Una de nuestras tareas en el frente ideológico: contra los adictos al liberalismo

En una colectividad revolucionaria, el liberalismo es extremadamente perjudicial. Es una especie de corrosivo, que deshace la unidad, debilita la cohesión, causa apatía y crea disensiones. Estos liberales hacen de la historia, no solamente un simple conocimiento de hechos históricos, más bien lo utilizan como arma para desprestiguiar a otras organizaciones provocando la privación en las filas revolucionarias de una organización compacta y de estricta disciplina. Impidiendo la aplicación cabal de políticas que conlleven y no alejen de la organización del Partido a cuadros vinculados en las masas para que estos logren conjuntamente el triumfo del pueblo contra el imperialismo y por alcanzar un nivel de humanidad superior. Se trata, entonces, de una tendencia sumamente perniciosa.

Los consecuentes con el liberalismo, piensan que los principios del marxismo son como dogmas abstractos. Aprueban el marxismo, pero no están dispuestos a practicarlo cabalmente; no están dispuestos a sustituir su liberalismo. Tienen su marxismo y hablan del marxismo pero teorizan y practican el liberalismo, el marxismo es para los demás y el liberalismo para ellos mismos. Así es como funciona el cerebro de cierta gente y sobre todo los oportunistas que producen confusión en el pueblo.

Los que propugnan el liberalismo “constituye una manifestación de oportunismo y son radicalmente opuesto al marxismo. Es negativo y, objetivamente, hacen el juego al enemigo. De ahí que éste se alegre si en nuestras filas persiste el liberalismo. Por ser tal su naturaleza, no debe haber lugar para el liberalismo en las filas revolucionarias” decia Mao.

En la Comuna de París de 1871, que inspiró a Marx escribir “La Guerra Civil en Francia”, dijo lo siguiente: "La clase obrera no puede tomar la vieja maquinaria estatal y usarla con el fin de construir el socialismo". El argumentaba que la clase obrera debía derribar la maquinaria estatal capitalista y construir un nuevo Estado sin fuerzas policiales, sin un ejército permanente ni una burocracia y que dentro de las filas de revolucionarios no exista liberalismo; un Estado en que todas las autoridades fueran electas, sus cargos fueran revocables al instante y sus sueldos fueran iguales al de los trabajadores que ellos representaran.

En el Manifiesto Comunista no se menciono nada de esto. Marx reconocía los rasgos centrales de un Estado obrero. El no sacó estas conclusiones de sus intensos estudios en el Museo Británico. Su comprensión fluyó de las acciones de los obrera parisienses que tomaron el poder por 74 días y mostraron qué tipo de Estado podía establecer la clase obrera.

Marx examinó las causas de la derrota de la Comuna de París, entre otras: la inmadurez de la clase obrera, la inexistencia del partido de clase dotado con la ideología del proletariado, la heterogeneidad de la composición política de la Comuna, la ausencia de la alianza con los campesinos y otros sectores sociales y el aislamiento a que se vio sujeta la ciudad con respecto de otras zonas del país como consecuencia del bloqueo militar a que fue sometida. El breve período de su existencia y los errores cometidos no reducen su importancia para la historia de las luchas revolucionarias. La experiencia y las enseñanzas que aportó han sido valiosas para el acervo ideológico, político, estratégico y táctico de los revolucionarios.

Las luchas ideológicas y políticas que llevamos a cabo actualmente tienen que ver directamente con los dos puntales arriba señalados: la naturaleza proletaria del partido y la necesidad de que el proletariado actúe siempre como clase eliminando el liberalismo de sus filas. Sin embargo, muchos camaradas deben comprender a cabalidad la premisa elemental y básica de saber cuando se asumen una actitud ligera en un criterio y no se preocupan por indagar de qué lado se colocan, si sirven a los apropiadores o a los desposeídos y si debilitarán o fortalecerán al partido. Y quienes, instigados comúnmente por móviles personales, no modifican el comportamiento del liberalismo, terminan fatalmente cargándole ladrillos a la contrarevolución. La crítica y la lucha dentro del partido debe configurar una respuesta contundente contra el liberalismo y permitir erradicarlo a tiempo para educar al pueblo y a la militancia.

Después de la participación en los últimos cuatro sufragios electorales, que nos facilitó difundir la estrategia unitaria del proceso revolucionario Venezolano y llevar la vieja batalla contra el oportunismo de "izquierda", nos encontramos en la actualidad ante el arrojo de las más diversas expresiones del liberalismo, caracterizadas por el convite a conciliar con la burguesía y a inclinarse hacia el revisionismo. La lucha contra estas desviaciones adquiere ahora importancia primaria. El Partido Comunista de Venezuela (PCV) ya las había encarado anteriormente y posee experiencia al respecto. Varios son los factores que las generan, tales como: la repercusión de la diaria labor corruptora y propagandística del enemigo de clase contra el Proceso Revolucionario Venezolano, los auges esporádicos de las contracorrientes oportunistas de la burguesía, el acrecentamiento de las dificultades del Proceso Revolucionario en el avance de las políticas sociales, el desconocimiento de la situación real y de su constante evolución nacional e internacional, la desvinculación de las masas populares y sus lideres en el acontecer nacional, la extracción de clase no proletaria de la mayoria de los funcionarios públicos, la falta de estudio del Marxismo, Leninismo, Bolivarianismo, Zamora, Robinson, etc. en los partidos y movimientos políticos, etc.

La conducta de los portavoces del liberalismo resulta fácilmente detectable. Mientras la revolución progresa ellos son más marxistas, más revolucionarios, votan sin quejarse, hablan bien de su participación en el proceso, simulan entusiasmo y se mimetizan dentro del montón. Mas si viene la ola contrarrevolucionaria ellos se le suman, olvidan el proceso revolucionario, condenan sin escrúpulo las políticas aprobadas para el pueblo, cuestionan las políticas nacionles e internacionales seguidas, generan pesimismo dentro del pueblo y se distinguen por defender el proceso... vayan ustedes a ver.

Debemos, entonces emplear el espíritu marxista para superar el liberalismo, que es negativo. El comunista debe ser sincero, franco, leal y activo. Poner los intereses de la revolución por encima de su propia vida y subordinar los intereses personales a la revolución; en todo momento y lugar ha de adherirse a los principios justos y luchar infatigablemente contra todas las ideas y acciones contrarias al interés del pueblo, a fin de consolidar la vida colectiva y de éste con las masas. Los comunistas leales, francos, activos y honrados deben unirse para combatir las tendencias liberales, que cierta gente tiene, y encauzar a ésta por el camino correcto. He aquí una de nuestras tareas en el frente ideológico.

f.oscar.f@gmail.com


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Oscar Flores

Dirigente de los Círculos Bolivarianos, comunicador alternativo, Director del periódico La Voz del Valle

 lavozdelvalle2@yahoo.es

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