¿Oposición sólo por llevar la contraria o satisfacer a Uribe?

Hay una vieja y pequeña historia, que no por esas cualidades deja de ser simpática y hasta chistosa. Resulta que durante la guerra federal, las pequeñas patrullas de militares combatientes, separadas del resto de la fuerza a la que pertenecían por esas contingencias propias de la guerra, simples asaltantes que transitaban por el llano y hasta algún solitario transeúnte, en algún paraje, se topaban de repente por los accidentes del espacio, con un ejército numeroso, del cual por intermedio del oficial respectivo se les increpaba, no sin violencia y soberbia, de la manera siguiente:

            -“¡Alto! ¿Quién vive?”

           El objeto de aquella demanda e interrogatorio era solicitar al o los sorprendidos, una consigna que les sirviese de identificación y hasta como pasaporte. Si el interrogado no acertaba a responder del gusto de quien le interrogaba, porque era del bando contrario o simple bandolero sin vínculo alguno con la fuerza con quien se encontraba eran tomados como prisioneros con todas las derivaciones que eso podía significar.

            Por eso, algún sorprendido optó por responder a quien le interrogaba y demandaba la consigna diciendo de manera firme e intentando impresionar:

           -“¡Di tú primero!”

            En este caso, quien así se comportaba quería asegurarse estar de acuerdo con el solicitante y hasta salvar el pellejo.

            Un viejo amigo, maniático discrepante, gozoso de conversar siempre en desacuerdo con su contertulio, solía empezar cualquier intercambio solicitando a los demás expusiesen sus opiniones sobre cualquier asunto, pero no para enterarse de ellas y lo que eso significa sino para elaborar su discurso en contra de lo que cada uno dijese. No le placía estar de acuerdo con nadie. Por eso él siempre parecía solicitar:

            -“¡Di tu primero!”

            La oposición pareciera actuar con la lógica de aquellos sorprendidos y advertidos de las consecuencias de las cuales eran objeto quienes se equivocaban; pero más como la de mi viejo amigo. Sólo que este actuaba de aquella manera por un sano ejercicio intelectual y procurar que la tertulia no resultase rutinaria.

            Es evidente, ya no hace falta más pruebas, que la oposición venezolana no puede hacer nada distinto a llevar la contraria al gobierno. No es que entre ellos no haya gente de talento capaz de hilvanar un discurso para los tiempos de conformidad a como miran el mundo y la sociedad venezolana, sino que no hay quien se atreva a hacerlo para no ser excluido. Lo único que los une es un irracional odio o desprecio por el gobierno que se manifiesta en estar siempre en desacuerdo con lo que haga. Esto es tan peculiar que si el gobierno decide algo conforme a lo que aquella había venido solicitando,  los voceros de sus distintas tendencias o agrupaciones, sin ponerse previamente de acuerdo, salen por separado a manifestar su desacuerdo.

            Pero también “coinciden” en callar y hasta otorgar, frente a actos horrendos cometidos en su nombre, en lugar de deslindarse de ellos, como sería lo sensato, por temor a lo que “piensen los demás”.

            No creemos que las medidas relacionadas con la frontera colombiana tengan la capacidad y pertinencia absoluta para resolver los problemas puntuales que ahora confrontamos como especulación, inflación, devaluación al margen de la política cambiara oficial, paramilitarismo, secuestros, sicariato, desmedida delincuencia, contrabando y escasez, por sólo nombrar esos, pero no sólo son necesarias, por lo menos temporalmente,  sino que las  demandaba una buena mayoría de venezolanos, incluyendo la oposición que, en cierto modo, por no haberlas tomado antes y la supuesta existencia de un acta de nacimiento que Walter Márquez dice poseer, señala insistentemente al presidente de “colombiano”.

           Pero ahogado por los problemas y las agresiones de sectores derechistas de fuera, sobre todo del lado del país vecino y hermano, en connivencia con factores de adentro, quien gozan a su vez del respaldo y asesoramiento de importantes centros de poder internacional. lo que llegó al extremo del asesinato a mansalva de soldados venezolanos, el presidente Maduro, piensa uno, se vio obligado a tomar esas decisiones que pudieran parecer contradecir el espíritu bolivariano y chavista y que como ya dijimos, de un lado y otro de la opinión venezolana se estaban solicitando. En lo económico, el solo desmedido contrabando de gasolina, aunque se diga que hay sectores “enchufados” en la “movida”, justifica una medida heroica para ponerle coto a ese desaguadero.

            Bastó que el presidente Maduro anunciase esas acciones para que la derecha, que le acusa de colombiano y por ello usurpador del solio presidencial, ancestralmente partidaria de medidas chovinistas contra los millones de pobres que aquí llegan por la generosidad venezolana que se desbordó con el presidente Chávez y su proyecto político, se manifestase contraria a las medidas y trocase, en falsa pose, en favor de esa multitud siempre por ella despreciada y utilizada sólo para explotarla. Medidas que sólo buscan exterminar el estado de cosas que en la frontera está dañando los intereses nacionales, hasta integridad y derechos de los colombianos más humildes.

            Pero curiosamente, a quien se le tiene como promotor y primer responsable de esa diáspora colombiana de gente humilde de los últimos años, aparte de otros pecados, tantos que un gran número de funcionarios a su servicio cuando fue presidente están presos o siendo procesados por la justicia, se convierte en el portador del discurso opositor contra Venezuela en la frontera. Mientras eso acontece, la oposición venezolana aparece repitiendo los argumentos de aquél e identificándose con lo que él representa y contra lo venezolano.

            Por eso, la oposición no avanza. Su discurso anda detrás de lo que diga, haga o deje de hacer el gobierno o lo que es lo mismo para ponerse en contra. Pero también se deja percibir detrás de Uribe, lo que es todavía más grave. Aunque ella pretenda ignorarlo, el pueblo percibe eso, como también que nada tiene para él. Para ganarse al votante hay que ser original, audaz y, frente a los problemas, ofrecer soluciones, no esperar lo que el otro diga para llevar la contraria. Eso da una imagen pequeña, sin creatividad ni idea alguna frente al cúmulo de problemas y el asunto estratégico.

           No por casualidad, aquellos sorprendidos en una depresión de la sabana, en algún vericueto del camino, que replicaban a quienes le solicitaban la consigna respectiva diciéndoles:

           -“¡Alto! ¿Quién vive?”, respondían defensivamente:

           -“¡Di tú primero!”

           Recibían por respuesta un sonoro coro de carcajadas y los castigos habituales en aquellos casos.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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