Ensayo sobre el cambio climático y fin de la especie humana

El principal peligro para la vida en la Tierra entre muchos otros, es el cambio climático por efectos nocivos de las emisiones de gases tóxicos, como el que se expulsa de todos los organismos vivos que medramos en este planeta. Si bien es cierto que hay una causa natural que ha contribuido al enrarecimiento del aire, éste se ha contaminado de manera exponencial desde el momento en el cual el hombre comenzó a aumentar la emisión de tales gases que al correr el tiempo fueron en proporciones descomunales por habitante en el mundo, hoy rondamos los 8 mil millones de individuos, solo de la especie humana, habiendo muchas más entre los demás seres vivos que también respiran el oxígeno que se encuentra encapsulado en la atmósfera, y que es producido principalmente por los bosques, por lo cual debemos dedicarle un cuidado especial a la flora, y como no a la fauna que hace posible que se renueve la floración y la producción de semillas que son trasportadas en un ciclo indispensable de renacimiento constante y permanente como lo ha sido hasta ahora.

Es por ello que tiene importancia suprema y radical que atendamos al pulmón vegetal de la tierra, que cuidemos los bosques, que sembremos más, y practiquemos la ecuanimidad con todo aquello que tiene vida, sin dañarla, tratando de aprovecharla de manera gradual y equitativa, cosa que ha resultado imposible y como consecuencia lo nefasto que en proporciones catastróficas se devuelven contra la entera humanidad. Es patético pensar cómo hemos llegado a tales niveles de irracionalidad que hemos llevado a extremos inverosímiles y de tendencias suicidas las formas de control poblacional mundial. Desde muy antiguo sabemos que ha habido formas rituales, religiosas, ideológicas, económicas, sociales, políticas y militares; también recurriendo a las enfermedades, las hambrunas, y cuanto pueda ser imaginado por mentes calenturientas al servicio de intereses de todo tipo, lo que hace ya tiempo se identificó con esa expresión del hombre, lobo del hombre.

Hoy es tal la contaminación ambiental, que ya queda poco espacio donde el hombre no haya hoyado y dejado sus residuos en algún continente de los confines del planeta. Los millones de habitantes la mayoría dependientes de pequeños grupos con mucho poder en varios estados y naciones, que controlan a través de grandes corporaciones, las cuales se abrogan la autoridad, por muchas vías, qué, claro está, responden a la mentalidad establecida desde el siglo XI y que hasta hoy siguen influyendo en todo lo que atañe al mundo que conocemos, sobre todo en Occidente, que es donde se instauró el capitalismo y hoy, como sistema ha demostrado ser un arma letal por sus consecuencias en la mayoría de las sociedades, y de manera incuestionable en los países en vías de desarrollo. Los mayores emisores de CO2, responsables directos de la mayoría de los padecimientos de salud en los seres vivos, por orden de prioridad están China, EEUU, India, Europa, y el resto de más industrialización a menos, y por supuestos por los combustibles que usan, los cuales son mayormente contaminantes por la cantidad de monóxido que producen en su combustión, mezclados con otros elementos. Las emisiones son diarias y en toneladas diarias que surcan por los aires, y vías de comunicación de las que disponemos. Es lo que respiramos, consumimos, y con lo cual nos hemos acostumbrado a vivir de manera inconsciente, pues sin pensar en ello, llevamos nuestras existencias a cuesta, al costo que ello implica.

Tiene algo que ver el coronavirus con lo que llevamos dicho, claro que sí, puesto que lo que está en juego es si seremos capaces en conciencia, de aprovechar las lecciones que hasta ahora nos ha dado la vida en el planeta, y sabiéndonos humanos, terrícolas, y habiendo servido como sujetos de laboratorio por parte de un reducido número de individuos, que con grandes intereses, juegan a ser dioses, y en medio de ambientes limpios, cómodos, que disponen de cuanto les falta a millones de millones de personas; sólo por mencionar a los 1600 millones que carecen de energía eléctrica. Un desafío que implicaría poner manos a la obra y reducir tales diferencias insoslayables, pues son condiciones a las que han sido empujadas las personas por parte de quienes los han explotado secularmente. Puede haber productividad y crecimiento que permitan salir de la pobreza a millardos de personas en todo el mundo, cuándo será que recapacitaremos, dándonos cuenta de que ya no hay tiempo, que el problema hoy es totalmente diferente al que hemos vivido, y es precisamente este aspecto el fundamental, puesto que está en riesgo por lo menos las dos terceras partes de los seres humanos.

No es que esté aumentando solo el carbono, sino que no hay uso eficiente de la energía, y por lo tanto, pese al avance en el desarrollo de tecnologías de energía libre, de energía limpia, vendría a significar que quienes controlan y promueven el consumo y se hacen de grandes fortunas, se niegan a que las innovaciones produzcan mayores beneficios para todos, resultando la misma mentalidad que ya tiene diez siglos de existencia, y pertenece a la era ya superada, en la cual el ser se consideró hecho a la medida y las circunstancias de las cosas puestas fuera de sí, es decir la materia como productora de la conciencia, y no como corresponde al final del ciclo de existencia que nos muestra haber alcanzado un nuevo umbral en el universo, y que nos demanda, en aras de preservar el planeta para las generaciones futuras, que nos pongamos todos en sintonía con las señales que nos vienen indicando, toda vez que hemos activado el botón de la luz, encendiendo nuestra visión como especie. Debemos cuidar el medio ambiente, sin que se pretenda que los pocos que son ricos, sometan a los muchos que son pobres, materialmente, a seguir padeciendo de las condiciones de vida y existencia en condiciones naturales y sociales. Este debe ser el siglo en el cual superemos los antagonismos que no son sino producto de un ego que ha dominado la mente, mientras el espíritu de vida que nos habita nos envía señales de que el fin del tiempo pasado ya está entre nosotros, y que de nosotros depende que haya y continúe la existencia en este mundo.



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Franco Orlando


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