Al coño, el Juicio Final

Recién conocida la noticia los celulares no dejaban de sonar y hacían imaginar el corre corre frenético de muchos y muchas que seguramente, al abrir cada conversatorio lo hacían de la misma peculiar manera como el zika tiene a muchos, contra el piso y francamente cagad..., "ahora si es verdad que se arrechó Maduro". Indistintamente si el notición los beneficiara o perjudicara resultaba obvio que aunque lo esperaban y lo temían nunca creyeron vivir para creerlo. Me era fácil imaginarme, desde la más casta e ilusa de las inocencias, ver a todos esos arrogantes y ahora humilditos personajes, reunidos y perfectamente enfilados, a la manera india, y con rostro de "al coño el Juicio Final", buscando la manera más creíble para argumentar las razones para poder continuar en el reino de los cielos, y permanecer en la gloriosa casta de los encumbrados del PSUV. Por supuesto manteniendo muy oculto el morboso temor y el taquicárdico desconsuelo de ser descubiertos algún día, y que sin embargo, a pesar de tanto teatro, por la delatada forma de sudar y por la hiperventilada manera de querer parecer simpático, se veían con las manos en la masa al no poder justificar los milloncitos recontrarequeterepetidos, los taxis ideológicamente parqueados al final de su conciencia revolucionaria, y la francachela de su nueva y asumida "humildad", hechos que irremediablemente les conllevaría a caer en las brazas del fuego eterno donde, según el expreso Marcos 10:25, debían ir a parar todos los socialcapitalistas que, preñados de buena voluntad y presa de su más exacerbado egoísmo, por su desmedida corrupción eran mucho más peligrosos que los maníacos de la acera del frente.

Sacar los Vicepresidentes del PSUV en las regiones tenía por laudo propósito verificar el comportamiento de nuestro partido mediante una autoridad central que corrigiera los ya conocidos e insoportables improperios funcionales de nuestra estructura, tan provinciana como caudillesca. Al menos eso era lo que de manera rimbombante pretendía hacerse creer, para dar evidencia que a Maduro por lo menos ya no se le podría tan descaradamente caer a cuentos sobre la realidad de nuestro partido. Y que mediante esta estrategia, ciertamente amenazante, se abrogaba el derecho de remover a quienes, de ahora en adelante, no entraran en carril.

Pero no nos hagamos ilusiones, quienes están ostentando actualmente el poder, por supuesto, no querrán salir de él aunque se les compruebe lo dañino que resulta su presencia en nuestro histórico propósito de continuar en la senda y con el legado de nuestro Supremo Comandante. Más cuando por todos es conocido que cada uno de estos elementos resulta solo un eslabón de una cadena que encuentra razón de ser y fuerza en la automática y refleja lealtad que le merecen a una "cabeza" que, en contraprestación a esta húmeda veneración y sumisión, les procura y garantiza la inamovilidad vitalicia dentro de la estructura del partido. Enfrentarse a uno de estos eslabones sería inútil sino se combate a la propia cabeza de la "cadena". Devenir peligroso pero necesario y que si por lo menos se tuviera la voluntad, la paciencia y la gallardía de estudiar, lograríamos fácilmente visualizar que en cada región se presenta igual o parecida detestable realidad, quien verdaderamente maneja los hilos del PSUV se asume la pretensión de mantener un séquito de "patrióticos" gendarmes en estos puestos. Un establishment de republiquillas que en el caso del Zulia, paradógicamente ni siquiera la ostenta ni le obedecen al propio Gobernador, y que ha venido originando que los últimos candidatos (sobre todo a la Alcaldía) que no sean de previo interés para esta cadena "pierdan" inexorablemente. Sino que lo diga el propio Pérez Pirela que después de caer todavía anda corriendo.

La noticia, si bien muy esperada nunca del todo fue creída, indistintamente quien la recibiese resultó "bomba" e ilusionó, debo decirlo, a todos los que creemos que algo se puede hacer por esta aporreada Revolución, antes que definitivamente todos nos tengamos que marchar al fondo del mar para arar nuestro merecido fracaso. Y es que, como le decía a mi buen amigo y artista plástico Richard Leal, nuestros males han sido tan desatendidos que todo propósito por combatirlos se nos convierte en un peligro mucho mayor del que ellos propiamente resultaban.

Es claro que tampoco debemos ser tan vilipendioso con quien quiere, aunque lo lleven a estar actuando como en el infantil juego de "la gallinita ciega", salir del atolladero en que se encuentra. Sabemos que en estos tiempos de profunda crisis una Constituyente política habría sido lo mismo que cambiar de caballo a mitad de un río demasiado torrentoso y traicionero. Hacerlo de seguro hubiera terminado con un PSUV totalmente dividido y en pugna permanente, hasta el más flojo e incapaz de los mortales se hubiera creído con pretensiones de ocupar estos cargos, y de no lograrlo buscaría seriamente incendiar el partido. Aunque, también es verdad, que de quedarse con el actual PSUV el presidente Maduro puede tener la seguridad que, en el mejor de los casos, tendrá como destino seguro el exilio.

Una salida menos salomónica y más aristotélica sería la opción del Justo Medio. Emprender el camarada Dario Vivas (en el caso del Zulia) el control inmediato de la estructura del Partido y asumir el trabajo mediante una verdadera revisión de los cuadros y el funcionamiento que ostentan actualmente los Equipos Parroquiales, sobre todo de aquellos que se han convertidos en los verdaderos papaupas de esta rochela (los coordinadores de organización) y los más detestados por la militancia. Por supuesto sin dejarse engañar por los harapos y las caritas de huerfanitos con la que de seguro se presentaran algunos y algunas, lo que también puede resultar de guía para comenzar a dedicarle un más exhaustivo y frío estudio. No teniendo padrinos pronto, y sin mucho control, se presentarán tal como verdaderamente son. Algunos con un desequilibrio emocional tan marcado que hará dudar de la propia cordura de quien la mantuvo en el puesto.

El camarada Nicolás debe entender que la crisis política de nuestro partido, y la dictadura en que se ha convertido, no es meramente una realidad que se pueda remediar de manera cosmética, como se hacen con algunas arrugas y con algunas medidas que han quedado en el olvido. Las fisuras hoy presentes son tales que ninguna empresa que pretenda llevar a cabo le será satisfactoria. A partir de los resultados del 6D una buena parte de nuestra militancia reflejó no solo un descontento, sino la más cruda lección y advertencia, logra verdaderamente gobernar o esto se lo lleva quien lo trajo.



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Waldo Munizaga


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