Maduro el alumno de Chávez me recuerda a Víctor “Borbollón”

Víctor, un viejo amigo nuestro, de los tiempos del Liceo Sucre de Cumaná, cuando estaba cansado de tanto meterle al caletre, solía decir, "me voy a echar un rato porque tengo un borbollón en la cabeza". De allí que optamos por llamarle "Borbollón", en lugar de Víctor y como suele suceder, él se acostumbró le llamásemos así y a responder por aquel sobre nombre, como feo e indecoroso.

"Las vainas se me confunden", decía Víctor. "Las de tinta verde en el cuaderno de tapa roja, se enredan con las de tinta azul en cuaderno de tapa verde".

El cerebro de él funcionaba de esa manera. Las respuestas a determinadas preguntas estaban en el cuaderno de tapa roja y escritas con tinta verde. Y otras en el de tapa verde y en tinta azul. Así las organizaba en sus cuadernos para no confundir unas con otras al tratar de hacer funcionar su memoria.

Cuando no lograba controlar ese orden o estado de cosas, usualmente por el cansancio, "en la cabeza se le armaba un borbollón".

Chávez, según lo que pude experimentar a través de las redes, aprendía con una velocidad descomunal, como para que a cualquiera se le armase un borbollón. Y no era que hablaba paja, sino que en su cotidiano e incesante hablar daba muestras de sus constantes e incesantes lecturas que, en poco tiempo, desde que salió de Yare, pasaron del "Oráculo del Guerrero", la "tercera vía" de Tony Blair, los clásicos de la economía y la filosofía que usualmente leen quienes se ocupan de las actividades de la política como quien ejerce y practica una ciencia y ella no asumen sólo por ponerse en unos reales, hasta llegar a Marx, Rosa Luxemburgo y Antonio Gramsci. De ellos hablaba, hacía citas y les usaba para interpretar determinadas situaciones. Lo hacía con tal velocidad que, más pronto que lo que canta un gallo, no sólo se definió como "socialista, marxista y hasta gramsciano", sino que le puso a su gobierno la meta de construir el "Socialismo del siglo XXI".

Era aquello como una carrera contra el tiempo y donde el ritmo que imponía a quienes le seguían y esperaban serle útiles, estando a su alrededor, no sabiendo dónde estaban les letras verdes y las azules, terminaban con un borbollón en la cabeza.

Chávez asumió el discurso y el reto de la izquierda que llamó a construir una sociedad distinta a la que nos habían impuesto el rentismo y el capital internacional que penetraba. Una donde la distribución de la población se atuvo al esquema de penetración del capitalismo, la economía de puerto ligada a la renta petrolera. Con la formación de unos pocos enclaves donde la población se apretujara para prestar servicios y servir de mano de obra barata al capital que entraba. Una "industrialización" en base a la de los países del gran capital. Una de ensamblaje, empaque y en definitiva atada a una cadena de aquella. Y además, una gran parte dedicada a las tareas del sector de servicios y tareas no propiamente productivas, visto el asunto desde la perspectiva de los intereses del todo. Había que hacer realidad aquello de los tiempos coloniales, "Caracas es Caracas, lo demás es monte y culebra". Para el capital internacional, "lo demás sobraba". Y así se recrearon unos tres o cuatro Caracas mas y al resto del país se le dejó al margen. "Pa´ Caracas, muchacho", le decían a uno apenas se había echado los pantalones largos "porque esta vaina parece un cementerio".

Todo eso pasó por abandonar nuestras ventajas, como el tener tierras cultivables en cantidad incalculable, agua que se desparrama en las abundantes cabeceras y dentro de una zona, la del trópico, donde se puede sembrar todo el año y desarrollar la ganadería habiendo enormes pastizales naturales y una vieja cultura.

Teniendo estas ventajas y la posibilidad real que en aquellas zonas, a partir de las propias materias primas allí generadas, podríamos desarrollar una nueva economía y sustiuir la dependencia de la renta petrolera con el valor de aquellas y el agregado por el trabajo. Este sueño, está ligado a una nueva distribución de población para lo que requieren muchas cosas, entre ellas que las letras azules y amarillas no se enreden y formen un borbollón como en la cabeza de Víctor.

Chávez, mucho habló de ese asunto. Por eso soñó con trenes que cruzaran el llano y fueran del este al oeste del país y viceversa; torcieran rumbo al norte, buscando la costa y los puertos. Y de ciudades alrededor de la área petrolera donde se asentase buena parte de la población y se dedicara a labores agrícolas. La gran tarea del venezolano en esa área, no está en la "agricultura urbana", sino en esos inmensos y desperdiciados recursos de los cuales ya hablamos.

Maduro, dos días atrás, por defender su programa de la GMVV y la meta de los 3 millones de viviendas, lo que sin duda es elogiosa, atribuyó a la derecha aquel discurso de la izquierda. Uno contrario al rentismo y a favor de la construcción de una economía independiente y soberana, para lo que nos sobran condiciones. Si no lo dijo de manera específica lo insinuó, que pensar en una distribución distinta a la que tenemos es contrario al interés de la multitud, el progreso y crecimiento de la economía nacional. Según él, no es esa forma de distribución poblacional la que más conviene a los grandes intereses económicos que aquí confluyen y han confluido sino al pueblo de Venezuela y a la que se apretuja en las ciudades. A Maduro se le formó un borbollón, el discurso de la izquierda se lo atribuyó a la derecha y el auténtico de esta se lo cogió para sí, como a quien las letras del cuaderno rojo de letras verdes se le enredaron con las cuaderno verdes con letras azules.

Dijo Maduro, palabras más o menos, "que los venezolanos tienen el derecho a vivir donde les plazca y no que la oligarquía o la derecha, le imponga tener que irse al campo y dejar las ciudades". En esencia eso dijo. Lo que es como un manejo habilidoso para ganarse respaldo.

El asunto es al contrario, eso enseña la historia de la economía venezolana y hasta la literatura, como el caso de "Casas Muertas" de MOS. El proyecto o modelo económico que nos impusieron es el de vivir apretujados en las ciudades, hasta montados en cerros sin espacio en veces para respirar, para que el aire corra libremente y así entre a los pulmones. Así es como nos quiso el gran capital. Apretujados, consumiendo allí mismito lo que en buena parte nos llega desde afuera y dispuestos a trabajar por el bajo salario que impone la competencia o el tener mano de obra de sobra en espacio reducido.

Es falso ese discurso de Maduro; el venezolano no escogió libremente el irse de la costa sucrense o la montaña andina por ir a vivir apretujado en Caracas, La Guaira, Valencia, Maracaibo. Eso lo impuso el modelo que vino desde afuera y la práctica estatal misma, que todavía persiste, de invertir primordialmente en esos focos.

Es absurdo decirle al venezolano que debe ser así como nos toca obligatoriamente vivir, pues justamente eso está en el interés del modelo que nos han impuesto. Uno, donde unos pocos, desde el área petrolera y minera, trabajan y producen la renta necesaria para comprar fuera todo lo que nuestra vida demande. Y el resto, la multitud, apretujada en las ciudades, dispuesta para prestar servicio y al bajo costo a quienes puedan pagarlo. O en otro caso, estar como en un estado de relajamiento, invernadero, en espera de lo que "del cielo caiga" y el momento para salir a votar.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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