La derecha recluta nuevos traidores coyunturales. Diferenciar críticas constructivas de sus opuestas

No es de extráñanos, y hasta propio de gafos sería, con el perdón de estos, ignorar que la derecha imperial y cipaya criolla ahora va   por la compra de conciencias de personas que hasta el 05/12/2015 nos lucían muy chavistas, muy patriotas.

Estas traiciones se facilitan mucho y son más preocupantes cuando sus protagonistas son de gente mestiza, internacionalmente hablando. De manera que es razonablemente sospechosa, por lo menos, toda la  crítica  que se viene  desatando de acá y de acullá dizque porque la revolución se halla en peligro, que si el gobierno lo hace mal, etc., pero  ninguna de esas criticas-eufemismo de chismes-son constructivas.
 
Usar la mediática al mejor estilo derechista, usar redes e Internet para escribir y hacer daño a terceros y al proceso revolucionario en marcha con el plastrón literario del “pensamiento crítico”, debe ser revisado por sus mismos protagonistas, particularmente por aquellos que han caído en esa trampa burguesa.
 
El carácter principal de los ciudadanos de las sociedades burguesas, burgueses y proletarios, ricos y pobres, de derecha y de falsa izquierda*, es mejorar y salir de abajo con mucho dinero, independientemente de los medios empleados o empleables para la consecución de esos fines.
 
Los ya ricos intuyen que, si su patrimonio no crece a diario, peligra por su agotamiento, y por parte de los proletarios, estos no tienen seguridad de si mañana la empresa donde trabajan les abrirá sus puertas a los talleres o los invitan a pasar por Caja para retirar lo que les asista para ese momento.
 
Un mecanismo ya tradicional de todas estas sociedades burgocapitalistas para hallar dinero fácil y con la mayor brevedad es la compraventa de la conciencia familiar y nacional; en estas sociedades, poco importa la moral cuando el patrimonio personal se tambalea, y entonces todo queda reducido a conseguir compradores de semejante e intangible mercancía. 
 
Esta realidad conductual es idiosincrásica, representa un carácter universal que priva sobre los caracteres nacionales. Igual se corrompe un  venezolano o una venezolana,  un colombiano que una colombiana, un inglés que  una inglesa, salvo que en algunos países ya haya penas severísimas y de inmediata y expedita aplicación o sin engorrosos procesos judiciales,  sobre corruptos y traidores, más allá del simple chismorreo mediático que por ahora se halla en boga.
 
Esas presumibles compraventas  de conciencias inestables y cargadas de propensión al enriquecimiento fácil, una propensión que caracteriza a todo ciudadano perteneciente a sociedades burguesas en las cuales tener dinero propio es una especie de valor de uso adquiriente de todo aquello que pobres y ricos necesiten, bien como cesta básica, bien como esa cesta y más dinero que el de ayer.
 
Por cierto, ese tipo de compras, insistimos,  son la más pura evidencia de que la burguesía  no conoce otra fórmula de convencimiento dialogal que tratar a todas las personas como mercancías, habida cuenta de que a los asalariados nunca los ha manejado de otra manera, ya que   la única explicación razonable que dé cuenta del origen de la ganancia burguesa es la plusvalía, es la compra, no del trabajo de los asalariados, sino de su simple fuerza de trabajo, o sea, del valor de la cesta básica que alimenta a esos trabajadores, e independientemente de que con el uso de esa fuerza de trabajo se cree un valor muy superior al salario que sirve de pago a dicha fuerza.
 
Como la propia compraventa de la fuerza de trabajo no resuelve el problema de las constantes insuficiencias presupuestarias y patrimoniales, como alternativa se halla   la compraventa de la propia conciencia del trabajador, del proletario, y hasta de muchos burgueses de mediano y bajo capital que atraviesen dificultades económicas.
 
El caso es que si alguien tiene algo que denunciar de algún funcionario de alto rango, de algún Ministro, Alcalde o Gobernador, bien podría y debería pedir cita persona al Presidente de la República Bolivariana. Éste, entonces, llamaría y confrontaría al denunciante, vis a vis, con el denunciado, y hasta allí con las consecuentes decisiones presidenciales. Quienes burlen esta sana vía, confirmarían  la sospecha de que sus críticas al voleo son meramente destructivas.
 
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* Curiosamente, el falso izquierdista suele ignorar que lo es.


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Manuel C. Martínez


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