Raúl Castro se va, pero quiere “dejà” el doble seis “trancao”. Maña de viejo jugador de dominó

Mi suegro, en Río Caribe, en ese lindo y manso pueblo, en el mejor sentido de la palabra, en el este del Estado Sucre, un poco más allá de Carúpano, desde niño, aprendió a jugar dominó. En eso se volvió un maestro y, era asombroso ver, a quien en toda su vida sólo fue un humilde bodeguero, como en cada jugada, llevaba el control del juego. Ya, en la primera jugada, sabía cómo estaban distribuidas las piezas y quien poseía el doble seis o la cochina. Es más, en el inicio del juego, a la salida, quien la hiciese, su compañero o un oponente, ya sabía los resabios de este, por donde le vendría o por dónde habría que abordarle o ayudarle.

Yo le observaba un tanto desde lejos, pues siempre fui poco aficionado a esos juegos, por haber sido objeto de una formación estricta o predispuesta contra ellos. Jugué el dominó a instancias de mi propio suegro, ya casado, en la adultez, sólo cuando hacía falta alguien para completar una partida y siempre lo hacía mal, pues me costaba concentrarme en él, pero llegué a conocer los pequeños "secretos" del juego. Y el principal es ese, concentrarse, poner atención al movimiento de las piezas, como que a la segunda jugada se puede saber casi todo lo que tienen tus vecinos, el del lado izquierdo y el derecho y hasta el compañero del frente.

El viejo era como un zorro en actitud de cacería cuando se trataba de ahorcarle la cochina al contrario. Era un trofeo que perseguía casi con saña. A la segunda jugada, de no tenerla él, descubría quién la tenía y no siendo su compañero, desplegaba un trabajo minucioso, que empezaba por advertirle a aquél, en posesión de quién estaba, para entre los dos cerrarle la salida.

En eso era un cazador tenaz y minucioso. Sus pasos eran lentos, bien medidos, para evitar que la presa se le fuese.

Era un jugador pues muy ortodoxo y eficaz, por lo que casi siempre, tenía el control del juego. Pero la vida, suele dar sorpresas, sobre todo si el rival se sale de las reglas, por la poca experiencia o el deseo de cambiar la rutina, ante lo cual, lo esquemático y medido del juego de mi viejo suegro, podía resultar desconcertado, como que yo y un compañero, siendo este igualmente inexperto, logramos darle un zapatero, pese él, de lo que se cuidaba mucho, intentando mantener su prestigio, escogió al de los que estábamos allí, para hacer la pareja, porque lo sabía tan buen jugador como él.

Fue esa la única partida que jugamos. Pese, hizo todo lo posible para que le diésemos la revancha, nos negamos y mantuvimos vivo ese recuerdo, en nosotros y él. Nunca la revancha se hizo posible.

Raúl Castro, a los 89 años, seis años mayor que yo, acaba de renunciar a la jefatura del Partido Comunista Cubano (PCC) y declaró que entregaba a una generación más joven, "llena de pasión y espíritu antiimperialista".

https://www.aporrea.org/internacionales/n364237.html

En esta oportunidad, no señaló a sucesor alguno, pero según la fuente informativa, "anteriormente había indicado que está a favor de ceder el poder a Miguel Díaz-Canel, quien lo sucedió como presidente del país en 2018."

Lo que está claro es que, anteriormente, cuando Raúl dejó la presidencia de Cuba, recomendó se escogiese, como su sucesor para ese alto cargo a Díaz Canel, quien desde joven, ha estado cerca de él, según he sabido, sirviéndole de ayuda en distintas altas responsabilidades que asumió en la jefatura de su país. Es decir, es obvio que, el hoy presidente de Cuba, ha sido un hombre del "primer anillo" de Raúl Castro, como se suele llamar ahora a estos personajes.

