Los avatares de Diosdado. ¿Por qué Chávez escogió a Maduro? (II)

Mientras tanto aquello sucedía, Diosdado no había sido muy exitoso como político y candidato; tanto que siendo gobernador de Miranda perdió las elecciones con Capriles. A lo interior del partido tampoco le había ido bien, salvo que en una decisión entonces muy criticada, el presidente Chávez optó por asignarle una vicepresidencia de la organización. Además, desde ese tiempo, los enemigos de Cabello, lo digo así porque no se puede llamar de otra manera a quienes así procedieron, comenzaron a construirle una imagen de corrupto que los gringos oficializaron sin mostrar prueba alguna. Hasta Domingo Alberto Rangel, sin soporte alguno, llegó a asegurar en un trabajo para "Quinto Día" que Cabello era dueño de la empresa Eveba, enlatadora de productos marinos, asunto de fácil comprobación pero quien nadie ha comprobado. Pero además, era el monaguense, conste que hablo en pasado, un hombre de hablar sin ínfulas de intelectual y sin ese lenguaje estereotipado de hombres formados en la militancia de izquierda. En ese tiempo, jamás escuché de sus labios palabras como imperialismo, capitalismo y socialismo menos, pese que antes Chávez no sólo se había definido como tal, sino que ya lo planteaba como objetivo de su lucha y gobierno. Entonces, pareciera que el monaguense se conformaba ser o representar el factor militar, sin una propuesta distinta o contradictoria a lo que defendía la socialdemocracia venezolana, pero toda una actitud de respaldo incondicional a su eterno comandante y poco esfuerzo hacía por construirse un liderazgo sólido en aquel aluvional movimiento que era el chavismo y se conformaba con eso que mi amigo destaca, ser leal al líder.

Hice una pausa tras ese largo discurso, circunstancia que mi amigo aprovechó para decirme que compartía ese razonamiento y agregó:

-"Cuando Chávez, quien no tenía previsto que en esos momentos muriese, hubo de hacer aquel anuncio, pese a la comprobada lealtad mutua entre él y Cabello, sabía que este no estaba en condiciones todavía de asumir el liderazgo; el chavismo en su complejidad estaba muy distante de lo que hasta ese momento había sido el oriental. Además, Maduro, era entre los jefes de grupos del chavismo, quien contaba mayores anexiones, no en el movimiento popular, sino entre los grupos organizados, eso que solemos llamar convencionalmente vanguardias. La amplia masa seguía con amor, emoción y casi devocionalmente al líder y estaba dispuesta a seguirlo en lo que dispusiese. Aquello era como un pacto emocional al cual, de toda la dirigencia chavista, sólo entraba Chávez. De esta relación profundamente sentimental, emotiva, ha hablado con frecuencia Oscar Schemell. Quien intentase romper con aquella disposición, sobre todo en las circunstancias "sobrevenidas", no tendría otra recompensa que la derrota. La muerte de Chávez, de manera sorpresiva para sus seguidores, creó un estado emocional adicional que fortaleció más aquel su testamento. Basta con recordar las manifestaciones alrededor de su funeral y el estado de postración en que quedó el país todo, incluyendo a la oposición, para comprobar lo que estamos afirmando. Aparte que nadie tenía autoridad para cuestionar aquello, me refiero a la toma del testigo por Maduro, la inmediatez del proceso electoral no dejó otra opción. Quizás, con frecuencia, piensa uno, Chávez y Cabello, a quienes creemos muy cercanos, más de lo que pueda pensarse, hablaron detenidamente de ese asunto y todas aquellas circunstancias. De lo que uno saca como conclusión que Cabello no sólo mostró otra vez lealtad sino serenidad para aceptar todo lo que pudo serle inesperado."

