¿Maduro y Guaidó quieren diálogo? ¿Lo quieren Pompeo, Bolton y Abrams?

La mayoría de los venezolanos quiere haya diálogo y de este emerja un acuerdo haga posible la "reconstrucción" del país. He puesto la palabra entre comillas porque de eso justamente se trata, de reconstruir a Venezuela.

Las partes se han enfrentado como enemigos irreconciliables y abundan quienes creen eso son. Un bando y otro, se ha configurado u organizado, como si quienes están al frente no tienen nada en común. El gobierno define a sus oponentes como un bloque con aspiraciones y metas absolutamente ajenas a quienes estarían de su parte y aquellos hacen exactamente la misma apreciación del adversario de turno.

Tal ceguera, fanatismo y quizás sectarismo, en buena medida determinada por una muy mala apreciación de la coyuntura y definición de las metas, ha hecho que se produzcan formaciones que no tienen sustento. Es evidente, lo han demostrado los últimos quince años transcurridos, que en el universo opositor no ha sido posible el diseño de un programa político económico y ni siquiera una estrategia de lucha coherente. Los conflictos internos en ese mundo son de enorme cuantía. Hay tanta distancia entre factores de oposición como entre esta y el gobierno. Esto es demasiado obvio; basta leer los reportes diarios de la prensa del pasado y el presente para eso constatar. Se podría decir de manera atrevida, con fines ilustrativos, que en buena medida la permanencia de Maduro en Miraflores se debe a las hondas contradicciones en ese espacio.

En ese sector opositor hay una buena cantidad, quizás la mayoría, que apuesta al diálogo, la paz y por ende contra la guerra y la intromisión de extraños en nuestros asuntos.

Hay otro universo, bastante grande, que conforman quienes apoyan al gobierno, contrarios o discrepantes frente a este pero también muy distanciados del mundo que se ha venido llamando oposición, que apuesta a la paz, la recuperación económica, la soberanía y la no injerencia de factores exógenos en medio de nuestras discrepancias. Ese universo que se estuvo definiendo como chavismo hoy no es exactamente el mismo, allí ha habido hondos cambios y eso es como demasiado notorio.

Por supuesto, de lado y lado hay una común estrategia interesada en ignorar esos cambios que obligarían a un nuevo diseño que no les parece atractivo y menos rentable.

Es decir, los partidarios de "jugarse a Rosalinda", corriendo el riesgo de embarcarnos en una guerra, quienes no quieren diálogo, hablan de él pero ponen cuanta piedra hallen en los rieles, forman una minoría y sin duda, están en ambos bandos.

Un acuerdo político, pese al inicio no haga definiciones de carácter económico para facilitar las cosas, inexorablemente va a significar que, mientras las mayorías resultan gananciosas, sólo en alejar la guerra y quitar las trabas que causan tanto daño en la economía, una minoría tendrá que perder privilegios, poder y hasta imagen.

No quieren diálogo quienes aspiran, desean y tienen como norte la guerra para desintegrar al país o imponer un régimen de facto que permita disponer a discreción de sus riquezas, la irrenunciable aspiración del capital norteamericano representado hoy en el gobierno de Trump, quienes a lo interno le acompañan por intereses de clase y aspiraciones personales y tampoco aquellos que estando en el bando oficial tienen sus particulares planes y defienden su subsistencia política y hasta las ventajas que les ha deparado el poder.

Por supuesto, como en la viña del señor hay de todo, tampoco quieren diálogo con suficiente fuerza, quienes se creen intérpretes y representantes de factores casados con un discurso y una verdad, su verdad, que no necesariamente es la verdad por lo menos de la mayoría.

Guaidó, por ejemplo, "pareciera" no querer diálogo. Lo decimos así porque no tenemos suficiente elementos de juicio para negarlo contundentemente. Pero si leemos las declaraciones dadas recientemente al referirse a la presencia opositora en Noruega, lo que previamente había negado, señaló que tiene "enviados en el país europeo para un diálogo con la dictadura de Nicolás Maduro"; sin embargo, resaltó que no se prestará para "ningún tipo de negociación falsa." Luego abundó "la única manera de sentarse con el chavismo será con el solo objetivo de discutir la salida del dictador para lograr el cese de la usurpación."

https://es.panampost.com/sabrina-martin/2019/05/16/dialogo-en-noruega-venezuela/

El mismo día que se anunció la inesperada reunión de Noruega, Guaidó puso dos notas en Twitter, que están en esta misma información, cuyo link esta guindado arriba, donde dijo:

Primero: "Ya tenemos fecha para la reunión con el Comando Sur: el lunes 20 de mayo, el embajador @carlosvecchio ejecutará tan importante tarea.
Estamos en los preparativos para tener una reunión beneficiosa que nos permita avanzar en la cooperación internacional que requiere Venezuela."

