Diosdado, quienes intentan hacer tu imagen te están banalizando

A este servidor, con unos cuantos kilómetros de recorrido, militante desde los tiempos de Pérez Jiménez, algo como especialista en historia y sobre todo de Venezuela,  visto mucha agua correr bajo los puentes y a muchos estar en un sitio hoy y otro mañana, no le cabe duda que Diosdado aspira llegar a Miraflores; no se trata de ir al pueblo monaguense del mismo nombre cercano al Furrial de donde él es nativo. Y eso no es delito; al contrario es como una cosa que llena de méritos a alguien se proponga meta tan escabrosa. El podrá decir lo que ahora se le ocurra, no sólo es su derecho, sino que es lo que más le conviene por distintas razones, pero que “la cabra tira al monte”, dudas, por lo menos a mí, no me quedan. Pero en el supuesto caso que no fuese como creo, mantendré con firmeza lo que dice el título.

            Tuve la oportunidad de estar en una conversación en Cumaná, hace ya muchos años, era 1958, siendo todavía militante de AD, con otros tres jóvenes compañeros, para mejor decirlo, apenas éramos unos carajitos, con Rómulo Betancourt, quien intentaba ganarnos para su causa. Nos habló en primer término de lo que todo el mundo hablaba, acabando de caer Pérez Jiménez, la unidad; pero del trasfondo de sus palabras, casi habló él sólo, los cuatro, reunidos posteriormente aparte, concluimos que “este carajo quiere ser presidente”.  Y lo fue; y conste que estuvimos entre quienes aquello no queríamos. Nuestras aspiraciones entonces estaban por un candidato que en verdad fuese unitario y, a nuestro parecer, ese era el Dr. Rafael Pizani.

            Ese lenguaje personalista, ególatra que viene asumiendo Maduro, como de “la candidata a gobernadora por Lara será fulana”, “le he ordenado a Jorge Rodríguez que haga tal o cual cosa” y este más reciente, día “jueves de vivienda” de “Esto, llegar a un millón quinientas mil viviendas sólo se ha logrado por Nicolás Maduro”, palabras más o menos, son muestras que se suman a las que ya he dado para afirmar que Maduro aspira seguir donde ahora está, deben estar incomodando a Diosdado. Es un lenguaje como destinado a dejar sentado “aquí quien manda y decide soy yo” o aquello como pedestre pero muy “criollo”, como gusta a mucho revolucionario, “aquí soy el chivo que mas mea”. Por esos síntomas, pudiera decir el monaguense, como decimos en oriente y él sabe bien que significa, “aquí como que alguien juega camonina, pues no fue lo dispuesto y acordado por el Comandante”.

            Me gusta recordar aquella interrogante en “Doña Bárbara”, la del bonguero que lleva a Santos Luzardo hacia Altamira, la hacienda heredada de sus padres, “¿Con quién vamos?”

            ¿Tú, Diosdado, que sueles invocar la palabra lealtad, te has hecho esa pregunta? ¿Con quién vamos?

            En la política, como en la guerra, hay leales y hay infiltrados. Al enemigo hay que derrotarle y todas las armas son válidas. Por lo menos eso creen los políticos y los militares. Los intelectuales no.  Tú, Diosdado, puedes estar siendo víctima de eso. Pero es posible que no sea así. Sería muy injusto que uno,  sin prueba, acuse a alguien de ser quinta columna. Es probable, simplemente, estés siendo víctima de un equipo por demás incompetente que queriéndolo o no, te está banalizando.

            Tengo la certeza y los hechos parecen confirmarlo, que exactamente lo mismo le sucedió a Ramos Allup. Él o alguien de su equipo, se empeñó se presentase con una imagen de viejo iracundo, competente para cambiar todo a los topetazos y con un discurso pleno de cursilerías que no sirvió para hacer reír a nadie, tumbar al gobierno ni ganarse el afecto de los gringos. Por esa mala o inadecuada imagen que le hicieron o se hizo así mismo, Ramos Allup vio esfumarse su sueño.  Mañana sufrirá mucho porque creyendo haber  tenido el cielo cerca de su dedo índice, la mala imagen que le crearon o él mismo construyó, disolvió de repente aquellos, sus sueños. La vejez, como la mía, cuando se medita sobre sí mismo, podría ser muy quejumbrosa y por demás triste. Pero debo advertir, para evitar malas interpretaciones, que mi vejez es placentera, nunca me propuse nada que no pudiese alcanzar.

