La estrategia de seguridad nacional del gobierno Biden-Harris (y, III)

Para mantener su hegemonía, los gobiernos de Estados Unidos, han recurrido de nuevo a los postulados teóricos y prácticos formulados en el Destino Manifiesto. Doctrina que ha alimentado ideológicamente las más perversas formas de colonialismo, esclavismo y racismo de la política imperial de esa nación.

Ralf Dahrendorf, al exponer sus impresiones sobre el advenimiento del siglo XXI, señaló que éste podía ser el "siglo del autoritarismo". Wilhelm Heitmeyer, hablaba de la emergencia de un "capitalismo autoritario, una política represiva estatal y un populismo de derecha furioso". Dani Rodrik, señalaba que "la globalización conduciría a la desintegración social y advirtió de que un revés proteccionista era un escenario posible y real".

A los gobiernos de Estados Unidos, estas predicciones, nada les dijo. Continuaron convencidos que sus problemas eran coyunturales. Que estos eran producto de la manera cómo funcionaba el resto del mundo.

Es por ello, que cuando, en la Estrategia Biden-Harris, se señala que van a realizar una Interacción Proactiva, hacia (y con) los demás países del orbe; que, lo harán a partir de su condición de ser "una potencia mundial con intereses globales"; y que, su interacción la están impulsando como "una agenda proactiva para favorecer la paz y la seguridad y para promover la prosperidad en todas las regiones"; por lo que, insistirán en reanudar y profundizar esas alianzas "para impulsar la resiliencia económica, la estabilidad democrática y la seguridad ciudadana". Nada nuevo dicen con estas afirmaciones.

El orden mundial, estructurado a partir de los fundamentos de la cultura occidental capitalista, está llegado a su final. Recordemos que hace algunos años, J. F. Lyotard y R. Rorty, en sus obras: La condición posmoderna y La filosofía y el espejo de la naturaleza, reflexionan sobre la vigencia y pertinencia del mismo.

Las razones que determinan la crisis, que vive Estados Unidos, no son coyunturales; demuestran, por el contrario, que el capitalismo vive una crisis sistémica. Que el capitalismo no tiene la oportunidad de inventar una nueva teoría, como la tuvo en los años treinta de la centuria pasada con el keynesianismo, para sobrevivir a ella.

Y es que, con la imposición del modelo neoliberal, agotó toda posibilidad de imaginar las directrices políticas que le permitan superarla. Nos dice que, de aquellos Estados Unidos imaginados por Alexis de Tocqueville, en su Democracia en América (1835-1840); que, incluso, nuestro Libertador Simón Bolívar, en carta dirigida a Francisco O´Leary, llegó a considerar como el mejor "país del mundo", no queda nada.

En razón de ello, el nuevo orden mundial que se está fraguando, debe construirse a partir de las enseñanzas que deparan las experiencias vividas. Ya que, en el presente, se abre paso la conformación de un mundo más fragmentado, más diverso, más heterogéneo, cuya complejidad no es de fácil advertencia.

Una nueva geopolítica se abre camino en las relaciones internacionales. La emergencia de nuevas potencias económicas como China, India y Rusia, generan nuevas expectativas a escala universal. El tiempo presente nos indica que, el tiempo por venir deberá estructurarse a partir de nuevos principios. Que, lo que está ocurriendo en Europa Oriental, es la mayor evidencia de esta afirmación. Que, la confrontación EEUU-OTAN contra Rusia, escenificada territorio ucraniano, es un enfrentamiento por la sobrevivencia del mundo unipolar, hegemónico y supremacista.

Por lo que, el fraguado de un mundo multipolar tiene que tener, como propósito fundamental alcanzar la paz verdadera del universo. Nuevos conceptos, nuevas formulaciones epistemológicas, tienen que generarse con miras a que pueda alcanzar su legitimación. Este nuevo paradigma universal, por tanto, no podrá hacer de la fuerza militar, política o económica el ente a partir del cual avance y consolide su hegemonía. Así como tampoco podrá ser un sistema abierto como para proclamar un "dejar hacer, dejar pasar" sin límites ni restricciones, en donde "todo lo que suceda es válido".

Derrotar la Estrategia de Seguridad Biden-Harris, por supremacista y recolonizadora, nos dice que el reto no es cualquier cosa; y que, estamos obligados a asumirlo.



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Nelson Pineda Prada

*Profesor Titular de la Universidad de Los Andes. Historiador. Dr. en Estudios del Desarrollo. Ex-Embajador en Paraguay, la OEA y Costa Rica.

 npinedaprada@gmail.com

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