20 segundos de Chávez. Los 10 segundos de Nicolás. Dos momentos históricos

Venezuela en su devenir histórico político contemporáneo ha estado marcada por dos breves momentos mediáticos, que en momentos de profunda crisis nacional se han convertido en un punto de inicio de procesos políticos de largo plazo. Y ha sido así porque ambos momentos, uno de 30 segundos de Hugo Chávez y otro más fugaz, de 10 segundos de Nicolás Maduro, prisionero en las ergástulas extranjeras, han estado unidos por la esperanza y la lucha.

Son mensajes de esperanza de ambos prisioneros, que no se han rendido, que los sentimientos por el país que los llevó a la lucha y a la cárcel siguen ahí, incólumes, y proyectando su mensaje constructivo al país que los vio nacer y vivir.

Aunque se dice generalmente que han sido momentos breves, debemos es preguntarnos ¿Cómo se mide la brevedad? Si han pasado muchos años de Hugo Chávez y días de Nicolás prisionero y el mensaje sigue ahí, permanente, formando y conformando el alma y la historia del país. Si han sido momentos sísmicos, donde en segundos e inesperadamente se reconfiguró nuestro ser y nuestro proceder.

El primero de estos hitos ocurrió el 4 de febrero de 1992, cuando Hugo Chávez Frías, tras el fallido intento de golpe de Estado, recibió una oportunidad de escasos 20 segundos en televisión nacional, para que se dirigiera a sus hombres y depusieran las armas, pero con esa presencia en la televisión se transmitió promesas de esperanza y el nacimiento de una nueva visión política en vez de un rendido jefe de insurrección, el cual marcaría la vida política del país, de la región de la América Nuestra y del mundo.

Chávez, con uniforme militar y su firmeza inquebrantable, pronunció su "por ahora" palabras, dichas con sencillez y naturalidad que transformaron una derrota militar en una victoria política a largo plazo. Esos 30 segundos fueron el portal que al traspasarlo convirtió al teniente coronel en figura central de la política venezolana. Y con él entró por primera vez en nuestra historia los pata en el suelo, los pobres, los marginados, explotados y oprimidos a cambiar la historia de una nación con su participación protagónica.

Esos treinta segundos de Chávez no sólo detuvieron la acción bélica de ese momento, sino que convocaron a una lucha mayor, que todavía estamos disputando.

34 años después, con un panorama cambiado completamente, después de miles de batallas ganadas y perdidas, el líder de la revolución bolivariana Nicolás Maduro, ingresa secuestrado por artimañas desconocidas, a la negra prisión de New York. Pero sus secuestradores, representante de los oprimidos y desposeídos del mundo, no un hombre vencido, sino un combatiente por la libertad, la democracia, la abundancia y la prosperidad para todos y por el socialismo. Y claro por su Venezuela, hoy sacudida.

Y el sucesor de Chávez, enfrentado a una presión extrema, a una persecución mediática para desprestigiarlo completamente, en ese secuestro miserable y a su ingreso a la prisión en Nueva York, utiliza apenas 20 segundos o quizás 10, frente a las cámaras de televisión internacional y a los reporteros al momento de ingresar a esa prisión con señas perfectamente entendibles para los venezolanos, sin cálculo, espontáneamente, para con sus manos, haciendo un V de Victoria y un puño cerrado, de duros y en resistencia para expresar que seguimos en la lucha por la libertad de los países y los trabajadores oprimidos, hasta su libertad verdadera.

Maduro no habla, pero comunica un mensaje de firmeza y sin nada de victimización, emulando sin querer el impacto mediático que Chávez como el padre del proceso, logró en el pasado.

Con esas señas tan sencillas convierte su detención en un acto de resistencia, de hombre libre nacido en una nación libre, y aun prisionero refuerza el ánimo nacional y lanza el mensaje permanente de unidad nacional, de la unidad de los trabajadores de sueldos y salarios, renueva el mensaje que ¡el pueblo unido jamás será vencido! Estoy lejos, pero con ustedes.

Te entendimos perfectamente Nicolás, no estás aquí físicamente, pero estás aquí con nosotros y queremos creer que eres un símbolo de resistencia y de insurgencia de los que no claudican. Que ironía hay muchos que claudican ante la riqueza del explotador y tú no claudicas aun en las peores condiciones. Te seguimos. Unidos venceremos.

Así, que con su simbolismo ambos líderes, en circunstancias similares de lucha revolucionaria lanzan el mensaje necesario para su unidad política con el movimiento que crearon y constituyeron hasta la victoria siempre.



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Oscar Rodríguez E


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