Los dogmáticos dañan tanto como el Covid, por sus letanías y rezos de manuales

Tuve un amigo que al mismo tiempo fue un hijo, pues fue mi creación y yo mismo le maté, porque de repente comencé a percatarme que se me estaba pareciendo demasiado y hubiese preferido que fuese distinto; por mucho que le evadía, tanto se me acercaba o yo me le acercaba, no importa el orden, que llegué a la conclusión que uno de los dos sobraba y entonces concluí que aquel intento de vida, no para que fuese paralela sino distinta, no estaba siendo exitoso para mis fines y además se me convertía como en un competidor y por eso le maté. Es pesado eso, tanto como tener ahora, en estos tiempos "revolucionarios", cuando uno debería ser más solidario, un arrimado en casa, pues pareciera ser poco preciso eso de, donde come uno comen dos.

Revisando el archivo que es mío y de él, encontré este trabajo que de inmediato me "apropié" porque es mío, viendo que tiene como suficiente pertinencia. Hay cosas que merecen ser recordadas y hasta machacadas para que a la gente despierten. Y aquí le repongo; aunque dados los últimos hechos introduje unas cosas nuevas. De manera que no hay cabida a acusaciones de plagio, cuando más se me podría endilgar la de "auto plagio", un poco al estilo de aquello de Carlos Andrés Pérez de "auto suicidio".

Los dogmáticos, pueden ser manualistas, aunque no hayan leído manual alguno, pues ahora no es frecuente ni fácil hallarlos, porque a la descalificación de Stalin le siguió la desaparición de esos textos, los talleres que les imprimían y hasta las librerías que los vendían. La disolución de la URRSS, la caída del muro de Berlín, hicieron que muchos manualistas se ocultaran por un tiempo, aunque quedaron algunas iglesias y sacerdotes imposibles de ocultar y ocultarse, pero eso sí, muy comedidos. Pero quedaron en acecho y ejercicio que, de oído, como hubiese dicho José Ignacio Cabrujas, y en vivo y en directo, dada la influencia que ejercen sobre alguna gente predispuesta y formada en aquella escuela, a su vez se encargan de orientar a quienes descubren solo "con la oreja pará".

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Para deshacerse del dogmatismo no hay brebaje, acto de fe, ni ninguna vaina mágica, menos enlatada que valgan; pues no hay un manual anti manual. Para dejar de ser dogmático, hay que empezar por deshacerse de lo alquimista en hay en uno. Y por percatarse que, pareciera una mentira, pero es verdad, el dogmático, es como el borracho, mientras más toma para olvidar las penas o aliviar los dolores, más se hunde en su tragedia.

Advierto, que eso del manualismo es como una pandemia, de repente uno mismo, intentando explicarlo y localizar por los síntomas a los manualistas, termina contaminado.

Los dogmáticos más apegados a las formas, pretenden que los textos y las citas que de ellos hacen, expliquen a la gente lo que ellos no pueden hacer. Entonces, no pudiendo engranar el contenido de aquellos con la realidad y menos explicar, aquellos usan para que el lector se mate por su propio pulso, dejando todo como muy bien explicado y entonces dicen, "así todo está bien aclarado".

Los dogmáticos por ejemplo asocian lo de no serlo, a la condición de "reformistas" y economicistas a todos aquellos que no aceptan o tienen la capacidad y hasta honestidad de ver el mundo tal como ellos. Por ejemplo, todo aquel que privilegie la lucha por el salario, dado que ahora éste ha sido reprimido a límites inconcebibles y hasta casi esclavistas, por justificar los errores del gobierno y atribuyendo ese estado de cosas exclusivamente a las sanciones de Trump, apelan al término de economicista, tan hiriente, en su cultura, como una mentada de madre.

Según como lo aprecian, éste se mueve según sus mediciones, percepciones y hasta capturas. Es como si él les perteneciese y se moviese alrededor de ellos, les sonriese e hiciese señales para donde coge o cogerá. Como un juguetito o muñequito de cuerda. Es decir, quien no "vea" o "capte", lo que ellos "ven y captan clarito", son unos vulgares reformistas. No se percatan que piensan exactamente igual que quienes quieren todo siga como va porque han hecho su "camita". No quiere decir necesariamente se hayan enriquecido, sino que sus gustos y ambiciones, en el mejor sentido de la palabra, están satisfechos. Se refocilan y hasta masturban diciendo lo que creen como si la suya fuese la última palabra. Los dogmáticos entonces, sin darse cuenta juegan a favor de quienes dominan el mundo tal cual es y quieren que así siga, pues al no buscar acuerdos con cuantos quieran empujar la palanca que lo mueve, porque que ellos solos no empujan con el mismo ritmo, dirección necesarios para que el mundo ande derecho o con justicia, entonces es mejor dejar las vainas como están. Y al proceder así, tal cual muchacho malcriado, fortalecen la idea y grupo al que creen combatir. Pero el dogmático se cree sabio, tanto que se satisface con creer tener la verdad encerrada en su mano derecha.

Para el dogmático el movimiento o cambio es un asunto que compete a la vanguardia, al ungido. Como si la cama que vamos a tender fuese para él solo y por eso lo hace a su gusto y conveniencia. Haciéndolo así, entonces termina por acostarse solo, porque quien pudiera acompañarle al primer intento y hasta el segundo, para no sentirse infiel o desleal, o rebasado el pequeño instante de placer, prefiere volver a sus viejas querencias y acostarse en el suelo. Porque el dogmático tiene sus dioses y dogmas inmodificables, pese hable del movimiento y hasta de una vaina que llaman la dialéctica, y cuando aborda la realidad concreta, la supone como cree le dicen aquellos, eso no se "negocia con nadie", ni siquiera con la realidad misma. Es el dogmático como el avaro, éste atesora dinero, él su sectarismo y supuesta sabiduría o certeza.

