¿En verdad qué busca el discurso, según el cual, habrá una guerra y se suspenderán las elecciones?

De unos pocos días para acá, desde un sector, ha emanado el discurso según el cual, el gobierno de Venezuela desataría una guerra contra Guyana, más con el fin de suspender las elecciones que considera perdidas, que por rescatar El Esequibo.

El discurso o la campaña, aparece asociado a las escaramuzas relativas al vuelo de unos aviones de Estados Unidos en el espacio en discusión y las declaraciones del Ministerio de la Defensa de Venezuela con respecto a ellas. Pero también a la reciente presencia de autoridades militares en Guyana, por lo inherente a las operaciones de la Exxon en el Esequibo, quienes justificaron su presencia como un gesto de solidaridad y de disposición a apoyar al gobierno de ese espacio ante cualquier contingencia.

Los vuelos que hemos mencionado y las declaraciones de las autoridades venezolanas, en el imaginario de cierto factor político y más que todo con interés publicitario, parecieran asociarlas a la idea de la guerra. Y es llamativo como por los medios, la campaña o denuncia, que hay planes en el gobierno de suspender las elecciones, dado que las cree perdidas, aparece explicada en lo de la supuesta guerra. Factores del gobierno han negado esa versión. Mientras que personajes muy significativos de la oposición que promueve la candidatura del señor Edmundo González y hasta él mismo, están hablando de esa expectativa.

Llevo días, en mis ratos de ocio, meditando sobre semejante asunto, pues no deja de asombrarme se utilice semejante argumentación en medio de una campaña electoral. El sólo hecho de hablarle al electorado de esa posibilidad, pudiera promover la abstención y tal actitud pudiera afectar mayormente a quienes enfrentan al gobierno. Pues se le genera a sus potenciales votantes la idea que no habrá elecciones y hay que desencantarse de tal opción y es en ese mundo donde el abstencionismo prevalece.

Pero el asunto conlleva a otras cosas más significativas. Desde el año 2000, hasta los últimos días de la presidencia interina, la oposición que, en buena medida habla de esa guerra, manejó entre tantas, la opción de la invasión extranjera. Aparte que insiste en pedir que las sanciones se multipliquen y recrudezcan.

Desatar una guerra contra Guyana, habiendo además de por medio las mediaciones de los países integrantes del Caricom, lo que le ha abierto al manejo de esa disputa nuevas opciones, sería crear los fundamentos o excusas que EEUU privilegia y ansía, pues le permitiría, en medio de ella y por ella, invadirnos. Y resuelto el problema o como decimos coloquialmente, "muerto el perro se acabó la rabia". Hasta quedaría, en cierto modo, aunque no sea absolutamente cierto, pero en apariencia, moralmente justificado el gobierno del norte. Actuaría como el salvador, protector de un país pequeño, débil, atacado por las fuerzas militares de Venezuela.

Si el gobierno de Venezuela tiene planes de invadir Guyana, estando en funcionamiento un nuevo período de negociaciones y hasta con nuevos intermediarios, estaríamos obligados a pensar sin duda alguna, que quienes lo manejan, se volvieron locos, perdieron la sensatez.

Yo pudiera creer, y en veces hasta lo he creído, que el gobierno está en desventaja frente a la oposición que lidera la señora MCM, pero no que Maduro, sus asesores, más íntimos, hayan perdido la cordura y llegado al extremo del suicidio. Pues los efectos, que la oposición añora para quienes gobiernan, siendo desplazados electoralmente pudieran ser peores de haber una guerra que, sin que me quepa duda, va a perder, pues no sería una confrontación contra Guyana sino contra Estados Unidos.

Por no creerme tonto, tampoco creo que quienes gobiernan lo sean.

Es posible, uno no es adivino, el gobierno de sentirse derrotado, como asegura la oposición, intente posponer las elecciones, buscando generar un nuevo cuadro. Pero no sería ese de la guerra.

Pero la postergación misma de las elecciones que, factores del gobierno adelantaron para aprovechar las serias contradicciones y distanciamientos existentes en el lado opositor, no pareciera favorecer la candidatura de Maduro, sino todo lo contrario, permitir al bando opositor decantar estados emocionales, revisar el discurso, las relaciones y generar una tendencia hacia la unidad. Pues, según el cuadro existente, el de ahorita, esa opción, la de posponer las elecciones, es más favorable para el sector opositor, donde ciertas conductas impolíticas, generan distanciamientos injustificados y están urgidos de una revisión y nuevo tratamiento.

El primero de mayo fue esperado con ansiedad por los trabajadores y hasta ese momento existió la expectativa que el gobierno cambiase de planes con respecto al tema salarial y ya sabemos los resultados. Se impuso la presión que Fedecámaras ejerce sobre el gobierno, como que aceptaría el aumento del salario mínimo de haber previamente una modificación de la LOT. Pero como uno observa por los medios oficiales, los discursos, la memoria de Chávez sobre ese asunto, tiene un enorme peso, influencia en quienes gobiernan y a estos siguen. Y saben bien que ceder ante eso tan significativo, pese sólo sea un asunto formal, pues el salario vigente, sobre el cual ahora y en lo inmediato se calculan los beneficios de los trabajadores, como vacaciones, aguinaldos, utilidades, etc., sigue siendo miserable, sería poner en manos de otros una bandera tan significativa para el de Sabaneta, quienes le añoran y los trabajadores.