Segundo: "También hemos atendido una invitación con el Gobierno de Noruega, y hoy tendremos reunión con el Grupo de Contacto de la Unión Europea. Reiteramos que cualquier iniciativa de mediación debe pasar por el cese de la usurpación, el gobierno de transición y las elecciones libres."

Es demasiado evidente que tales opiniones están muy lejos para avalar una gestión de diálogo con el buen ánimo de llegar a un acuerdo. Quien se tome el trabajo de leer la prensa internacional, sobre todo diarios como el New York Times o Wall Street Journal, encontrará que lo que dice Guaidó es exactamente lo mismo de Pompeo o Bolton. Aquel habla por lo que antes estos dijeron. Esta misma prensa muestra como el manejo que Trump da a la crisis venezolana, hasta llegar al extremo de una invasión, entra en su estrategia de ganarse, por intermedio del extremista Marco Rubio, el voto cubano y venezolano en el sur de La Florida.

Hay en el universo opositor una porción de venezolanos que han sido ganados por distintos motivos y medios para "la salida" violenta, por un discurso según el cual nos enfrentamos aquí "los buenos contra los malos", demócratas contra comunistas, donde quienes esgrimen el argumento de la guerra, pues piden invasión, curiosamente se autodefinen como lo primero. Y es hasta curioso, que entre los segundos, los comunistas, partidarios o no del gobierno, en el discurso de un sector opositor, está todo aquél que se manifieste contrario al imperialismo, por la paz, a favor de la soberanía y el derecho a crecer de manera independiente.

Pero el discurso del presidente Maduro tampoco luce estrictamente apegado al deseo de diálogo. Este proceso, por lo complicado demanda mucha discreción, tanto que hasta se inició como es habitual casi en secreto, porque él demanda silencio, sensatez y ausencia factores molestos. He revisado durante estos dos días la prensa Noruega y en ella no hay indicio alguno sobre esas conversaciones.

Hoy sábado, los medios traen informaciones donde el presidente Maduro desata como una fanfarria inusual que pudiera producir efectos negativos en el terreno contrario, cuando proclama resultados como exitosos sin que, como es habitual, no se hable de ellos. Pero su sola calificación, que lo pudiera hacer aparecer como un logro suyo, necesariamente va a despertar suspicacias en la otra banda y eso es negativo y perjudicial para el diálogo. Y Maduro eso debe saber, por lo menos, a esta altura del partido. Recuerde que generalmente se piensa que lo bueno para mi enemigo debe ser malo para mi.

"Creo en el diálogo y creo en la paz". Ha dicho Maduro y agregó, "Hemos reiniciado el camino y son buenas noticias".

https://www.aporrea.org/actualidad/n342091.html

Lo prudente, daba la sensibilidad y hasta desconfianza que prevalece en Venezuela, es que el presidente se mantuviese callado al respecto y dejar que las partes, de acuerdo a lo convenido, tomen las iniciativas. Lo que para Maduro pudiera ser una buena noticia, dada la desconfianza inexistente, pudiera, aun sin saber de qué se trata, no serlo para quienes le adversan y eso indispondría a muchos con respecto a lo acordado e incomodaría para alcanzar la meta deseada.

Pero no quedó en eso, fue mucho más allá, pues manifestó: "Nosotros respetamos las reglas de juego. En la oposición se ha desatado una locura entre ellos, de odios intestinos. ¡Allá ellos con sus impulsos y su odio. Acá nosotros, la Patria, los que queremos la paz!".

Quizás alguien pudiera pensar que somos como demasiados escrupulosos y hasta sensitivos, pero no creo que, en este momento, Nicolás Maduro, por lo que es, deba hacer uso de este tipo de discurso, si en verdad, como dijo, cree "en el diálogo" y la paz. ¿Cuál intención hay en eso?

Ultima hora: Estas declaraciones de Guaidó, revelan contundentemente lo que hemos sostenido: https://www.aporrea.org/oposicion/n342114.html

 

 



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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