Para el dogmático el soporte, la fuerza de "cambio", no son las clases pertinentes para construir un nuevo modelo de sociedad, como lo son los trabajadores, sino los cuadros del partido que, pese no están en disposición de construir nada nuevo y trascendente, porque eso no les compete y menos disponen de la conciencia y cultura para eso, si sirven para ayudar a ganar elecciones y controlar el poder. Y el dogmático jura y perjura que mantenerse en el poder, sin cambiar nada y hasta profundizando las injusticias, es de por sí un hecho revolucionario.

Por eso, el dogmático se acerca a la realidad, no abierto, desnudo para que esta lo impregne o penetre sino armado metido dentro de su armadura, con su adarga y sus órdenes a aquella para que se muestre como él la conciba y no finja. Es un macho que aborda a la fémina como un ser inferior y sin ideas.

El dogmático cree que el mundo le pertenece a él y los tantos o pocos como él. El planeta es una bolita que rota, desprendida del sistema planetario, tan simple que él y los otros dogmáticos, la tienen en la cuenca de la mano. El resto de la gente, distinta al dogmático, no tiene opinión alguna que dar, salvo lo que cuadra en sus normas y "principios", los de él. Para el dogmático, los contrarios están execrados, pues interrumpen o impiden el camino que la vida debe llevar según su percepción. Para el dogmático, la discrepancia no tiene cabida. Todo el mundo debe estar con él, corriendo el riesgo le finjan si no tiene como darles y repartirles para que cuadren. Aunque en verdad, el dogmático es como aquellos personajes de la llamada "Edad Media" del eurocentrismo, según el cual las otras culturas no tenían valor ni significado alguno, tanto que decidieron hasta llamar a este parte del mundo nuestro América y a sus habitantes "inferiores" y "salvajes", mientras ellos cometían salvajadas y se portaron "más inferiores" al imponer su violencia a un mundo y cultura pacíficos, por lo que los gringos no protestan, por un gesto de supuesta supremacía de ahora y un fenómeno de transculturización. Hasta las religiones occidentales, han impuesto por el mismo dogmatismo, que la mayor cantidad de santos "modernos" sean europeos y pocos de los lados del pequeño espacio donde nació el cristianismo. Los demás, como José Gregorio Hernández, si llegan a beato, es de vaina. Bandidos, agresores y hasta ladinos de la edad media y de los tiempos de las Cruzadas, nos los venden como santos. ¡Son vainas de los dogmáticos! En los tiempos de ahora, más o menos, sucede la misma vaina. Cada quien tiene sus santos particulares.

Porque el dogmático está convencido que el mundo y su movimiento, todo eso, pasa por su cabeza y ésta, la suya, resuelve toda conflictividad. Es decir, el dogmático se cree más inteligente que todo el mundo y lo es simplemente porque es dogmático y lo peor no es que no lo sabe y no lo reconoce, tanto que para él los dogmáticos están afuera. Cree que es virtuoso. Por eso "jura y perjura" que no es dogmático sino sabio y para él, el mundo es una pequeña bolita que gira en la cuenca de su mano.

Esos tipos están en todos lados, allá y acullá, en la izquierda y la derecha y son los encargados que todo siga como viene, que es un mundo cabeceándose; pero ellos creen buscar el equilibrio, empujando para lados opuestos y lo que es peor, aun pensando que discrepan, están en perfecta armonía para destruirlo y separar a los humanos, tanto como predisponerlos a exterminarse.

Los dogmáticos todos son de derecha, aunque como ya dije estén ubicados en un lado u otro pues su ingrediente más abundante es el odio y este tiene cabida en ellos como traje a la medida. Para ellos más que construir un mundo nuevo o dejar todo como está, lo primordial es vengarse del contrario. Por ejemplo, en la ultra derecha opositora venezolana más que cambiar al gobierno y sus políticas y hasta que perdamos el control de nuestros recursos, lo que prevalece es el deseo de destruir a los chavistas, maduristas y todo aquél que hasta alguna vez votó por Maduro. Entre los partidarios del gobierno, la consigna que más entusiasma, no es construir lo nuevo y justo, sino destruir y hundir al contrario. Y es como un único recurso defensivo, dado que sus opuestos radicales, los únicos que perciben, andan en lo mismo.

Por ejemplo, ya he leído algunas opiniones que le asignan al gobierno de Arce en Bolivia, que tiene la enorme tarea de estabilizarse, tomar de nuevo el control de la economía, política y construir los encuentros con todo aquel que sea necesario para lograr los anteriores objetivos, deslastrarse del sectarismo, la tarea de vengarse de quienes tumbaron a Evo, como si eso fuese lo primordial, necesario, indispensable y hasta emergente. Pero para ellos, los dogmáticos, es así, porque esa es su visión, la misma de su clon en la oposición de ultraderecha. Es increíble lo tanto que se odian siendo uno y otro la misma gente. Parecieran una pareja que por amarse tanto sin hallar como encontrarse parecieran odiarse hasta la muerte. ¿Así son los dogmáticos!

Tanto citar vainas o repetir lo que otros dijeron en el pasado, no sólo aburre, sino que quien eso hace parece el mismo a quien se le descubre copiándose en un examen.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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