El patrón del mal y los demonios de la tele

Recientemente me topé con la terrible imagen de uno de los narcotraficantes más perseguidos por la justicia. Como una conjura del pasado la televisora colombiana alardea de las acciones de quien mantuvo en zozobra en las décadas de los 80 y 90 a los hermanos colombianos. Pareciera que no fue suficiente el dolor causado por quien en vida fue calificado como el “Zar de la cocaína”, para que ahora se presente como un divo de la tele colombiana y cableras venezolanas. Pablo Escobar, el séptimo hombre más rico del mundo según la revista Forbes en 1989, es invocado por la nueva serie de televisión que ha captado la atención de aquellos que siempre esperan de los medios de difusión sus más atinadas operaciones psicológicas para mantenerlos distraídos y sin conciencia (recuerde que “pensar aburre”, esgrime la consigna dominante).

“Pablo Escobar, el patrón del mal”, mas que un producto televisivo es un indicador de que muchas cosas están mal en la sociedad colombiana. Al repertorio de “Sin tetas no hay paraíso”, “El cartel de los sapos”, y otras series de la narco-estética, se le suma la historia del cabecilla del cartel de Medellín, a quien se le acusó de haber asesinado a más de 10 mil personas. Este artículo no exalta elementos xenofóbicos ni mucho menos tiene la intención de perturbar las buenas relaciones que tengo con muchos colombianos. Quienes me conocen saben que a ese pueblo lo admiro por sus pesares y ahíncos, por su voluntad de trabajo y el nivel de resistencia que mantienen ante las arremetidas y acechos por la rancia oligarquía. Sin embargo preocupa la forma cómo se presenta desde la tele a un personaje de tal envergadura: cuesta precisar si se trata de un sujeto histórico fuera de contexto o de un modelo exaltando por la impronta de los medios de difusión.


Es curioso ver de qué manera una sociedad no sólo exhibe sus heridas aún abiertas, supurantes de dolor, sino además las transforma y empaqueta como un objeto para el entretenimiento ¿Será evasión de la realidad por distracción? ¿Se tratará de un grosero ejercicio histórico emboscado por las banalidades de la lógica mediática? ¿Será una añoranza de un sui géneris director de televisión a quien se le ocurrió la bizarra idea de que al dolor actual de los colombianos tendría que agregársele una dosis del pasado funesto de sicarios, narcotráfico y atentados? ¿Es una terapia colectiva? ¿Una catarsis mental por capítulos? El filósofo George Santayana, afirmó que “aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo”; no obstante, este dilema que se presenta en cualquier sociedad, se distorsiona cuando la misma lección que debería darnos el estudio de lo que nos precede, es convertida en objeto para el marketing. Sobradas razones tiene el Fondo de Cultura Económica de titular de la siguiente forma los ensayos de Karl Popper y John Condry relacionados con el impacto que tienen los medios en nuestras vidas: “La televisión es mala maestra”.


Para colmo, aunado a la transmisión con bombos y platillos de la serie “Pablo Escobar, el patrón del mal”, se le ofrece a los colombianos un álbum de barajitas a través del cual no sólo se le entrega un collage de las más conspicuas imágenes de este producto televisivo, sino además se premia a quien llene cada una de las cacillas de las 16 páginas que tiene este apéndice publicitario. Entre mitos, loas del “justiciero de Medellín”, estigmatizaciones de quienes son los buenos y malos en la sociedad; entre trances por el gusto televisivo y la crítica al pasado, la televisión colombiana (incluyendo la nuestra) demuestra una vez más que “el fin justifica los medios”: si para conseguir dividendos tienen que invocar a sus propios demonios así lo harán; esto, sin importar las manipulaciones y desmanes psicológicos que pueda causar a la población; a este paso, seguro dentro de algunos años se difundirá también desde la tele colombiana la curiosa historia de un exgobernador que pese a estar vinculado al narcotráfico y al paramilitarismo, llegó a ser presidente de una nación.



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marianoali73@gmail.com


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Mariano Ali

Periodista Venezolano-Palestino.

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