¿Es Venezuela un país tutelado?

La respuesta es no. Venezuela es un país ultrajado y amenazado. A las autoridades nacionales se les ha conminado a liderar cambios específicos en la política petrolera y a liberar a personas detenidas por actividades conspirativas.

Una tutela es, en esencia, un acto de cuidado. En el caso de los niños, se encomienda a un adulto la crianza y formación hasta que alcancen su mayoría de edad; en el ámbito académico, un tutor guía al estudiante para culminar con éxito una investigación. Para el caso de Venezuela —y, en general, de toda Latinoamérica—, la actitud de los EE. UU. no es la de un tutor, sino la de un extorsionador. No puede aceptarse el uso de la acepción "tutor" para un país que le impide a otro ejercer plenamente su soberanía.

Si Venezuela, Uruguay o Panamá realizan convenios con China o Rusia, los EE. UU. asumen tal negociación como una afrenta. Acto seguido, inician las advertencias, trabas, amenazas, coerciones y acciones de fuerza. Eso no es una tutela; es una clarísima demostración de imperialismo.

Digo esto porque vi en Venevisión una entrevista a una doctora en Derecho —doctora, no abogada rasa— que fue presidenta de la Corte Suprema de Justicia y luego del Tribunal Supremo de Justicia, decir que Venezuela era un país tutelado. No la nombro para evitar las represalias legales que un abogado sabe manejar, a pesar del soberbio error conceptual que exhibió ante todo el país.

También me llamó la atención que intentase vincular la Ley de Amnistía —próxima a ser aprobada por la Asamblea Nacional— con una indemnización al amnistiado. Es algo absurdo: la amnistía es el olvido del hecho, distinto al perdón. No implica admitir un error en la privación de libertad, pues existió una razón para la detención. Imaginar una indemnización destruye el espíritu de la amnistía: la igualación de culpas y la reconciliación.

Finalmente, la hoy presidenta de una organización política afirmó que la amnistía debe ser ejecutada por el mismo juez que lleva el caso o que condenó al procesado. Esto es correcto. Punto a favor para ella, pues la amnistía no es para todos: la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela prohíbe amnistías, sobreseimientos e indultos a violadores graves de derechos humanos (asesinatos, torturas, desapariciones y persecuciones) y a quienes vulneren el Derecho Internacional Humanitario. Para otorgar el beneficio, es imperativo conocer a fondo el delito cometido, cosa que debe saber el juez.

Queda sobre el tapete el caso de las inhabilitaciones emanadas de la Contraloría General de la República, en especial para la señora María Machado.

La señora Machado fue inhabilitada por errores u omisiones en su declaración de patrimonio cuando era diputada; un argumento legal y claro, pero que a los ojos de la opinión pública es un "delito pendejo", y no lo es, pues es una declaración jurada, algo sumamente relevante y castigado severamente en todo el mundo.

Ella podría haber sido imputada de graves delitos cuando participó junto a Leopoldo López en los motines del 2014-2015, o como colaboradora con el Gobierno paralelo de Juan Guaidó. También pudo haber sido imputada por traición a la patria cuando pública y conscientemente pidió una invasión militar extranjera contra Venezuela. Recordemos que invocó el TIAR en la OEA y acudió a los gobiernos de Bush, Obama, Trump 1, Biden y Trump 2. A todas luces, el gobierno de Venezuela no quiso convertir a María Machado en una víctima y optó por ignorarla.

Hoy, después de haberse consumado la invasión militar, con las consecuencias de no menos de 80 muertos y el secuestro del Presidente y la Primera Dama, ese delito de traición también ha pasado de ser una simple invocación a un hecho demostrable, pues ella, en persona, visitó al líder de la invasión para agradecerle la incursión; en consecuencia, ahora sí debería ser imputada como traidora a la patria. Es más, podría aplicarse la ley de amnistía hasta hoy, momento en que escribo esto, y ella no gozaría del beneficio, pues sería imputada mañana.

Bajando a la política verdadera, a lo que en la realidad ocurre, la señora María Machado es la verdadera razón de la conminación gringa para que olvidemos a juro. Así que, si es amnistiada o no, es lo de menos; aquí lo importante es explicar hasta el cansancio a todo nuestro pueblo que, en el caso de que esta señora pueda participar como candidata presidencial, y en el supuesto de que salga electa, estaríamos en presencia de la más horrorosa contradicción republicana, pues esa señora no ha luchado por el beneficio de los venezolanos, sino por el de ella y su familia. Revisen su genealogía y todas las vinculaciones; solo tienen que pedirle a la IA que les resuma el poder en Venezuela junto a los apellidos Machado, Zuloaga, Mendoza y Parisca.

Si eso llegase a suceder, tendremos que iniciar una campaña para, de una vez por todas, modificar ese verso de la primera estrofa de nuestro Gloria al Bravo Pueblo que tanto confunde. Cada vez que canto o escucho: "A este Santo nombre, tembló de pavor el vil egoísmo que otra vez triunfó", tengo que hacer un ejercicio gramatical para comprender que el vil egoísmo no triunfó otra vez, sino que, muerto de miedo, no volvió a triunfar como antes lo hacía. El vil egoísmo en la Venezuela de hoy ha sido encarnado por Leopoldo y María. Sus apellidos los delata.

De una vez propongo modificar tal estrofa, pues tal posibilidad de confusión no puede continuar. Propongo esta modificación:

¡Abajo cadenas!, ¡abajo cadenas! Gritaba el Señor, y el pobre en su choza libertad pidió. A este Santo Nombre tembló de pavor el vil egoísmo, pues la unión triunfó.

Recordemos que Simón Bolívar era "el Señor", el rico, el mantuano. Él, y muchos como él, pidieron la libertad política. A Bolívar esta gesta le costó toda su fortuna personal y familiar pues, a pesar de haber logrado el objetivo de vencer y fundar repúblicas, nunca alcanzó a recuperarla. Asimismo, debemos darnos cuenta de que el pueblo mestizo, indio y negro —el pobre que desde su choza también pidió libertad y se unió al "Señor" para alcanzarla— sufrió, a cambio, décadas de penurias. Jamás olvidemos eso, por más leyes de amnistía que debamos aprobar para convivir en paz.

Hoy, en lo que va del siglo XXI, son los señores, los ricos, los que en lugar de exigir libertad han implorado tutela. No son capaces de comportarse como adultos porque el parasitismo es su naturaleza. De allí que, en lugar de invocar y ejercer la unión para triunfar contra la extorsión extranjera, fomentan la división para conservar las migajas que los enriquecen a ellos a costa de empobrecer a todos los demás.



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Manuel Gragirena

Profesor Universitario. Ingeniero Electricista. Especialista en Telecomunicaciones. Diploma de Estudios Avanzados en Educación. Ex Sidorista

 manuelgragirena1@gmail.com

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