Las últimas del 2017 y las primeras del 2018

Las últimas horas del 2017 y las primeras del 2018 han permitido dimensionar el grado de conflictividad que nos deparará este recientemente comenzado año. Así como permitió evaluar la capacidad de reacción y tolerancia con las que viene tanto en el gobernador del estado Zulia, Omar Prieto, como el burgo maestre del municipio Maracaibo, Willy Casanova.

A escasos días de haber asumido formalmente sus nuevas e inmaculadas responsabilidades un suceso de proporciones inéditas conmocionó no solamente a los zulianos. Cercano al propio y emblemático "abrazo" del 24 de diciembre, a eso de las 9:00 pm, un acto de saboteo logró dejar sin servicio eléctrico a quienes, todavía aturdidos por el acorralamiento de esta Guerra Económica, a esa hora procuraban con alegría no dejarse robar las navidades.

Por primera vez (que yo recuerde) en penumbras y bajo el cautivante brillo de las estrellas se recibió al Niño Jesús. A pesar de la fecha y el seductor sortilegio que aquella escena inspiraba la arrechera brotó casi tan instantánea como irracional resultó la alegría de aquellos que aun no siendo los verdaderos culpables pero si los perjudicados, victoriosos celebraban el rotundo éxito de tal abominable operación. Su pascuera intensión abrigaba el descabellado propósito de extenderse y superar incluso el propio 31 de diciembre y, si tenían suerte, adentrarse en el mes de enero, como de antemano lo habían anunciado en sus redes sociales.

A pesar de la gravedad de los daños el servicio fue restablecido en tiempo significativamente corto, aunque por la fecha resultaba obvio que era como estar con Hipo buscando desactivar una bomba de tiempo. Una posterior secuela de cortes ha venido jurungueando la irritada susceptibilidad de los que aun no se percatan que todo más que terminar recién ahora es cuando comienza. Otro atentado, con similares características, ocurrió en la sub estación Gallo Verde, por lo que ya nadie debería dudar la existencia de un macabro plan en puerta.

No siendo nuevos ni mucho menos inesperados estos oscuros y recurrentes actos de terrorismo lo cierto es que creemos precipitaron la decisión de que el principal partido de la revolución asumiera el rol histórico de ser reorganizado. Tanto como descabellado sería culpar de la actual realidad a las actuales estructuras del PSUV tonto sería igualmente esperar que ellas pudiesen asumir con éxito los retos organizativos y de seguridad que si han cumplido los partidos revolucionarios de Cuba, Vietnam y China.

Si bien el imperativo electoral ha sido el factor determinante en esta toma de decisión, la proximidad de las elecciones presidenciales hace prever un repunte de este tipo de acciones conspirativas, no siendo absurdo esperar que el principal partido de la revolución, rejuvenecido y depurado, comande la respuesta y ofensiva popular mediante la inteligencia social y el apresto cívico-militar.

Nadie puede dudar que en este año nos estamos jugando a Rosalinda, lo que ello implica y ha implicado para aquellos países que como Vietnam hayan alcanzado la victoria, en peores circunstancias incluso, dependió del talante revolucionario de su vanguardia, la que lejos de comportarse como una caja de pollitos asumió y comportó la responsabilidad e implicaciones de su soberanía y la autodeterminación de su futuro.



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Waldo Munizaga


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