Transformación revolucionaria

La transformación revolucionaria en el pueblo venezolano ha situado al primer plano la contradicción entre las demandas de la renovación, la creación y la iniciativa creadora de un lado, y el conservadurismo, la inercia y los intereses egoístas, de otro. Una de las manifestaciones de esta real contradicción consiste en que la creciente actividad de las masas no es compatible con el persistente estilo burocrático burgués en las distintas esferas del Gobierno, con los intentos de frenar la revolución. Para superar esta contradicción hay que adoptar medidas rápidas y drásticas en el PSUV, en la contraloría social, en la política de cuadros, en el afianzamiento de nuevos enfoques y normas en la vida del país, estatal y social.

Las experiencias de la etapa inicial de la Revolución nos mueven a examinar atentamente las contradicciones entre los intereses de la burguesía, de los distintos grupos de población, colectividades, grupos y organizaciones. Es incuestionable que el socialismo suprime el antagonismo de intereses. Es una tesis bien conocida y certera, más no significa que el liquidar el carácter antagónico de los intereses equivale a unificarlos o nivelarlos.

Veamos la actitud de los grupos oposicionistas y quinta columna ante el proceso revolucionario. Generalizando, se puede decir que el pueblo comprende que es imposible seguir viviendo y trabajando conforme a criterios viejos, que la renovación y los cambios profundos son una necesidad objetiva. No obstante, cuando el proceso renovador comenzó a cristalizar en hechos concretos, a penetrar en todos los sectores de la vida pública, a llegar hasta la persona concreta, percibimos que estaba emergiendo la contradicción entre los intereses del momento, marcadamente particulares —inclusive propósitos egoístas de determinadas personas y grupos— y los intereses del pueblo, los intereses a largo plazo de los trabajadores. Hay que cambiar los métodos, aunque, somos conscientes de cuán difícil es el proceso de cambiar la mentalidad en las viejas organizaciones gubernamentales puntofijistas burguesas.

Los trabajadores y los campesinos avanzan con audacia por el camino de la autogestión. Diríamos que en todos los dominios son los primeros en volcarse para realizar los cambios, lo que tiene importancia decisiva para que la autogestión se corone de éxito. Las colectividades laborales acometen enérgicamente la solución de los problemas clave del desarrollo económico y social, promoviendo al primer plano el estricto cumplimiento de los compromisos respecto a la producción estimada para solucionar los problemas del pueblo. En una palabra, los trabajadores asumen el proceso de autogestión con energía de alto voltaje.

Teniendo por fondo la postura verdaderamente cívica de la clase trabajadora, especialmente indecorosa aparece la actitud de quienes, persiguiendo objetivos egoístas, entorpecen las transformaciones sociales, se oponen a los cambios. Creemos que las colectividades laborales, las organizaciones comunales y sociales han de asumir una actitud firme, intransigente, hacia tales grupos y personas. Hay que formar y orientar los intereses, utilizando el nuevo mecanismo de gestión económica, así como mediante la política, ideología y la cultura. A fin de cuentas, la esencia de la revolución consiste en considerar los intereses, en incidir en los intereses, en gestionar los intereses y en administrar mediante los mismos.

Consideramos que, estamos abordando sólo una parte de los problemas donde más potentemente se deja ver el carácter contradictorio de los fenómenos que se operan. Lo novedoso y amplio de las tareas que se nos plantean requiere una constante atención al análisis técnico de la marcha y de las consecuencias socioeconómicas de los cambios actuales y de las contradicciones que en este complicado proceso social presenta. Necesitamos imperiosamente un avance conceptual en el terreno de la teoría, avance basado en un estricto análisis de todo el conjunto de hechos que conforman la vida del pueblo y en la fundación científica de los objetivos y perspectivas de nuestro movimiento. No se puede avanzar desorientadamente, pues ello le sale caro al país.

El socialismo despertó la actividad de las masas. Y es deber de los dirigentes mantener vivo este ímpetu y desarrollarlo para que se manifieste a plenitud. Es necesario recalcarlo, porque el pueblo sigue preocupándose por el destino de las reformas. El pueblo continúa recomendando y hasta exigiendo no detenerse y avanzar por el camino de las transformaciones. El Comandante Presidente promueve las reformas que se realizan bajo la dirección del mismo. Agitó todo el país, atrajo con sus ideas a millones de compatriotas y despertó colosales esperanzas. Si hoy al pueblo le preocupa la lentitud con que se hacen las transformaciones, esto significará que no se hacen algunas cosas debidamente.

Los hechos patentizan, que se ha perfilado una tendencia alarmante: varios organismos van a la zaga de los ánimos dominantes y de los dinámicos procesos que se dan en el pueblo. Evidentemente, se debe examinar este problema en la dirección del Proceso. Hoy es el elemento clave de la labor; el curso de la Revolución dependerá de la actividad del pueblo. Pero, los problemas apremian; no se puede consentir que la revolución se rezague de los procesos económicos, sociales y culturales; que los cambios en la vida y en la conciencia del pueblo se adelanten a la comprensión que de estos procesos deben tener, sobre todo los órganos dirigentes.

El pueblo tiene razón cuando dice que quien haya querido ponerse al día ya lo ha hecho y se ha incorporado al trabajo. Quienes no acaban de comprender las nuevas tareas, siguen aferrándose a lo viejo y con esa actitud suya sabotean el cambio. De ahí que el Comandante Presidente insista en que los Ministros, Gobernadores, Alcaldes y los dirigentes del Proceso, que dicen ser “revolucionarios”, se comprometan más con los problemas que afligen al pueblo, con la solución efectiva de los problemas; con el Proceso Bolivariano. Es de mucha responsabilidad el papel que ellos desempeñan en la solución de los problemas concretos de la Revolución.

Pero creo que estamos todos de acuerdo de que, las reformas revolucionarias sólo acaban de comenzar y no marchan igual en todas las regiones. Todavía se conservan zonas “acotadas” por la oposición, la Quinta Columna, la inercia y la pasividad. Son realidades que no tenemos derecho a descuidar, a dejar sin atención y sin la debida valoración.

¡Gringos Go Home!

¡Libertad para Gerardo! ¡Libertad para los cinco héroes de la Humanidad!

Hasta la Victoria siempre. Patria Socialista o Muerte ¡Venceremos!


manuel.taibo@interlink.net.ve


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Manuel Taibo


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