Es decir, quien ahorita es presidente de Cuba, un hombre de una generación que no estuvo entre los del Granma y tampoco de los otros focos guerrilleros, sino que es de una posterior, la de quienes llegaron cuando todo estaba hecho, pero, quizás una "llena de pasión y espíritu antiimperialista", como dijo Raúl, pese no tenga muy claro "cómo se come eso" y menos cómo hacer para deslastrase de la "cochina".

Porque la cochina es pieza y presa. Quien la tiene como pieza, la posee, "escogió" en lo azaroso, trata de deshacerse de ella tan pronto pueda. Tanto que, en la salida, quien esta debe ejecutar, si la agarró al escoger sus piedras, de inmediato la saca como quien quiere deshacerse de un peso inoficioso o un perro acabado por las pulgas. El otro, sospechando, con mucho fundamento, que su rival a su derecha la tiene en su inventario, hará todo lo que sea para que no la saque, su meta es "ahorcarle la cochina".

La cochina pues incomoda a quien la tiene y hasta no, pues este dedica su trabajo, esfuerzo y atención a ahorcársela a quien la tiene si es su adversario o teniéndola su compañero, que este la suelte o se deshaga de ella.

Raúl, ahora viejo experto y como suele suceder en esos casos, acostumbrado a la rutina de todos los días, a hacer siempre lo mismo; hecha su camita y comprobado que todo está bien, por lo menos nada hay que perturbe su sueño, siempre que la cochina se le tenga bajo control y donde esté, se salga de ella o se le tranque, sabe que la mejor manera de lograr lo que quiere es que le sustituya uno "lleno de pasión y espíritu antimperialista", uno de esos que ponga su fe y esfuerzo en controlar la cochina, botarla cuando debe ser o trancarla, si es que la tiene el otro.

Porque tener "pasión y espíritu antimperialista", es vital para llegar a esos cargos, nada de ponerse a buscarle cuatro patas al gato. Uno calladito, aunque pegue gritos, que nada nuevo busque, pues todo está hecho y puesto. Y la "pasión y espíritu" de ese carácter se tiene, no cuando el boxeador sabe cómo dispararle al contrario, entrarle a sus espacios y golpearle con rapidez o bailarle alrededor y fulminarle con ligeros e incisivos jabs, directos, fulminantes ganchos y rectos lanzados desde lejos, sino gritándole improperios y pasarse toda la tanda quejándose ante el referí del cómo y cuánto su rival le golpea.

Por eso, por la maña del jugador que, llegado a viejo, pese los cambios que afuera, en el universo todo se dan y hasta de manera veloz, pretende seguir amarrando su perro con una ristra de chorizos, una ancestral costumbre desechada por inútil. Y por eso, por apegado a lo viejo, a instrumentos en desuso, Raúl opta por lo mismo, como que Díaz Canel, quien es hombre por él formado y es parte de su herencia, ya ha cobrado ahora, además de presidente de Cuba, también se convierta en jefe del partido. Lo que es lo mismo que poner a perro o zamuro a cuidar carne, a jefe de supervisor de sí mismo y al ejecutor, que debe hacerlo por encargo y bajo la supervisión del pueblo, a jugar todos esos roles; es decir, como ser el cuarto bate, novio de la madrina, dueño del equipo. ¿Quién corrige? ¿Quién enmienda la plana? ¿Quién rinde cuentas a quién?

La misma cosa. No es asunto de no querer aprender sino de estar convencido que, como ellos dicen, es la cosa, pese la realidad, el mundo, muestren lo contrario. ¿Están de verdad interesados en hacer sus deberes como la realidad demanda o impongan los intereses y los viejos vicios?

Hoy vi el sepelio del Duque de Edimburgo, me pareció aquello, salvo algunos pequeños detalles, una ceremonia de la Edad Media europea. Lo de Raúl, hoy en el siglo XXI, habiendo incluso hablado del Socialismo de este siglo, también luce como una visión traída del pasado.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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