La Madre Tierra no perdona nunca

Hoy vemos con profundo pesar que el país nipón con los adelantos tecnológicos como no ha habido otro sobre la faz de la tierra, sufre las consecuencias de un maremoto (tsunami) con incalculables pérdidas de vidas humanas. Y ese país hermano, con la más sofisticada cibernética y la más moderna panoplia científica de inigualable nano respuesta en tiempo real, hoy, esa maravilla tecnológica o la máxima expresión de la prosperidad y el materialismo (esclavitud a la máquina) sufre en carne propia la falibilidad de sus sieverts de radiación.

El progreso material es en perjuicio del progreso moral y espiritual. El mantenimiento de la máquina crea a la vez injusticia social y contaminación planetaria. ¿Es acaso Japón el epítome de ese progreso material?

La tecnología y las técnicas empleadas para controlar a las máquinas, se ajustan muy bien a aquel adagio atribuido a Einstein: “no puedes resolver un problema con los medios que lo crearon”.  

No importa cuánto dinero arrojen los gobiernos en los bancos, el modelos capitalista no revivirá. El dinero creó la degradación de la biosfera (a favor de los mega centros comerciales), y fue el aguijón para promover guerras e invasiones y contaminación industrial, medioambiental, radioactiva, sónica…, y la política mundial ante ese capitalismo salvaje convalidó y apoyó este esfuerzo destructivo.

Ahora no sólo tenemos la crisis del calentamiento global, la guerra al terrorismo y la crisis financiera de los mercados mundiales, sino que a ello se suma las radiaciones nucleares contaminando, enfermando o matando a todo ser vivo que encuentra a su paso. ¡Una cuádruple crisis mundial!

Hasta hace pocas horas y después del desastre que vive Japón en la planta nuclear Fukushima ,que recién hicieron explosión (sin poder controlarlas y con nivel crítico de Alerta 6 sobre un máximo de 7), y sin que se avizore el control de la fuga radiactiva… De improviso, la Madre Tierra como un jugador más del drama guerrerista que promueven las potencias occidentales contra el único país progresista del Magreb (Libia en el Norte de África), le hace dar con la apocalíptica crisis nuclear nipona un giro de 180 grados  a las pretensiones de invasión, brutal morbo mediático y hostil actitud guerrerista con desplante de portaviones, barcos, submarinos, bombarderos y lo más granado de lo que es hoy la panoplia militar occidental (EEUU-OTAN), contra el líder libio Muamar Al Gadafi y contra el único país árabe norte-africano que promueve reformas progresistas en esa parte del continente. ¡Toda una cayapa guerrerista y patotera  EEUU-OTAN-Japón contra Al Gadafi!

En los dramas  terrenales que se han suscitado entre febrero y marzo 2010, con una inusitada sucesión de eventos de carácter catastrófico y con marchas y contra marchas de ONU-EEUU-UE, subyace en esos eventos una recíproca simbiosis que no obedece a la casualidad. Porque valga decir, todo está interrelacionado y obedece a la infalible ley de causa y efecto. Nada, absolutamente nada obedece al azar… ¡Hay un sorprende paralelismo entre lo que quiere hacer el eje imperial EEUU-OTAN y lo que acaba de ocurrir en el terremoto de Japón!  ¡Dios perdona siempre, el hombre a veces, pero la Madre Tierra no perdona nunca!     

 Por tanto, es de inferir que de las campanadas que ocurrieron en las plantas nucleares en 1979 en Harrisburg-EEUU, en Chernóbil-Rusia en 1986 y ahora en Japón Marzo 2010, amén de las bombas nucleares que lanzó EEUU contra Japón en Hiroshima y Nagasaki en 1945, es eso lo que finalmente ha comenzado a traer de vuelta  a casa a todo el mundo, porque el viejo mundo está en crisis y está realmente muriendo. ¿Vamos a morir con él u optaremos por ese modelo que nos llevan a creer que esta forma de vida es el único futuro para la humanidad?  

Para Reflexionar:

En un artículo que me publico Aporrea a principios de febrero de este año, le decía a un amigo que lo que estaba haciendo el imperio contra Libia se les iba a revertir, y que en eso me jugaba a Rosa Linda si esto no llegaba a suceder… El imperio está reculando y creo que el Señor del Tiempo, poco a poco, ha hecho lo conducente…    

Mientras la guerra y los conflictos armados continúen siendo la respuesta de la élite del poder contra los más débiles, en medio del caos estarán los signos de un despertar de la conciencia de la masa.

Hubo un Profeta hace un poco más de dos mil años, que habló del arma última (esto no se dice en los textos bíblicos pero sí lo dicen los chamanes americanos que de boca en boca lo han trasmitido). Agregando que no habría perdón para quienes la utilizaran. Dijo que era un arma que llegaba hasta el cielo y se burlaba en la cara del Señor. Recordando que la palabra de la que proviene ‘uranio’ es Ourania, que es lo mismo que Cielo, ya que significa poderes celestiales… Resulta fácil ver que, una vez más, el descubrimiento del uranio y su utilización en armas atómicas y su uso y manipulación con fines pacíficos, constituyó un punto de giro en la historia humana, en términos del cambio de Eras.

Seguía diciendo el Profeta… “Todo el propósito de las armas nucleares/atómicas es la destrucción de los poderes celestiales o poderes de la Creación”.

Vale destacar, que el haber bautizado como la Trinidad (Fat Man llamada Trinity) a la primera explosión atómica, término usado para describir a la Divinidad, seguro implica mofarse en la cara de Dios.

Hoy vemos, con un profundo dolor en el alma, que el uranio que se utilizo como arma atómica contra Japón en Hiroshima y Nagasaki, se ensaña ahora nuevamente contra el mismo país, dejando a su paso una lenta agonía y desolación radiactiva que puede perdurar por muchas décadas.

No más guerras y no más invasiones contra países hermanos; no más imposición del modelo capitalista explotador; no más individualismo y desbocado egoísmo. ¡Basta ya…! Con esta clarinada de la Madre Naturaleza no es que hay que poner las barbas en remojo, sino, deponer el ego de la guerra y hacer que los líderes mundiales se aboquen a buscar la PAZ y defenestrar de una vez por todas y para siempre, los tambores de la guerra.  



joseagaporam@gmail.com


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José Agapito Ramírez


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