Roy Chaderton Matos, su cómo nostálgica despedida

Siempre he pensado que haber logrado que un hombre como Roy Chaderton Matos, procedente de la vieja diplomacia de la IV República y hasta, según he oído decir, de un sector social poco dado a simpatizar con esos huracanes, palabra que obsesionaba a Chávez, que pareció desatar la “Revolución Bolivariana, fue un éxito y un acierto. Es una muestra más que las causas justas hallan adherentes en todos lados y son plantas que germinan en todos los espacios.

            Confieso, quizás pueda acusárseme de pequeño burgués, que se deja obsesionar y hasta encantar con las cosas que están cargadas de buen gusto, agradar sobremanera por las personas que saben hablar, manejan el lenguaje con elegancia y conservan la calma y el equilibrio en las situaciones más tensas, lo que les permite manejar la palabra para herir hasta lo más hondo y conseguir que el aludido hasta sonría. La sencillez, elegancia, buen gusto y juicio asertivo y justo no tienen motivos para excluirse.

          Soy poco dado a elogiar y bien calificar aquellos que hablan, incluso hasta por los codos, pero muestran demasiada pobreza, monotonía, estridencia y sazón amenazante. Para hablar con sencillez no significa ser procaz y pedestre; saber hacerlo de esa manera, justamente requiere talento, cultura y riqueza lingüística y en eso, el aludido es un maestro.

            No me gustan esos oradores que se limitan como a “hacer el mandado”, hasta bien hecho, pero dejando al acucioso la oportunidad de percibirlo como demasiado simple y carente de valor literario.

          Entre los bellos recuerdos de mi infancia está aquella temprana noche que mi padre, allá en nuestra Cumaná natal, me llevó por los alrededores de la plaza dedicada al Mariscal, se le llamaba aquello “Parque Ayacucho”, lo que no era sino un amplio espacio rodeado de grandes árboles, a una concentración política donde se promovería la candidatura presidencial del maestro Gallegos. Mi padre no fue allí por la política ni lo electoral, sino para que escuchase hablar a un particular orador anunciado para ese evento. Sólo por eso. Habló un verdadero mago, espadachín hábil y prodigioso de la palabra, gracioso y aquello parecía como un concierto musical con orquesta de excelente factura; aquel conversador con la magia de su verbo cumplía con la formalidad de lanzar sus consignas y aspiraciones electorales y al mismo tiempo divertía al público todo y extasiaba a los más exigentes como mi viejo. Yo niño, escuché al personaje, cada frase suya era un poema y hasta bellas canciones. Sus chistes, que hizo en abundancia, venían envueltos en palabras, atadas unas a otras como joyas en una hermosa y delicada cadena. Aquel hombre fue Andrés Eloy Blanco. Por él y por su verbo prodigioso, fue y me llevó a allí mi padre. Casualmente o quizás mejor, por aquellas hermosas cualidades, el poeta cumanés fue Canciller y presidente de la Constituyente de 1946.

            Siempre se ha pensado, y eso nada de malo tiene, que la diplomacia y el buen hablar, deben ir atadas de la mano.  Por supuesto, no es este un valor indispensable y de mayor valor a la hora de evaluar a un diplomático, pero si es el adecuado para ejercer nuestra representación y saber cómo llevar la bestia al matadero con habilidad y destreza; es lo mejor.

           Todas estas palabras insulsas se me han venido a la mente al leer en Aporrea una nota, que pareciera como luctuosa, de Roy Chaderton; pero que pareciendo como una despedida, de quien no quisiera irse, dice unas cosas que merecen un comentario. La nota se derivó de entrevista que a Chaderton le hiciese Ernesto Villegas.

            Con demasiada frecuencia he escuchado, en cada propicia oportunidad, a mucha gente, de distinto origen y nivel cultural, la conveniencia que el personaje del cual hemos hablado ocupe el cargo de Canciller de la República. Han pensado, como he pensado, eso le hubiese dado brillo a nuestra diplomacia. Pero Chaderton, es un veterano diplomático, que lo ha sido por Venezuela desde los años noventa; fue hasta vice Canciller, en un gobierno de la IV República, proviene de familia acomodada y hasta de un partido del puntofijismo, pese ser de la “Izquierda Cristiana” y eso, para muchos ortodoxos es como un pesado fardo. Pese que a lo largo de este complicado, borrascoso proceso se ha mantenido con sobrada firmeza, la que le falto de muchos de extremada confianza, de la intimidad del grupo y hasta de la saudade de la clandestinidad, cárcel. Firmeza que tampoco tuvieron hasta algunos de eso que Chávez solía llamar el proyecto original de “las tres raíces” y menos muchos de aquellos que soñaron, como todavía sueñan otros, con una revolución transformadora en una madrugada avinagrada.

            A esta altura, Roy Chaderton, en retirada o como jugando banco, lo que uno piensa después de leer sus palabras, dice como uno que “materia de política exterior, lo mejor que ha tenido nuestro país es lo que tiene que ver  con la herencia de Chávez.” Agrega que “Al principio de este proceso Venezuela estaba sola y solamente había el caso aislado y excluido de Cuba dentro del continente americano” y empezaron a aparecer regímenes progresistas de izquierda.

            Pero observa que alguna cosas no andan bien. Como que todavía “dentro de la quinta quedan remanentes de algunos errores o vicios de la cuarta república”. ¿Cuánto quisiera uno saber de exactamente de ellos?

           Pero sabiendo eso, de lo que uno imagina mucho, por lo que siempre ha sido el servicio exterior, recuerdo ahora unas graves denuncias de Herrera Luque, habiendo dejado la embajada de México, que Chaderton se vaya o le dejen por allí, como a tantos, cual un viejo traste, y las cosas esas continúen. Pero como una demostración de su lealtad, palabra a la que se le ha dado en veces un empalagoso, otras triste significado, recomienda a los jóvenes chavistas “combatir con más fuerza la corrupción y la incompetencia en ciertos niveles del gobierno” y además, dice la nota, sugirió “no rendirse ante nada”.

            Usé antes la palabra “saudade”, de bellos recuerdos para mí y muchos de mis viejos amigos, porque ella porque alude a soledad y añoranza. Esto es lo que percibo en las palabras de Chaderton. Pero, si de algo sirve, le diré que no está solo; estas luchas acostumbran a dejar en el camino a mucha gente buena, nada banal ni barata. Y aunque nunca puedan formar una concentración, un sindicato y menos una sociedad nada secreta, pero si ignorada, existe el placer de saber que existen, existieron y dejaron sus huellas imborrables.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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