Entonces uno concluye que no sólo fue la lealtad, de mucho valor para el sector castrense, lo que decidió a Hugo Chávez proponer como su sustituto a Maduro en lugar de Cabello, su alumno y compañero de viejas luchas, de abundantes muestras de compañerismo y solidaridad o de Rafael Ramírez, también proveniente de la izquierda y a quien había otorgado el enorme poder de dirigir a PDVSA y la economía venezolana casi en su totalidad en momentos que esa empresa era el pilar de la vida de los venezolanos todos y hasta del destino de la revolución. Había algo que Chávez privilegiaba, lo aprendió de sus lecturas sobre el accionar de Bolívar, por encima de la lealtad misma, y eso era la unidad necesaria del movimiento popular. Supo que el venezolano en buena medida era opuesto a los gobiernos de la derecha y que los partidos del viejo régimen se alimentaban de la incapacidad de la dirigencia de la izquierda para unir sus fuerzas. Por eso, en el chavismo se unieron católicos, protestantes, masones, izquierdistas de diferentes orígenes, hasta ultranacionalistas, adecos, copeyanos, trotskistas, perezjimenistas, anarquistas, machistas y feministas. Un fenómeno impensable en el proverbial sectarismo de la izquierda, incapaz de convivir entre diferentes en lo más mínimo. Los unió porque los aceptó con sus diferentes discursos, hasta como antes dijimos, sin dejar sus organizaciones, las que transportaron al chavismo, primero al MVR y luego al PSUV, como quien sólo se cambia de apartamento. Nunca olvidaré aquellos compañeros del "Frente Francisco de Miranda" y la "Liga Socialista", quienes en nuestro batallón 517-C de Barcelona, planteaban grupalmente sus posiciones frente a la mayoría que allí militábamos de manera "independiente" y personal, con el único compromiso de luchar por una Venezuela nueva y un programa liberador. Bastaba que ellos se acordaran, lo que solían hacer, para lograr se decidiese lo que en sus reuniones íntimas habían decidido proponer, sin importar si aquello respondía al interés colectivo. Uno de esos grupos, ya en los tiempos del PSUV, acabando de incorporarse a este, tomaron casi absolutamente el comando del movimiento en la entidad donde vivo; la unidad interna de ellos, el sólido sentimiento de grupo, que pasaba por excluir quizás de manera muy poco sutil pero efectiva, les facilitaba las cosas. Chávez aprendió que había que tolerar aquello porque era lo que podía garantizar la unidad, aunque fuese contrario a lo que uno pensaba, siempre de manera ideal o idealizada y no es necesario hacer mucho esfuerzo para mostrar que le sobró razón. Si hubiese intentado combatir aquella práctica, como seguíamos pensando nosotros y todavía estamos en eso, hubiese fracasado. Así eran las cosas en la vida y aquel no era el momento para intentar cambiar aquello. Había que tolerarlo.

Llegado a esta altura, parece pertinente plantearse en qué consiste la lealtad. Pareciera ser un valor que reclama consecuencia con las personas, como esa misma de la que se habla de los animales con sus dueños. Entre los militares pareciera confundirse con la buena disposición a servir a la jefatura en cualquier circunstancia, en las malas y en las buenas. Se cree que la amistad entre dos personas reclama un tipo de lealtad como estar dispuesto a respaldar o acompañar al otro en cualquier circunstancia, aunque medien razones que aquella hayan quebrantado. La lealtad entre dos personas está sujeta a que los valores que la construyeron esa amistad se mantengan armónicos. Lo contrario es darle valor a la idea según la cual no se puede ser amigo de quien con uno no comparta toda la complejidad de la existencia. Una según la cual los amigos serían como un original y su clon. Los seres humanos de por sí son diferentes, ¡qué fortuna que lo sean! Lo contrario sería aquel "mundo Feliz" de Aldous Huxley, donde los hombres modernos serían esclavos por ser producidos en serie e iguales.

Además, la lealtad no es asunto entre los individuos. Se es leal a valores como la nacionalidad, la familia, hijos, amigos, principios y se manifiesta de manera distinta y parámetros determinados. Ser leal a un amigo, por ejemplo, hablando de política, no significa votar por él si presentase su candidatura vinculado a un programa que no comparto. Por la amistad y lealtad que le profeso no estoy obligado a votar por él porque mi lealtad a mis convicciones me lo impide. Los valores morales de mi amigo no tienen por qué ser estrictamente iguales a los míos. Justamente si así fuese estuviésemos expuestos a caer en la futura dictadura que previó Huxley. Tan simple como que cristianos, musulmanes, masones y hasta ateos, pueden por encima de esas diferencias compartir amistad. Eso lo entendió Chávez y por ello pudo rodearse de tanta gente; lo que al mismo tiempo significaba y demandaba reconocer el derecho de los diferentes a uno, de aquellos que piensan distinto.

