Los laberintos del padre Ugalde

Sin duda de ninguna naturaleza, el padre Luis Ugalde se ha convertido en el más creativo y persistente ideólogo de la oposición venezolana. No hay que negarle que es una buena pluma, que más habla y escribe de política que de religión, que más diserta sobre marxismo que de teología. Es su metodología de combatir lo que en este momento tiene como enemigo: el gobierno bolivariano, en general, y a Chávez, en lo particular.

No hay semana que deje de aprovechar para atacar al gobierno y a Chávez, con armas cortas unas veces y con armas largas otras veces, desde el diario El Nacional. En algún momento va a soltar su arma atómica encaletada en algún lugar de su conciencia. El jueves 1 de febrero publicó su artículo “Los laberintos del poder”, donde, sin nombrarlo, acusa a Chávez de ser un espíritu maligno, que viene siendo lo mismo que decirle diablo.

El padre Luis Ugalde nos dice: “El gran salto de la democracia moderna consistió en la audacia de desnudar a los reyes, nobles y magnates y demostrar que, sin adornos ni ropajes, todos nacemos iguales y frágiles, y tenemos desempeños diferentes…”. Aunque, al padre Luis Ugalde, se le olvidó incluir que también el poder de la inquisición eclesiástico de la Iglesia fue desnudado –entiéndase que éste sostenía al absolutismo político feudal y éste a aquel-, debemos decir que eso sólo fue simplemente una teoría que nunca el capitalismo ha hecho práctica social. Estoy seguro que el padre Luis Ugalde sabe de memoria que el 26 de agosto de 1789 la Asamblea Constituyente francesa aprobó la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, donde la sociedad en su conjunto debía reconocer, como derechos inalienables, naturales y sagrados, la libertad individual, la libertad de palabra, la libertad de pensamiento y el derecho a luchar contra la opresión. Pero, quizás lo que más le agrade al padre Luis Ugalde de esa Declaración, es que también proclamó, como sagrado e inalterable, el derecho de propiedad privada. Y ésta, lo sabe el padre Luis Ugalde, es incompatible con ese derecho de que todos nacemos libres y somos libres e iguales en derechos.

Ahora, al padre Ugalde se le olvida o se hace el olvidado, que al lado de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, la Asamblea Constituyente francesa aprobó que los ciudadanos pasivos -los que no poseían propiedades- no tenían derecho ni a elegir ni ser elegidos. De ese derecho gozaban únicamente los ciudadanos activos, es decir, los que tenían propiedades. Entonces, lo sabe el padre Luis Ugalde, eso fue una falacia, una burla al sacrificio de las masas que hicieron posible el triunfo de la famosa y gloriosa Revolución Francesa de 1789. ¿De cuál igualdad y de cuál libertad burguesas podemos vanagloriarnos, como un ejemplo para el mundo de hoy, que hayan sido conquistada por la democracia moderna a favor de los explotados y oprimidos? Sepa, el padre Ugalde y sepamos nosotros, que la audacia de la burguesía se tradujo en lograr legalizar su soberanía y despojar a los trabajadores de sus derechos políticos. Eso fue el verdadero éxito de la democracia moderna. En lo que sí el padre Luis Ugalde tiene absoluta razón es cuando dice que los “… reyes nada son, si los súbditos no los reconocen y endiosan”. Por eso, la revolución es una rebelión de esclavos que deciden hacerse libres y no tienen que solicitarle permiso absolutamente a nadie para hacerla cuando las circunstancias se la justifican.

De otro lado, el padre Luis Ugalde les confiere a los socialistas, en abstracto, un dogma que no es cierto. El dice: “Los socialistas por definición eran enemigos del poder concentrado. Nacieron en la urgencia histórica de transformar el venenoso poder-dominación de unos pocos en saludable poder-capacidad de muchos…”. Nada, padre Luis Ugalde, es más autoritario que una revolución, lo demostró la esclavista, la feudalista, la capitalista y la proletaria no es la excepción. Si no lo es, lo demostró la flexibilidad y la magnanimidad extrema de la Comuna de París en 1871, el adversario le arrebata el poder en muy poco tiempo. La diferencia de una revolución socialista con las que le han antecedido, es que concentrando el poder al máximo, en lo que se conoce como la dictadura del proletariado en la transición del capitalismo al socialismo, crea las condiciones no sólo para el extremo desarrollo de la democracia política permitiendo que sea el propio pueblo quien ejerza el poder político, sino también para su extinción definitiva con el Estado que la sustenta y la garantiza a la mayoría de la sociedad. Resulta extraño que el padre Luis Ugalde no haya escrito un artículo fijando su desacuerdo con el poder concentrado que ejerce el Papa sobre el resto de la Iglesia., aun cuando finaliza su artículo, “Los laberintos del poder” diciéndonos: “Jesús, al sorprender a sus discípulos en ambiciosos sueños de grandeza y poder, les respondió y les dijo en memorables palabras que, frente al Poder que domina y oprime, debemos cultivar el poder que sirve y da la vida (Marcos 10, 41-44) Dios nos ilumine a los venezolanos

Con el permiso de los creyentes y que Dios los bendiga, pero también que Marx nos ilumine en nuestra lucha y nuestro pensamiento hacia el socialismo. Amén



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Freddy Yépez


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