¡Resulta que la revolución peligra por culpa del pueblo inconsciente! Como quien se poncha y culpa al bate

Hay un discurso, no sé si sus creadores lo creen novedoso, aunque presumo, por mis viejos aprendizajes, mohoso, dicho así como  para darle un respiro, según el cual, la erosión del respaldo al gobierno es producto de “la falta de conciencia del pueblo”. Como que hablamos del mismo pueblo a quien Chávez se cansó de calificar con alto grado de conciencia.

             Pero hasta donde conozco, que no es mucho, quienes ofrecieron como alternativa, ante las calamidades venezolanas de la década del sesenta del siglo pasado, lo que no es demasiado como parece, la lucha armada, por el efecto ecuménico de la “Revolución Cubana”, justificaron su fracaso en el “bajo nivel de la conciencia del venezolano”. Es decir, era necesario un pueblo que dentro del capitalismo y la llamada “democracia representativa”, madurase lo necesario y como con carburo, alcanzase algo así un cambio de cultura, conducta radical y espontáneo, para que entendiese los profundos motivos de la lucha guerrillera y a ella se sumase. Pero no se dio ese como mágico o soñado cambio. Tampoco los estrategas se equivocaron sino el pueblo “tuvo la culpa”. Si observamos, aquella “vanguardia”, como quienes ahora asumen el mismo discurso, exigía un pueblo maduro, consciente, ríspero, como solía decir Joselo, que le resolviese el trabajo duro y despejase dudas. Es como un cambio extraño de roles entre el de las masas y el de la vanguardia.

             De donde uno saca como conclusión, que por lo dicho en el primer párrafo,  hay quienes con mucha audacia, no sé si, con propósito racional o convencional, tratan de justificar o mejor, trasladar culpas, de lo que ahora acontece en Venezuela. O para decirlo mejor, ese pueblo que vivió la experiencia del Caracazo, se entendió de maravillas con Chávez y todas sus propuestas, entre estas la constitución vigente, que por sí no nos hemos dado cuenta significa un cambio sustancial en la vida venezolana, asumió la propuesta de socialismo, pertinente o no, hecha por aquél, resulta que ahora no tiene el nivel de conciencia necesario para impulsar los cambios. Tanto, que temen que en las próximas elecciones el proceso bolivariano resulte derrotado “porque este es un pueblo que espera todo le venga del cielo”. Haré esta primera pregunta ¿cuáles son esos cambios que debe impulsar? Lo propuesto anteriormente lo apoyó. No creo deba, ni siquiera soñando, disponerse a sumergirse, como ya lo está, en la miseria, por unos cambios que nadie propone, por lo que pareciera  no saberse cuáles son y menos dispuesto está a impulsar. Algo como inmolarse a cambio de algo que no percibe, ni siquiera intuye. Que sea como un galgo que corre tras una liebre mecánica que nunca alcanzará.

            No creo ese simplismo. Es una manera acomodaticia de mirar las cosas al revés para quedar bien y hasta parecer analista “profundo” y merecedor de reconocimientos de quienes justifica, en este caso a quienes están en el alto gobierno. ¿Por qué no vemos el asunto desde otra perspectiva?

           Chávez dijo, “Comuna o nada”. Además, hay una Ley de Comunas – al margen que uno crea que esta no debió existir hasta tanto aquélla se concretase en la realidad, porque es como poner a los perros correr por delante de los venados – que entre otras cosas las define “como espacios socialistas”, con todo lo que eso implica. No se trata de gente que se reúna, pida cosas, administre recursos que baja el Estado, sino que debe construir en su espacio relaciones de producción de ese carácter. La constitución vigente, además, señala el carácter participativo y protagónico del pueblo. ¿”La vanguardia” que gobierna ha sido coherente y competente en el cumplimiento, no estricto, siquiera medianamente, de esas metas? ¿Por qué no pensar que, entre otras cosas y procedimientos, esa tarea es una indispensable para impulsar la producción y elevar el nivel de conciencia y solidaridad? ¿No lo ha cumplido porque la tarea es demasiado complicada dentro de un Estado y sociedad capitalista? ¿Entonces quién peca o flaquea a la hora de hablar de conciencia? ¿Quién planifica en abstracto, sobre bases supuestas o el pueblo que construye lo que puede con sus instrumentos disponibles, entre ellos su nivel de conciencia? ¿Quién propone metas inalcanzables, sin bases de sustentación, como ese mismo necesario nivel de conciencia, o el pueblo supuestamente “inconsciente? ¿Es pertinente culpar a los niños de no lograr las metas que los adultos le asignen a rajatabla y dejados al abandono? ¿La vanguardia ha tenido el nivel de conciencia necesario para diagnosticar hasta dónde puede llegar el ánimo combativo, creativo del pueblo o capacidad de acompañar y participar?? ¿Era o no posible el cumplimiento de esa tarea que está en una Ley de Comunas que no elaboró el pueblo sino la vanguardia?

