Con los “Los Roberto”, viviré un mundo inventado, rosado, feliz y se acabó la vaina

Ahora mismo, leyendo a un articulista de Aporrea quien comentó que suele tomar aliento diciéndose así mismo frases que  según él, con frecuencia utilizan Mario Aranguibel y Roberto Malavé, como aquella de “Rodilla en tierra”, a nosotros que copiones somos desde chiquitos, formados a fuerza de “chuletas”, de aquellas utilizadas para copiarse en los exámenes, se nos ha ocurrido escribir lo que sigue.  

            Había perdido la costumbre de los domingos a las siete en punto de la noche, sentarme frente al televisor a escuchar a “Los Roberto”, humoristas como muy especializados en lo de ironizar contra los adversarios; un poco como aquello de “mono no se ve su rabo”. Todo eso parecía bien en aquel mundo de cuando la riqueza abundaba, nos “morfábamos” con avaricia el inesperado ingreso nacional – aquel de 140 dólares por barril de petróleo –, comprábamos por adelantado la felicidad para consumirla en una sola noche y aquello le asignábamos el carácter de epopeya creativa que estaba construyendo un mundo nuevo, una sociedad distinta y hasta una potencia. Nos dijimos vamos al socialismo y creímos que como los carajitos se compran lo que quieren a costilla de sus padres bien apertrechados, podíamos también adquirir por la vía mercantil un mundo socialista. Ese donde el consumismo fuese la pauta.

            Los contrarios en todas sus versiones gozaban todo aquello por demás, hasta más que nosotros. Sobre todo que el pobre que apenas podía recoger las migajas del festín o los pendejos como uno, incapaces de entender que era negocio comprar entonces dólares a cuatro bolívares y guardarlos, si no en un paraíso fiscal, por lo menos en el colchón. Los jefes de aquellos, los primeros, se percataron que aquel festín podía durar largo tiempo y optaron por dos cosas, aprovechar la abundancia, la permisividad, el derroche, descuido y complicidad de adentro, para sacar de aquí lo que pudieran y comprar a precio de cambio que favorecía a los importadores toda cuanta cosa se pudiese acumular. También, por proponerse recuperar el “coroto”, entiéndase el gobierno, para que aquella abundancia que a ellos llegaba, pero filtraba hacia abajo unas migajas, terminase en sus manos sin ningún goteo, quizás por aquello de “burro amarrao leña segura”. Por eso, pese aquella parranda consumista, inventaron cosas inexplicables como “con mis hijos no te metas”, “te vamos a quitar la carnicería”, “de dos carros te quitaremos uno”, mientras en la vida real nada de aquello sucedía, pero sirvió para ganarse a una clase media asustadiza que “gozaba una y parte de otra” y no se percataba. Estaba en medio del festín como borracha.

            Ante aquella pieza picaresca, “Los Roberto”, muy circunspectos frente a lo que hacía el gobierno, nada de hacerle críticas, todo anda muy bien,  se dedicaron sólo a buscar chistes en los disparates que hacían en la casa de al lado; de cómo inventaban vainas ridículas de las antes nombradas, dislates o disparates de Manuel Rosales y uno, nada perspicaz, creyéndonse muy intuitivo y con el “tercer ojo”, disfrutaba de “Los Roberto”, como quien ve la paja en ojo ajeno. Había razones para estar felices, más con aquellas cifras alentadoras que todos los día nos brindaba desde el INE, nuestro viejo amigo y compañero Elías Eljuri. Además, quien se pone a mirar para todos lados, lo que no es mala actitud, es asunto de precaución, como en  todo corre riesgos, tiene sus desventajas,  y hasta está sujeto a castigos, reprimendas y “cortes de pata”.

           Pero la guerra no convencional, aquella que empezó por las anteriores consignas que percibimos como ridículas, infantiles y propias para reír,  igual que aquello de “Las manitas blancas”, que pudieron haber creado imagen pacifista que serviría para justificar la violencia posterior de las guarimbas y  quizás de “fuente de inspiración” rica a “Los Roberto”, fue introduciéndose con tanto éxito para sus promotores que crearon un escenario en buena medida parecido a los efectos que produce una convencional, con tanques, aviones, fusiles y marines. A Dilma, que como Lula, nunca ha presumido de la audacia de intentar volar al paraíso, la acaban de suspender. Pero de ella, vale destacar que en su discurso defensivo, leámoslo con detenimiento, es por demás muy política, comedida y no incurre en necedades o excesos verbales.

            La verdad “verdadera” nos está volviendo locos a todos. Toda conversación termina, inevitablemente en lo mismo, en llorar o lamentarse hondo por el costo de los alimentos, ausencia de muchos de ellos, medicinas y paremos el llantén. Paramos y nos decimos, olvidemos este drama, cambiemos el tema y basta plantear uno nuevo para que de inmediato caigamos en lo mismo. Estamos permanentemente en eso que llamamos un círculo vicioso.

            La cosa es tan alarmante, los gritos y gestos de desesperación parece permean hacia arriba, tanto como para gente que uno cree buena, bien intencionada, como Pérez Pirela, que desde el 6D para acá viene cambiando un poco su actitud de analista acrítico frente al gobierno, ahora en el programa de “Globovisión a la Una”, haya dicho lo que muchos hemos venido diciendo desde largo tiempo atrás que, en todo esto, gobierno y oposición son igualmente responsables. Hasta Andrés de Chene, empresario pero muy comedido y siempre hasta en actitud defensiva del gobierno ha escrito “No se aguanta más”, por el drama económico y la evasión o el “hacerse el loco” del gobierno. Y se ha dicho todo aquello por qué, en medio de la anterior abundancia, pudiera ser no apropiado ahora repetirlo, basta decir que los segundos, los opositores, simplemente quisieron siempre acceder al poder a “como sea y ya”, causando todos los males conocidos y el primero nunca ha acertado, ni siquiera reaccionado en el tiempo apropiado para responder los ataques y tampoco ha sabido usar las armas de su arsenal.

            Entonces, como uno poco puede hacer para que las cosas cambien y por lo menos podamos “vivir la vida”, sin caer en esos gestos de quienes amenazan con quitarse la ropa, hacerse de héroes para recoger las migajas, llamar a la gente a “hasta las últimas consecuencias”, sin decir nada del qué hacer, sino pedir más sacrificios, no habiendo “Radio Rochela” o el “Programa de Joselo”, que muy críticos fueron, prefiere volver a las noches de domingo en el canal 8 y solamente ver, en toda la semana, el programa de “Los Roberto”, donde uno se introduce en un mundo virtual pero feliz, como rosado. Bastante “que me distraje y soñé” con aquel mundo de hombres fabricados en serie de la novela “Un mundo feliz” de Aldous Huxley.

            “Los Roberto” nos inundan de libros, citas de muchos de ellos, restriegan nuestra ignorancia con muestras abundantes de su cultura y estilo mordaz; y sus razones tienen, quizás poco ayuden, según el entender de los desconfiados, pues nunca abordan el asunto de fondo, “¿por dónde le entra el agua al coco?”. Pero eso que hacen, nos llena de optimismo y creer lo que con frecuencia dice el presidente: “Estamos venciendo”. Aunque estemos llenos de moretones.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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