La oligarquía teme a los huesos del Padre Libertador

Ben Weider nació en Montreal, Québec, Canadá el 1º de febrero de 1924), hombre de negocios canadiense, co-fundador de la IFBB (International Federation of BodyBuilders) conocido por sus estudios en dos áreas distintas:

1. El estudio de los deportes, ya que fundó la FIBB junto con su hermano mayor Joe Weider, fue presidente hasta el 29 de octubre de 20006, cuando anunció su renuncia.

2. El estudio de la historia de Napoleón; escribió el libro El asesinato de Napoleón, donde dice que éste fue asesinado por un miembro de su ejército.

En 1975 fue nombrado miembro de la Orden de Canadá y en 2000 le dieron el título de caballero de la orden nacional de Québec.

Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Ben_Weider".

Lo realmente importante fue el libro titulado El asesinato de Napoleón que escribió Ben Weider, el afirma en una entrevista:

“Hace más de diez años, escribí un libro que relata los años de investigación que dediqué, en compañía de mi amigo y colega sueco Sten Forshufvud, a probar que Napoleón fue envenenado en Santa Elena. El libro "Asesinato de Napoleón", traducido al francés bajo el título ¿Quién mató a Napoleón? (Robert Laffont -1982) ha sido editado en 28 idiomas y ha sobrepasado el millón de ejemplares vendidos. No está mal para un libro de historia. Ello demuestra que existe un gran interés por todo lo que afecta a la figura de Napoleón.”

“La respuesta es relativamente fácil. Ocho testigos oculares me lo han dicho ( a través de sus libros, por supuesto) y las informaciones que han facilitado han sido confirmadas por la ciencia nuclear. Estos ocho testigos oculares, compañeros de Napoleón en Santa Elena, son:

El Marqués de Las Casas, que trabajó con Napoleón en lo que se convertirá en el famoso "Memorial de Santa Elena".
El Barón Gourgaud, un general de la Grande Armée que deseó compartir el exilio del Emperador.
El doctor O'Meara, un médico inglés de ascendencia irlandesa, designado por los ingleses para cuidar de la salud de Napoleón.
El doctor Francesco Antommarchi, un médico corso enviado por la familia de Napoleón para reemplazar a O'Meara, cuando éste último fue expulsado de Santa Elena por el gobernador inglés Hudson Lowe.

El gran mariscal Bertrand, que permaneció junto a Napoleón más de quince años.

Louis Marchand, el leal servidor del Emperador durante diez años.

Los doctores Henry et Stokoe, dos médicos ingleses que examinaron a Napoleón en varias ocasiones.

Estos testigos oculares vivían constantemente cerca de Napoleón. Ellos han anotado día a día, en sus diarios personales, todas sus impresiones y vivencias. Publicados después de su vuelta a Europa, después de la muerte del Emperador.
Mis investigaciones se apoyan en los hechos constatados por estos testigos oculares y que han sido confirmadas por las técnicas modernas de la medicina nuclear. Sin embargo, he comprendido desde el principio, que no sería fácil desmontar la tesis, cien veces repetida por célebres historiadores, según la cual Napoleón habría muerto de un cáncer de estómago. Y ello a pesar de que esta tesis sea indefendible y totalmente ridícula.

Para contradecir a estos historiadores, he debido profundizar y desarrollar todas las evidencias encontradas. He sido apoyado en esta tarea por varios de los mejores especialistas en la historia de Napoleón, entre ellos: el inglés David Chandler, el americano Don Horward y el coronel francés Emile Guegen. Ellos me han aportado un importante e infatigable apoyo.

A lo largo de estos años de investigación, he constatado varios hechos, en especial el empecinamiento obtuso ante una verdad incontestable y la ceguera ante hechos probados.

No es necesario ser un genio para comprender lo que está escrito de una manera explícita. Basta con ser receptivo, despierto, tener un poco de sentido común y limitarse a los hechos. Sin embargo, estos hechos, relatados por los ocho testigos mencionados, han sido ignorados por los historiadores, y en el mejor de los casos no han entendido su significado.
La clave que nos ha puesto sobre la pista del envenenamiento ha sido aportada por Louis Marchand, el fiel servidor de Napoleón. El era atento, discreto, educado (puso en limpio los borradores de las cartas de Napoleón y de Montholon), perspicaz y leal son reservas. Todos los historiadores son unánimes en esta apreciación. Además, era un excelente artista.

Napoleón trataba a Marchand como a un hijo y le legó 400.000 en su testamento. Era deseo de Napoleón otorgarle el título de conde, deseo hecho realidad cuando Napoleón III llegó al poder.

