¡Pega Maduro!, ¡¡Pega Maduro!!, ¡¡¡Pega Madurooo!!!, cayó Maduro...

De un tiempo para acá varios "incondicionales" han venido asumiendo y expresando críticas sobre una realidad que resulta tan obvia como inocultable. Uno de ellos, por supuesto, es Luis Brito Garcia que a partir de su artículo "TItanic" afanosamente pretende romper el "hielo" y alertar sobre cómo, en el mejor de los casos, el pueblo llano podría estar interpretando las medidas y el comportamiento del presidente Maduro en lo que respecta a la Guerra Económica, y sobre todo, al flagelo de los bachaqueros.
 
Demostrando innegable compromiso para con este Proceso, cada día se le aprecia, y es evidente, la profunda preocupación sobre nuestra actual y patética realidad. Está claro que Maduro no es el problema, sino que al igual que muchos estamos convencidos que en su entorno, como bien podría estar la solución, también se encuentra la raíz de todos nuestros problemas.

Negarlo, como algunos ultra fanáticos pretenden, sería caer en el deshonroso desliz cometido por aquel sobre exitado locutor que por transmisión radial palmo a palmo seguía la célebre pelea del aun recordado Betulio González: "¡Pega Betulio!, ¡Pega Betulio!, ¡¡¡PEGA BETULIOOO!!!, cayó Betulio..."

Preocupación que no sólo es compartida por todos sino que, de continuar dando la pelea como la venimos dando, de un momento a otro, sin ni siquiera importar que haya sonado la "campaña", estaremos definitivamente en la "lona", como bien ocurrió en aquella aun recordada pelea.

Es cierto que el bachaqueo se extiende no sólo a esa práctica que regularmente, y de manera folclórica y obligada, vemos asociada a TODOS los supermercados del país, desafortunadamente esta nauseabunda estampa es la punta de un Iceberg cataclísmico que nos desfonda nuestra aporreada embarcación. Las cuantiosas sumas de dinero que los bachaqueros de Cuello Blanco, por los Bachaqueros de Camisa Roja, han desaparecido raya en cifras escandalosamente alarmantes, que mejor ni ofrecerlas.

Ni siquiera se sabe a qué se está jugando, todo el mundo hace y deshace ante la mirada impávida del funcionariado, y el peligroso cansancio de un pueblo en franco y explosivos hastío. La acción de Gobierno, escasa o nula, es verdaderamente pisoteada y ridiculizada por este vandalismo que se extiende de manera arrogante y sin control.

 Es increíble la cantidad de expedientes y sanciones que reposan en Caracas, a la espera de una firma, sin que para la fecha se halla multado o sancionado a todos esos miles de establecimientos que, reclamando su gota de sangre, de manera apátrida diariamente descuartizan al venezolano.

Innegable e inocultable es lo que viene ocurriendo con el alcalde Omar Prieto (Municipio San Francisco, estado Zulia) que viene sorprendentemente afianzando popularidad, inclusive en sectores de la Oposición, dado a su frontal y desmaquillado modo cómo enfrenta en sus predios los bachaqueo.

Populismo o Responsabilidad por ahora no se está en condiciones de distinguir. Lo cierto que por lo menos es una buena manera de dar señales y compromisos de que se asume la persecución, con mano firme, sobre este corrosiva y contagiante enfermedad.

Mientras tanto el presidente Maduro en una esquina del cuadrilátero, que cada vez se le torna más pequeño y pendenciero, gracias a su equipo se asesores y gobierno, continúa dando sus mejores golpes con el rostro. 



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Waldo Munizaga


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