            La imagen que tuviste antes era de verdadero heredero de Chávez, no en el sentido ideológico o intelectual, sino del individuo de carácter, capaz de tomar las grandes decisiones, como correr a los corruptos, como hizo Cristo en un viejo templo convertido en mercado. De deshacerte de los incompetentes y adulantes; es decir, como dijo alguien en la literatura venezolana, dejar que el cauce de los ríos se desviase hacia los potreros y corrales para llevarse la abundante boñiga. Esa fue la imagen que tuve de ti. Aún más, voy a decirte algo de mucha intimidad; mi compañera de toda la vida, que en el porche de nuestra casa, desde hace años, colocó un trabajo de cerámica con la leyenda “en esta casa no se habla mal de Chávez”, que todavía está en su sitio y estará mientras vivamos, consigna que ahora usas, pensaba lo mismo que estoy diciendo acerca de ti. No obstante, fue ella quien me indujo a escribir esto que, ahora quizás leas, como sé que en otras oportunidades me has leído.

            Pudieras haber sido el tipo competente por lo menos para ordenar todo. Mandar a los payasos a la parte marginal del centro de la carpa o en el mejor de los casos, a donde deben ir quienes teniendo la tarea de hacer reír, lo que provocan son lamentos.

             Pero alguien está empeñado en hacerte una pésima imagen. No es aquella de corrupto que ha pretendido hacerte la derecha, la que nunca, por lo menos hasta ahora, he creído. Menos la de cruel, capaz de imitar a los viejos policías del pasado. No, Diosdado, no se trata de eso.

             El equipo que creaste o te ofrecieron, como “listo y puesto”, cual decíamos los orientales de mi tiempo, para hacer el programa “Con el mazo dando”, pareciera empeñado en descalificarte. La imagen que ellos te construyen a lo largo del programa es muy pobre. Pareciera más bien de alguien que quiere ser el personaje central de un circo decadente y no la de quien aspira ser presidente de Venezuela. Abunda demasiado el chisme barato, la anécdota sin inteligencia ni pertinencia política. El nivel intelectual de quienes te están conduciendo no se corresponde con lo que aspiras. Busca a Earle Herrera, periodista e intelectual brillante, pídele que se sincere contigo y opine al respecto. Allí tienes a Luis Brito, quien pudiera orientarte también.

             Revisa los últimos diez programas, por lo menos, asesorado por gente que te pueda ayudar y observarás lo que intentan hacer de ti o pensando de buena fe, te están haciendo. No es esa la imagen que el venezolano multitudinario, sin rostro, lleno de energías y alentado en el pensamiento y buena fe de Chávez, ante el escenario mundial, persigue ni perseguiría.

               Te han puesto al frente de un show de muy mala calidad. Es como un circo barato que va de pueblo en pueblo; eso sí, estos muestran su miseria material, no pyeden esconderla, como sus carpas deshechas y sus viejos animales casi fantasmagóricos.  Te exhiben sin mensaje ni nada que interese al venezolano de esta etapa, de ésta tan crucial coyuntura. Te están haciendo un programa que nada tiene que ver con las angustias y perspectivas del venezolano mayoritario, fundamentalmente aquel que ansía un país diferente; de vanguardia en la América nuestra que soñaron Miranda, Bolívar, Sucre y Hugo Chávez. Los aplausos, como de utilería, que allí se escuchan son los mismos que en un show cualquiera, aunque caro, pero de mala calidad. De buena o mala fe, quienes diseñan tu programa, te están banalizando.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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