A diferencia de otros compañeros de exilio que escribieron libros y obtuvieron beneficios. Marchand solamente escribió un diario ya que deseaba que su familia conociese lo que realmente había ocurrido en Santa Elena. Pidió a sus familiares que no publicaran sus diarios. Sin embargo, cuando a finales de los años 1950 sus bienes fueron vendidos, el diario fue comprado por el comandante del ejército francés Henri Lachouque, que lo hizo publicar por primera vez en 1955.” Hasta aquí los comentarios de Ben Weider.

Una de las cosas que me llamó poderosamente la atención es lo que sale al comienzo de la investigación: las etapas de investigación

Primera etapa: Es ridiculizada

Segunda etapa: Es violentamente atacada

Tercera etapa: Es admitida por todos.

Ahora precisamente se está ridiculizando una teoría sobre la posibilidad de que nuestro Libertador se le hubiera acelerado su muerte. ¿Acaso no amerita una figura como el Padre Libertador salir de esas dudas, buscar la verdad, utilizar todas las técnicas actuales de la ciencia para saber más sobre su vida y muerte? ¿Acaso dejar las cosas así no es una ofensa a su memoria?. El Libertador es uno de los personajes más sobresaliente de la historia, más grande que Napoleón en hazañas y gloria, hasta tal punto que sólo existen países Bolivarianos, no existen países Napoleónicos. El único ser humano con el título de Libertador es Simón Bolívar. ¿Acaso no amerita hacer la investigación? ¿Es un delito tener dudas? Sabemos que con la investigación no se traerá al Libertador a la vida, esto lo digo por la campaña de descrédito hecho por eminentes historiadores, tampoco se podrá castigar a los culpables, eso lo sabemos, pero estará tranquila nuestra conciencia. El Padre descansará ahora en paz, sus huesos gritarán una verdad al mundo. ¿Moriría envenenado como Napoleón? ¿Estaría detrás de todo esto un complot para eliminarlo físicamente porque él fue el artífice de la derrota militar del mayor imperio sobre la tierra.?

Continua la explicación de Ben Weider

“Este diario cayó como una bomba, esclareciendo el misterio sobre la muerte de Napoleón.
Voy a hablar con frecuencia de Longwood House y ustedes deben saber que era la casa donde vivía Napoleón en Santa Elena y donde fue envenenado.

La precisión meticulosa de Marchand en sus informes diarios de los acontecimientos de Longwood House, puede ser comparada con el fichero de un médico concienzudo que anota todos los detalles de la decadencia de un enfermo en fase terminal.

Sus informaciones han hecho saltar el cerrojo que impedía liberar la verdad. Sin él, el crimen seguiría siendo « perfecto ».
Marchand volvió a Francia con un mechón de cabellos cortados de la cabeza del Emperador el 6 de mayo de 1821, al día siguiente de su fallecimiento, y los guardó cuidadosamente en un envoltorio en la que escribió: los cabellos del Emperador. Este mechón, en su envoltorio original, ha sido preciosamente conservado por sus descendientes.
Ni Marchand, ni ninguno de sus compañeros de exilio, habrían podido imaginar que, tanto tiempo después de desaparecidos, esta mecha de cabellos aportaría mas datos sobre los años pasados en Longwood House, que el conjunto de todos los diarios, manuscritos y correspondencias escritas sobre el exilio del Emperador en Santa Elena.

Cualquier persona que examine las pruebas presentadas en esta conferencia y en mi nuevo libro « El Asesinato de Santa Elena Revisión” deberá admitir la tesis del asesinato. El complot fué organizado para evitar que Napoleón pudiese volver a Francia y retomar el poder, como había ocurrido después de su destierro en Elba. Los hechos aportados por los testigos oculares son irrefutables.

Napoleón fue asesinado en Santa Elena, no hay ninguna duda al respecto. Fue envenenado de la forma más utilizada durante el siglo XIX. Hasta la fecha ningún patólogo o toxicólogo se ha opuesto a mi tesis. Llamo tesis a este estudio a falta de mejor denominación, ya que en realidad el envenenamiento es un hecho cierto.”

También el Libertador tenía planes para continuar en la lucha, retomar el poder y liderazgo, continuar la construcción de Naciones. El Libertador sabía que no estaba segura su obra. ¿Por qué tanto miedo de la oligarquía a los huesos del Padre Libertador?

sedelu@hotmail.com


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Sergio Delgado


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