estadounidense" que los sitúa por encima de cualquier tribunal o tratado.

Si el imperio quiere una ONU paralela para seguir dictando sentencias de muerte, el Sur Global debe fortalecer sus propias instituciones de integración (como la CELAC y el BRICS) para garantizar que el mundo del mañana no sea el de la fuerza bruta, sino el de la justicia soberana.

La ley de la selva solo favorece al depredador. Es hora de que las naciones que creen en la paz cierren filas para salvar la civilización del abismo al que el Pentágono pretende llevar a la humanidad.



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Oscar Bravo

Un venezolano antiimperialista. Politólogo.

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