¿En qué andamos en revolución o en cangrejera? ¿No escucháis el ruido de las piedras río arriba?

Nosotros desde casi carajitos, andamos con la palabra revolución en la boca. Hemos soñado con una revolución que como esos ríos desbordados, entrase en los potreros, se llevase el estiércol y la basura toda y, de repente, al acabarse la torrentera, emergiera de aquello una sociedad nueva, distinta, entonada y limpia, como cuando se hace un motor completo. Creímos que por allí andaba la vaina, pero claro, apenas éramos unos chamos y soñadores.

Cuando todavía andaba por los diecisiete años, empecé de animador de un mitin en Cumaná, en el cual hablaría Betancourt, recién caído Pérez Jiménez, en un momento que “El Napoleón de Guatire” con mucho disimulo buscaba la candidatura presidencial. Por supuesto, aquello no lo sabía yo y es más, juraba y perjuraba que aquel pequeño hombre era un revolucionario, siendo él un gran bellaco.

Mientras hablaba a la gente que comenzaba a arremolinarse alrededor de la tarima, con demasiada insistencia, pronunciaba la susodicha palabra, como quien quería abrir la cueva de Alí Babá. En esto llegó aquel a quien mi viejo amigo y compañero Caupolicán Ovalles, le escribiese su irreverente poema ¿Duerme usted señor presidente? Apenas me escuchó a mí, al jovencito animador, pronunciar por una sola vez la palabra “Revolución”, aquel viejo cizañero, amo de toda la marramuncia junta, inventada por otros y las inventadas por él mismo en su insidioso quehacer, ordenó a quienes le rodeaban que quitasen de allí a aquel carajito cabeza caliente y pusiesen a alguien ponderado; es más ordenó me bajasen de la tribuna. El buscaba el apoyo hasta del estiércol y éste y aquella palabra o quienes la usábamos como amuleto, eran como el aceite y el vinagre. ¡No había forma de juntarlos!

Pero a esta altura, después de haber, más como polizonte que de viajero con pasaje y papeleo en regla, transitado por la historia, desde la comunidades primitivas eurocéntricas, africanas, por el modo de producción asiático y de esta parte del mundo que los colonizadores mal llamaron América, he comprendido que una revolución, que implique el cambio de las relaciones de producción de privadas a socialistas, la naturaleza del Estado, la conducta de las personas, aunque estas sean obreras y excluidas y lograr a corto plazo una sociedad altamente productiva, aunque no sea para aquel sueño marxista de “a cada quien de acuerdo a sus necesidades y de cada quien de acuerdo a su capacidad”, no es un asunto tan fácil como para que lo haga realidad una generación. Hasta ahora, en la historia humana, en ninguna parte se ha logrado ese portento. Quien sostenga lo contrario miente, de lo contrario que lo pruebe.

En el caso venezolano, es cierto que como dijo Chávez, el petróleo puede ser una pequeña palanca para impulsar el socialismo. Pero hasta ahora, lo que hemos logrado, a través de generosos programas como Barrio Adentro, GMVV y otras cosas que sería largo enumerar, lo que hemos hecho o ha hecho nuestro gobierno, es repartir generosamente, en veces hasta en exceso, la renta petrolera, como también hemos podido mantener una política internacional que apunta a la unidad e integridad de América Latina y el Caribe y sirve de ejemplo a muchos pueblos del mundo. Pero en materia económica, no hemos podido siquiera sentar bases confiables de la independencia alimentaria y la vieja tarea de romper con el rentismo petrolero, después de 15 años de gobierno, todavía es una esperanza poética de nuestros gobernantes y muy parecida a nuestros viejos sueños juveniles.

En lo que también hemos sido prolíficos es creando, engendrando o produciendo cangrejos. Todo asunto se nos encangreja. Son muchos los cangrejos sonados y súper conocidos; quizás sean miles los moluscos que no suenan o pasan por debajo de la mesa. Se van con su “caminar hacia atrás”, como solemos decir los cumaneses, sin que nadie les recuerde.

Las destituciones de Samán, la de los tiempos de Chávez y la segunda de Maduro, quien le sustituyó por una jovencita, se nos volvió un cangrejo hasta clonado.

Los asesinatos de Danilo Anderson y Otaiza, también se encangrejaron; tanto que quien meta un palo en la cueva corre el riesgo que le quiten un “deo”.

Se nos volvió un pequeño cangrejo el asunto de aquella maleta llena de dólares que un carajo intentó meter desde Maiquetía a Buenos Aires. Sólo sabemos que los gringos se tomaron el asunto para ellos, lo encangrejaron y le metieron en una lata.

Una cangrejera enorme, como esas que uno hallaba en la laguna de Castillito, allá en Cumaná, se nos volvió lo de los 20 mil millones de dólares de los que nadie sabe nada. Y en cangrejera se convirtió la denuncia que al respecto intentó hacer Giordani. Como es una cangrejera lo de aquellas “empresas básicas” que no son nada de eso porque sólo nos reportan pérdidas. ¿Qué cosa es sino una cangrejera la vaina del contrabando? Agarran gandolas y gandolas, que por el tamaño más que cangrejos parecen langostas y con ellas detienen a los conductores, pero los dueños no aparecen ni en pintura.

¿En qué sino en cangrejeras se nos están convirtiendo el asesinato de Robert Sierra y lo sucedido con el llamado colectivo “Escudo de la Revolución” en el cual salió muerto, entre otros, un señor apellidado Odremán, de quien sus familiares dicen era un militante del proceso?

Para no cansar y no generar molestia, con este canto que no es sino uno de angustia de un soñador que sigue soñando en el cambio, en una sociedad nueva y justa, terminaré preguntando, solo preguntando, como decir buscando respuestas: ¿No son acaso unas cangrejeras, esos asuntos preocupantes de la economía, política cambiaria, inflación galopante, depauperación del salario? ¡Parece que los son! Pues pese que uno pela el ojo y para el oído, no escucha que el gobierno haya escuchado el ruido de las piedras río arriba.

Mejor dejo esto hasta aquí, no suceda que reaparezca Betancourt y me baje de la tarima.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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