Lo anterior, el tema salarial, significa que el gobierno comenzó la campaña electoral con un tiro en el ala y pudiera, al medir las reacciones, percatarse que el descontento sigue en aumento. De donde no es extraño pensar que pudieran temer ante mediciones que hablan de derrota y por esto pensar en buscar una salida que le abra nuevas esperanzas. Eso es posible, pero jamás hallarían eso, desatando una guerra; apareciendo como agresores descarados. Dándole a EEUU y la oposición justamente la excusa que llevan más de 20 años buscando sin éxito. Y seguro estoy que, en el gobierno, eso se sabe demasiado bien.

¿Entonces, siendo así las cosas, pintado el cuadro de esa manera realista, cómo explicar que la oposición que compite con la candidatura del señor González, liderada por MCM, usa ese recurso que no tiene fundamento y hasta podría contradecir lo que hasta hace poco venían intentando, que sus seguidores volviesen a la ruta electoral?

Esta interrogante demanda una respuesta.

Luis Vicente León, ha dicho lo siguiente "1) independientemente de lo que ocurra en las elecciones presidenciales, Venezuela va camino a un proceso de negociación en el que se van a producir dinámicas que permitirán una mejora en la coexistencia (en algunos casos más intensa y en otras más moderada) entre las diferentes fuerzas políticas que conforman el país. 2) el modelo económico venezolano no regresará a su peor momento de intervencionismo y hostilidad, en ningún escenario. 3) la política de máxima presión, aplicada por USA desde el gobierno de Trump, no parece sostenible, ni en términos de sus resultados visibles, ni en función de los cambios geopolíticos que afectan el mercado energético occidental. De hecho, no parece una opción viable incluso en un regreso de Trump al poder.

Y Jorge Roig, de la OIT y expresidente de Fedecámaras, acaba de decir, en líneas generales, lo mismo.

Y quien esto escribe, puede demostrar mediante su archivo, que desde tiempo atrás, ha sostenido el mismo criterio y sostenido que, la tendencia a recomponer las relaciones entre EEUU y el actual gobierno de Maduro ha continuado aunque tímidamente. Y creo que, en el caso que éste vuelva a ser reelegido, la tendencia será esa de la que hablan L.V. León y Jorge Roig.

Es cierto lo ratificado dos días atrás por el embajador Palmieri, que el candidato de su gobierno es el señor González, cosa que nadie duda, pero también lo es que, entre el gobierno de Maduro y el de Biden, o mejor el de EEUU, pese los en veces altisonantes discursos, no se han roto las negociaciones; por el contrario, estas avanzan, como lo muestran los hechos; diariamente se habla, como con frases cortas, de concesiones o autorizaciones para operaciones en materia petrolera y de gas por parte del gobierno del Norte.

La tendencia es que el gobierno de Maduro y el de EEUU avanzan en sus negociaciones, solo que lo hacen al ritmo que lo permiten las elecciones nuestras y las de EEUU para el mes de noviembre. Pues al capital, en este caso al estadounidense y el venezolano, lo fundamental, prioritario, es hallar espacios para que los negocios prosperen y las ventajas se materialicen; los gobiernos juegan un rol de segundo orden.

De modo que, el 28 de julio dará una oportunidad de acelerar los acuerdos, aún ganando Maduro. Para lo que el empresariado venezolano y hasta estadounidense del área petrolera, son intermediarios sustantivos e interesados.

Por eso, Luis Vicente León y Jorge Roig, pese molesten con sus predicciones a factores de la oposición, se han atrevido a hacer sus pronósticos.

De todo esto, pensar que el gobierno de Venezuela planifique una guerra contra Guyana para suspender las elecciones no tiene ningún sustento. Y es obvio, demasiado evidente que, tampoco EEUU tiene como prioridad deshacerse de Maduro por la violencia. No es ese su interés por ahora. Su diplomacia, lo ha estado diciendo desde cierto tiempo para acá, por demás insistentemente, dado los fracasos del pasado y sobre todo, teniendo la seguridad que las cosas marchan de otra manera y a su conveniencia. Lo que no niega que, para su mayor seguridad, ventaja y satisfacción de sus parciales, lo ideal sería que la oposición liderada por MCM gane las elecciones.

Todo lo anterior, nos lleva a una interrogante, ¿cómo se explica la prédica del factor liderado por MCM, según la cual el gobierno desatará una guerra para que se suspendan las elecciones?

¿Es pertinente pensar que, pese el cuadro electoral, en el cual se ven como seguros ganadores, siguen privilegiando otras opciones? ¿O hay otro motivo sustantivo que motiva ese discurso sin fundamento?



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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