            ¿Dónde está el partido o partidos revolucionarios que conducen al pueblo para la construcción de una sociedad distinta? ¿Si no hemos sido capaces de construir ese partido, esa culpa también habrá que cargársele al pasivo del pueblo?

            Es decir, si uno le da valor a esas opiniones, el culpable de todas estas desgracias, como de la miseria en la cual el pueblo trabajador y no, vive, es él mismo. ¿Las “vanguardias revolucionarias” que han logrado apoderarse del poder, en algunas partes, no son responsables de nada? ¿Más bien son dignas de merecer un pueblo mejor?

              En estos días, he leído a algunos opinadores quienes sostienen, que el proceso bolivariano está en decadencia, perdido de aliento por la “falta de conciencia del pueblo”. Es más, quienes eso sostienen, aseguran que el pueblo es como mal agradecido, pues en la medida que más le han dado, lo que es verdad, más se distancia de su sus benefactores. 

            Ante los resultados alcanzados por el proceso Bolivariano, que no solamente se refiere a la generosa repartición de la renta, lo que incluye una larga lista de beneficios como la política de vivienda, matrícula estudiantil, etc., pero también las carencias, la improductividad en todos los espacios, públicos y privados  y la muy alta inflación, algunos revolucionarios expresan su temor que las próximas elecciones las pierda el gobierno y explican, como ya hemos dicho que tal resultado estaría determinado “por la falta de conciencia del pueblo”.  De donde algunos, como desesperados, dicen algo que el mismo Maduro antes ha dicho, “hay que profundizar la revolución”.

              Lo lamentable de ese diagnóstico, que parte de la idea que todo marcha bien, el gobierno ha cumplido a cabalidad su rol, conduce a darle un visto bueno radical, acrítico a quienes han estado al frente de este proceso que, desde antes de 1.998, se propuso cambiar la sociedad venezolana, rentista petrolero por otra más eficiente y humana. La idea pues, no es en verdad radicalizar porque eso lo vienen diciendo desde mucho antes y nada logran. Por “Radicalizar”, se expropiaron malamente unas cuantas empresas obsoletas y por tal en estado de quiebra, que en buena medida, por razones obvias están cerradas y hasta pagando nómina. Por esa inusual “Radicalización”, por ejemplo, en Barcelona, se expropió una fábrica de pastas, propiedad de la familia Cirigliano, que estaba cerrada, por obsoleta, se pagó de forma tan conveniente para los intereses de sus propietarios que estos nunca se quejaron y siguió cerrada hasta el día de hoy, mientras la pasta o “espagueti”, se volvió un fantasma. Como tampoco se quejaron los familiares de “Fucho” Tovar, cuando el Estado asumió el “control” de aquel amasijo de chatarra de la empresa Conferry. Hoy viajar a Margarita, empezando por lo costoso del transporte, es un lujo hasta para gente de elevados recursos.

            Y lo que es peor, ese disparate o derroche de los dineros públicos, lo utilizó la oposición al revés, diciendo que el “gobierno comunista anda expropiando a rajatablas sin compensar a los expropiados”. Todos estos, por seguir el jueguito callan para que la mentira se transforme en verdad.

            Entendería la “Radicalización” y a los nuevos “radicales”, quienes acusan al pueblo “por falta de conciencia” y “pedigüeño”, si en lugar de seguir usando ese lugar común o muletilla, “de la falta de conciencia del pueblo”, la dieran por pedir llamado a “Zafarrancho” que conduzca a un cambio dentro del gobierno y el movimiento revolucionario todo, que implique desarmar  el viejo corralito, donde los cogollos, “esos nuevos cogollos” de los cuales acaba de hablar Elías Jaua,, en su reciente artículo titulado “¡Qué no se nos olvide!", pero como si no tuviese nada que ver con eso,  mueven sus piezas de un sitio para otro, o traen otras “más frescas”, sin olor a quemado, pero dispuestas a cumplir con lealtad a quienes todo controlan.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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