Por eso, cuando el comandante Chávez se vio obligado a tomar aquella trascendental decisión, la noche misma que volvía a La Habana a dar su último combate por la vida, no lo hizo sólo en función del valor lealtad. Si así pensásemos, le estaríamos descalificando en muchos sentidos. Por supuesto que hubo de medir la lealtad a los principios, la seguridad que sus ideas y proyectos continuasen, que el movimiento que conducía se mantuviese en armonía. Es decir, pensó en dejar su herencia en manos de quienes le garantizasen, según su percepción, la continuidad de su obra. Pero bien sabía que no era suficiente que quien dejase de heredero de inmediato, fuese aquel que lo dispensase la mayor lealtad personal.

Quien piense lo contrario subestima a Hugo Chávez, tan simple es esto que en ese caso hubiese dejado el poder en manos de su hermano Adán, al margen que este estuviese dispuesto o no a asumir aquella responsabilidad; un hombre también venido de la izquierda, su mentor por muchos años y quizás la persona más íntimamente ligado a él. Pero Adán no era el adecuado para aquello, como tener en torno suyo, por el trabajo de muchos años una organización que a su vez estuviese vinculada a otras que le garantizasen aquel efecto mágico por el "por ahora" creado, que fue la unidad de las fuerzas revolucionarias. Desde 1998, cuando Hugo Chávez asumió la presidencia de la República, Adán Chávez, pese la relación familiar con el presidente y los vínculos que entre ellos existieron, lo que es del conocimiento público, por vía oral y hasta por la literatura que ya existe, apenas ocupó posiciones discretas y se mantiene, pese lo que pudiera parecer, muy lejos de donde se toman las grandes decisiones. Para decirlo de manera más específica, no se exhibe como una figura de peso en el gobierno. Apenas es el gobernador del estado Barinas.

Pensando en todo eso, estrictamente en eso, pese lo trágico del momento, Chávez tomó su decisión.

Si le damos valor a la palabra lealtad que privilegió mi amigo, diría que la lealtad para Chávez significó, en primer término, la necesaria unidad de todos los hombres que luchan por la justicia y para alcanzar esta, por un orden nacional e internacional que a ella sea compatible. En eso pensó, no quiero decir con esto, que su decisión fue la más acertada y menos que los hechos eso hayan comprobado. Tomó la decisión en base a los elementos que manejaba y sobre todo, bajo la creencia, como suelen decir muchos que "no estaba pensando en morir en lo inmediato". Fue pues una decisión tomado para un instante y pese las deficiencias que ella pudiera contener, la más adecuada para el momento y como para evitar la dispersión.

Es esto tan cierto que Chávez puso gigantesco empeño, más tarde cuando los tiempos sean menos agitados se podrá comprender mejor esto, en una política internacional, sobre todo a nivel de Latinoamérica y el Caribe, no para ganarse aplausos y adhesiones personales, sino por haber comprendido que cualquier política generosa, liberadora y libre en nuestro espacio, requiere que predomine la unidad y el sentimiento solidario. Si algo es bolivariano en el pensamiento y accionar de Chávez es ese empeño de sentar alrededor de la misma mesa a quienes somos hermanos por la historia, la cultura y el provenir y no nos hemos dado cuenta cabalmente. Por algo Lula y hasta Pepe Mujica, llegaron a decir en distintas oportunidades que antes de Chávez, sus países tenían más conocimiento y mejores relaciones con europeos y de otras latitudes. La unidad latinoamericana, deseo de nuestros precursores, empezando por Francisco de Miranda y continuando con el Libertador, es una idea viva y una ansiedad presente que necesita concretarse porque tiene fundamento en la subsistencia misma. En el siglo veinte y lo que va del veintiuno, nadie como Chávez hizo para que se incorporase con fuerza en el espíritu de nuestra gente. El empeño en unirnos como hermanos con los pueblos del Caribe, que no sólo ha sido Cuba, y contribuir como actor fundamental en el nacimiento de ALBA, UNASUR y CELAC, son muestras portentosas del valor que daba el de Sabaneta a la unidad. Cualquiera que sea el proyecto liberador y anticolonialista que predomine en América Latina y el Caribe, para sea exitoso requiere la unidad de nuestros pueblos y la integración armónica de los mercados respectivos.

*De nuestro libro "VENEZUELA ENTRANDO EN EL SIGLO XXI. DE LO MESIÁNICO (XX)



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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