Sobre el Gobierno de Medina, meditaciones nada ortodoxas (I)

Nota: En estas notas, donde el lector encontrará mucho de ficción, hay informaciones de fácil comprobación. Para eso, en algunos casos se mencionan fuentes y personajes reales. Frente a Medina, en la izquierda, hay diversas ópticas. No obstante, es verdad, que el golpe militar del 18 de octubre de 1945, que desde el bando de Acción Democrática, partido envuelto en el mismo, se le llamó infundadamente “Revolución de Octubre”, como la del Partido Bolchevique, que se tradujo en un gobierno colmado de sectarismo y que al final desembocó en la larga y cruenta dictadura perezjimenista, enturbió las aguas e hizo que el análisis se llenase de subjetivismos y pasiones. Se establecieron de un lado u otro, verdades como muros infranqueables. Y al mismo tiempo se perdió la oportunidad de aclarar algunos conceptos importantes que, de alguna manera, con modestia, se intenta poner de relieve en esta conversación ficticia y en un estilo que pretende que el asunto sea ameno. Carmelita Zambrano, que aparece en la III parte, es un personaje real y está colocado en su tiempo y espacio

El asunto de los zapatos, también de la III parte, que se rompieron por la humedad de un momento, es absolutamente cierto.

Mi padre y yo, llevábamos más de una hora y media en la calle larga soportando el reverberante sol del mediodía, mientras veíamos pasar el largo desfile con que en Cumanà se homenajeaba al Mariscal de Ayacucho. Soldaditos de verde, blanco y azules, recorrieron la avenida hasta hace unos segundos. Vinieron de Bolivia, Panamá, Ecuador, Colombia y hasta de la Academia Militar de Chorrillos del Perú. Detrás del último grupo de soldados venía él, el presidente de los Estados Unidos de Venezuela, en un automóvil convertible, flanqueado por soldados sobre briosos caballos blancos y negros. Le vi de muy cerca. De pie, sobre el piso del vehículo, saludaba con entusiasmo a la gente ubicada a los lados de la calle. Era un hombre de regular estatura, de vientre ligeramente abultado y de una calvicie avanzada. Cuando pasó frente a nosotros, le saludé y me incliné ligeramente lo que aproveché para observar los zapatos marròn que yo llevaba puestos, de aquellos que el maestro Juan Freites, nos había entregado a todos los alumnos de la escuela “Sucre” a nombre del gobierno, junto a un par de alpargatas.

Mi padre era poco dado a participar en ese tipo de acontecimientos y menos cuando estos eran promovidos desde el poder. Pero esa mañana puso interés en llevarme al desfile por el carácter internacional del mismo, por el personaje a quien estaba dedicado y por la presencia en el pueblo de aquel alto funcionario; cosa poco frecuente.

Quizás papá quiso que yo viese por primera vez a un presidente y me percatase que era lo mismo que nosotros. Y ahora, no me cabe la menor duda, para hablarme de él. Un ejercicio pedagógico propio del viejo.

Sabía muchas cosas del personaje que ahora pasaba ante nosotros. Comenzó por decirme que era un presidente algo diferente a quienes antes lo habían sido. Que los caraqueños de la época, asiduos a los bares, comentaban con satisfacción que antes que él, jamás tuvieron la oportunidad de echarse un trago con el primer magistrado del país. Él, solo, siendo presidente, va de paseo a la plaza Bolívar sin disfraz ni guardaespaldas y dispuesto a escuchar los reclamos de los parroquianos. Agregó, tiene una conducta diferente a la de sus antecesores inmediatos, Gómez y López Contreras.

Pero este gobierno es extraño, dijo el viejo lentamente. Tiene el apoyo del remanente gomecista, dentro y fuera del ejército, de las fuerzas fieles a López, de los propietarios de tierras, del capital importador y usurario y de toda la reacción, a quienes en su discurso de toma de posesión les aseguró su identificación con el anterior régimen que, según afirmó, había devuelto a Venezuela el imperio de la justicia, la concordia y el progreso honesto y perdurable.

También le apoya el Partido Comunista, pese a que, en ese mismo discurso del cual te hablé antes, amenazó a todas las fuerzas progresistas, diciendo que utilizaría las leyes para garantizar el orden contra toda intención de obstaculizar la labor honrada y eficaz con actividades disociadoras y alteradoras de la paz social. Se refirió a que no permitiría a trabajadores, estudiantes, etc., a reclamar sus derechos y reivindicaciones por los medios usuales, empezando por las manifestaciones públicas

Usó el mismo lenguaje gomero y lopecista, agregó mi padre. Pero no se quedó en las amenazas, tampoco en los ofrecimientos; pese al dominio casi absoluto sobre el Congreso de la nación, mantiene aún vigente el Inciso Sexto de la Constitución que prohíbe la actividad de los comunistas y disposiciones del trabajo que entorpecen la actividad de los dirigentes de esa tendencia e incluso, recientemente, en 1944, disolvió el Congreso de los Trabajadores venezolanos, conjuntamente con 93 sindicatos comunistas para impedir que estos dominasen el evento. Una concesión a la derecha y un proceder que favoreció a la fracción sindical de AD ¡Pero son milagros de la segunda guerra mundial!

El viejo hizo este largo discurso casi sin respirar; se detuvo un instante, tomó aliento y dijo, después de respirar hondo por segunda vez, luego que descansemos de los efectos de este sol abrasante, te hablaré de la política económica de Medina y de por qué, el Partido Comunista, al apoyar al gobierno, pierde el favor de las masas de trabajadores que rápidamente se inclinan hacia AD.


pacadomas1@cantv.net


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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