¿Qué le pasa a Maduro? ¿Por qué su discurso me desespera?

Usualmente el presidente Maduro elude hablar de la cotidianidad que embarga al venezolano. El nunca hablará que el kilo de pollo cuesta ahora tres mil bolívares y seis un cartón de huevo. No lo hará, no porque le parezca un tema pedestre. No. No ha llegado a eso. Más bien creo que esas cosas le atormentan, por lo que prefiere hacer como el avestruz. O ignorarlos para como desaparezcan o por lo menos no hagan daño. Más cuando nada se tiene por decir para garantizar que esa cruel realidad será revertida. Por eso ha preferido poner su atención hasta en exceso en lo que hace o deja de hacer Ramos Allup, distraerse en su programa de salsa y hacer discursos en los cuales nos dice que “estamos venciendo”.  Actitud parecida a la de aquellos boxeadores al borde del colapso por la golpiza que reciben pero, tras cada campanazo que marca el fin un round tras otro, a lo largo de aquel martirio, mientras se dirigen al descanso en la esquina, levantan el brazo derecho en señal que ganan a su adversario o todo les parece diferente a la verdad. ¡Claro esto creen, lo dicen en la esquina en cada regreso y el atolondramiento de los golpes eso refuerzan!

            Ahora acabo de leer una frase que hasta dudo sea cierto. No me parece posible haya dicho eso. Es un cambiar radicalmente de estilo. Ya no es esconderse ante la realidad, fijarse imágenes distintas, que distraen, elaborar discursos con temas que enamoran y ocultan las heridas, disfrazan el dolor. Por eso cuesta creer haya dicho eso. Para él, según el medio que difundió la información, “la caída de los precios del petróleo no han desmejorado la calidad de vida del venezolano”. Aunque viéndolo bien, a lo mejor sus razones tiene. ¡Vaya usted a saber qué quiso decir en verdad! Si leemos bien, porque no se extendió o abundó en el asunto, no afirmó que esa calidad de vida haya mantenido su nivel en estos últimos años, desde que él arribó a la presidencia, No lo dijo. Si dijo que la “caída de los precios del petróleo” nada tiene que ver con eso.

            Bien pudo querer decir que si bien es cierto, porque es demasiado cierto, pese lo que afirma muy orondo el ministro Menéndez, que cada venezolano “se mete tres papas completas diarias”, por sólo hablar de esto, que cada día se hace más difícil el comer, eso no es por los precios del petróleo. Si fue eso lo que quiso decir, razones tiene.

            Si las cosas, desde el principio se hubiesen hecho bien, como en Bolivia y Ecuador, la caída de los precios del petróleo no nos hubiese afectado. El asunto es que no las supimos hacer. Por ejemplo, la caída brusca de la producción en el sector agroalimenticio no es culpa del mercado petrolero. Que las innumerables plantas para procesar alimentos que el gobierno posee estén paradas o produciendo por debajo de su nivel tampoco. Menos que los empresarios hagan toda clase de trampas de manera impune o que el sistema cambiario sea ineficiente.

             Es decir el presidente Maduro ahora comienza a abordar el asunto de otra manera, en otro estilo, pero con el mismo fin, ocultarse o disfrazarse la realidad y por su discurso intentar que nosotros nos embarguemos de su “Mundo Feliz”. Por eso habla de la calidad de vida del venezolano, asume el tema pero concluye que estamos en el mejor de los mundos, pese que el precio del petróleo “se espelongò”, como decimos los cumaneses.

            Claro, uno que va al mercado de alimentos y ya no va a otra parte porque “no hay real pa`eso”, no entiende ese extraño discurso presidencial y se pone a mirar hacia otro lado con desesperaciòn como buscando ese mundo descubierto por Maduro.

            Pero en eso no se queda el presidente. En otras cosas mira distinto a uno. Como si estuviésemos en el mismo teatro pero frente a escenarios distintos. El mira uno y nosotros otro. Como si hubiese alguien hacièndonos truculencias a él y a nosotros.

            También ha dicho, por lo que ve y percibe “no permitiré que nadie se levante de la mesa del diálogo. En esa mesa estaremos todo el 2017 y 2018”.

            Su mundo, su escenario, su verdad, le dice que ese deseo suyo depende de él mismo y él solito. Por eso enfatiza “no permitiré”. La expresión es por lo menos extraña, lo decimos así por siempre mostrarnos comprensivos e indulgentes. El desarrollo o cumplimiento del proceso del diálogo, con todas las virtudes que tiene y lo que Venezuela lo necesita, según el presidente depende de su voluntad. Si él lo permite habrá diálogo de lo contario no.

            Es pues es este también un hablar desde un mundo diferente o escenario muy particular.

            Por estas cosas, a pesar que el presidente nunca se queda callado, uno cada vez le entiende menos. Estamos como en planos distintos; por supuesto, bien sé que en lo que a mí respecta, seguro estoy en el de abajo. Y por esto mismo, nos cuesta sintonizar o ver lo que arriba, en el escenario que mira el presidente, ocurre diariamente.

            De lo que sí duda no me cabe, porque lo siento hasta en las vísceras, es mi escenario, por re o por fa, por la caída de los precios del petróleo, la avaricia capitalista, incompetencia del gobierno y la nula capacidad creadora del empresariado nacional, es que la calidad de vida de buena parte de los venezolanos ha descendido brusca y hondamente.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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