La caja blanca de Ramos Allup

Ernesto Villegas (seguro ya los tiene codificados para hacer otro libro) habrá de bosquejar estos excitados jirones verbales de Ramos Allup y los no menos socarrones de Borges sobre el golpe de Estado del 2002. Ese cofre negro (aunque en el caso de este discípulo de Betancourt sería Caja Blanca), no debe guardar precisamente recetas de cocina a la usanza de Nitu Pérez Osuna o los secretillos de las multisápidas con las que Doña Isabel Carmona Serra celebraba los aniversarios del Pacto de Punto Fijo. SI algún día se abriera y se hiciera su pesaje, además de la Corte Marcial que estaría allí no para hacer fuerza, sino para enjuiciar in situ a quienes pretendan esfumarse, se requeriría una romana altamente sofisticada y a alguien, en caso de que no podamos encontrar al propio y original, que haga el papel del Arcángel San Miguel, para que con su amor y con su escudo, y como protegió a Florentino la noche del reto en Santa Inés de Barinas, nos ayude a todos a espantar a los demonios que querrán devorarnos como quisieron el 11 de abril.

Ya sabemos que Corina Parisca de Machado, ese día de los choques de las copas con Monseñor Porras, Eduardo Fernández, Américo Martín y otros, envió a su hija en clave Morse, una urgente solicitud del kit de Coco Mademoiselle de Chanel, lo último de la Maison francesa destinado a ocasiones donde se intercambiarían besos y resuellos . Pero María Corina no entendió los códigos de la mnemotécnica y creyó (lo que seguramente es verdad) que Carmona la estaba esperando para enviarla a Washington y arrancó en moto taxi a Miraflores con una edición francesa de Madame Bovary, autografiada por el propio Flaubert a una prostituta parisina, propiedad de su señora madre y, de paso, llegó a tiempo para firmar. Ni siquiera le dio tiempo de cambiarse las pantaletas!

La verdad es que ahora hay que estar pendiente de Ramos Allup, pues en su afán de desbaratar cada vez más a esa oposición lechugina y a sus candidatos a derrotar a Chávez en el 2012, podemos llevarnos sorpresas como esas. Si Ramos Allup quiere ser el contendor, que siga sin ningún prurito exhibiendo los trapos sucios que usaron el 11 de abril.

Seguramente Leopoldo López dirá que él estaba en el gimnasio y allí se enteró del asunto. Monseñor Porras que fue a Palacio a santiguar a Pablo Medina. Ramón Guillermo Aveledo que estaba polemizando con Petkoff sobre el famoso “Chao, Hugo”. Y así: nadie supo nada hasta que Chávez sacó el crucifijo y perdonó la travesura de esta tribu retrógrada que hoy se pavonea en la Asamblea Nacional.


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Federico Ruiz Tirado


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