Fascismo

En el mundo psicológico del fascismo no hay un solo sentimiento que pueda decirse simple, un solo elemento indivisible; todo es conglomerado, forma intermedia, de transición. Sensaciones que pugnan, vacilantes y desorientadas, por convertirse en hechos; trastrueque y confusión, un furioso intercambio entre verdad y voluntad: tal es el cuadro de los sentimientos, de los fascistas. Y cuando creen haber tocado al fundamento último de una decisión, de un deseo, no aciertan a hacer pie en él, y han de seguir sondeando en busca de otro, y así al tocar en éste, en una busca sin fin. Odio, flaqueza, vanidad, orgullo, ambición: unos impulsos devoran a otros y se tornan otros, en perenne metamorfosis. El alma, del fascismo, es un caos, una selva inextricable. Drogadictos que lo son por ansias de poder, criminales, pedófilos que deshonran a niñas y niños por una ciega adoración de la inocencia, blasfemos por hambre de Dios. En los deseos de estos energúmenos hay tanta esperanza de repulsa, como ambición de logro. Y si se analizan hasta el fondo, se ve que su tenacidad no es más que odio encubierto; odio reflejado, su odio, amor oculto. Y el antagonismo fecunda al antagonismo.

En el fascismo hay libertinos por codicia, y seres que se atormentan por ansias de placer. El torbellino de la voluntad gira en ciclo furioso. A estos seres les basta apetecer para asesinar, en la acción, la constricción, y en ésta ven de nuevo reflejarse, retrospectivamente, el mal cometido. En ellos se funden y confunden los dos planos de la vida, y sus sensaciones se multiplican por refracción. En el mundo del fascismo es imposible asir un sentimiento total y poder, aprisionarle entero en la red de un concepto aprehensible. Es, como se ve, un abismo el que separa a estos sujetos dragantes, a pesar de que son manifestaciones de un concepto único. El sentimiento de la lujuria común, se diferencia y se escinde, aquí, en misteriosas ramificaciones, y así ocurre con todos los sentimientos, con todos los instintos que viven en la mente de los fascistas: todos tienen su raíz en la capa más honda, allí donde está el manantial del que brotan todas sus ansias; en esa antinomia última e invencible entre el yo y el mundo, el orgullo, la disipación y la avaricia. Su rabiosa fuerza de poder les hace sentirse más felices cuanto más repudiados, cuanto más despreciados y, cuanto más son ellos escarnecidos.

Como las bestias nocturnas en las tinieblas, las miradas de estos criminales leen más claro en las sombras que la de otros bajo el sol. Y un demonio familiar guía sus pasos; su mente enferma les arrebata hasta alturas del sentimiento que el simple mortal no alcanza, le aplasta en crisis de angustia y de terror que caen ya en el más allá, en una atmósfera casi irrespirable, tan pronto de hielo como de fuego, que es el reino de lo inanimado y lo supravivo.

¡Gringos Go Home! ¡Libertad para los antiterroristas cubanos Héroes de la Humanidad!

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!

¡Patria Socialista o Muerte!

¡Venceremos!

                                                                                                                                                                                  



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Manuel Taibo


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