Reforma y Revolución

La Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela, marcó las pautas de una transición del modelo de democracia representativa y formal, impuesto por el sistema político conocido como el punto fijismo, hacia una democracia participativa y protagónica, que sentó las bases para un efectivo ejercicio de soberanía del pueblo.

El dogma de la democracia representativa que cabalgó durante cuarenta años sobre la sociedad venezolana provocó una ruptura singular, ya que la misma no ha sido el resultado de una lucha de clase de estilo tradicional; si no, el hastío de toda la sociedad con la clase política imperante desde la caída del régimen de Marcos Pérez Jiménez, hasta los días de aquel 4 de febrero.

De tal forma, que este proceso pudo cristalizarse en su primera etapa con el arribo al poder del comandante Hugo Chávez y posteriormente con el impulso de una Asamblea Nacional Constituyente, donde se moldearía el nuevo texto Constitucional, que tras un acto también novedoso fue aprobado por el pueblo, mediante Referéndum Nacional Aprobatorio.

Hoy estamos a las puertas de su primera revisión y la misma no será de carácter puntual, ni elitesca; vamos hacia una primera reforma general de este nóbel instrumento jurídico, para adaptarlo a los nuevos vientos que desde aquí soplan sobre el resto de continente: el socialismo del siglo XXI; solo que en esta oportunidad la misma Constitución obliga y convoca al pueblo llano para que también tome la palabra y la última decisión. Así lo impone nuestra Democracia Protagónica y Participativa; pero de todas maneras habrá que estar vigilante para evitar que de nuevo, los grandes capistotes de la técnica jurídica y la sapiensa ideológica, hagan de la suya y terminen convirtiendo todo esto en una caricatura de revolución, amparada en una simple reforma de la Constitución.

En este sentido, el Consejo Presidencial para la Reforma de la Constitución, entre otras iniciativa deberá promover la verdadera participacion popular, distinta y distante al mal llamado parlamentarismo de calle, que a duras pena alcanzan llenar los pasillos y saloncitos de los hoteles mas lujosos de sus respectivas ciudades.

Así mismo, una vez encendido este motor de la revolución, y asumiendo que la ley Habilitante servirá de ante sala a las transformaciones de las instituciones del Estado, en el ámbito financiero, tributario y de ordenación territorial entre otras; la gran mayoría de legisladores regionales y parlamentarios nacionales deben servir de bujía para que esta discusión de verdad los involucre en las iniciativas populares de las que viene hablando el Presidente; a ver si al final de todo este proceso, entre reforma y acción llegamos a la revolución.

douglas.zabala@hotmail.com


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Douglas Zabala


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