Creo en el Chávez humano, de carne y hueso, hijo del Pueblo y continuador de sus luchas históricas, crítico y autocrítico y en su Legado Revolucionario

Con la satanización por parte de la jauría eclesiástica, mediática y política de la lectura de la poesía leída por la paisana María Estrella Uribe en la jornada del III Congreso del PSUV relacionada al debate sobre la activación del Sistema Nacional de Formación Política se generó todo un aspaviento que demostró una vez más la intolerancia y la superchería de la derecha reaccionaria heredera de la inquisición medieval, de esa cúpula religiosa necrófila y oscurantista comprometida con los crímenes de las genocidas dictaduras latinoamericanas de las décadas de los 50´ hasta los 70´, pero más allá del barullo este hecho potencia otro debate sustancial para la continuidad del proceso revolucionario.

Entre los aportes más importantes del comandante Hugo Rafael Chávez Frías es el de haber recuperado para el pueblo venezolano, latinoamericano y mundial el carácter revolucionario del legado de otros luchadores por la emancipación, sobre todo de Simón Bolívar a quienes los acartonados y retrógrados historiadores oficiales lo despojaron de su naturaleza humana y lo convirtieron en una estatua de frío mármol descontextualizada e inocua ideológicamente muy propicia para admirar pero inútil para guiar las luchas del pueblo y la construcción de la patria socialista.

Bajo su egida discursiva, así como en la lógica de la toma de decisiones fundamentales, el Cmte. Chávez asumía los postulados y reivindicaciones contenidas en este acumulado histórico popular como sustento de coherencia ideológica y concreción política, y así fueron comprendidos y aprehendidos por el pueblo, no como producto de una entelequia infalible y sino como síntesis teórica y base de la sistematización de la praxis de la transformación.

A pesar de que el presidente no pudo continuar con su existencia física nos dejó su legado, más allá de sus aciertos y errores coyunturales, tácticos y estratégicos, como el de haber sinceramente creído que Luís Miquelena era su papa político, el de haber apoyado por una lealtad mal entendida (no fundamentada en el compromiso político/ideológico) para cargos públicos a algunos personajes, que seguro sin su consentimiento y para su sorpresa, terminaron por traicionar al proceso y a él mismo con actos aberrantes de corrupción o de manifiesta felonía al pasarse al campo enemigo.

En el ámbito estratégico el de proponer la orientación inicial del capitalismo humanista o la posterior y recurrente defensa de una supuesta pero falsa existencia de un sector empresarial nacionalista, error que mantuvo hasta el final y del que otros aprovechan ahora para propiciar la línea de conciliación de clases, que ha tenido como consecuencia, los grandes negociados de divisas y los acuerdos de los precios de los bienes y servicios con la burguesía parasitaria saqueadora de la renta petrolera.

Por eso no creo en el Chávez de mármol y mausoleo, inmaculado y omnisapiente, ni el de los golpes de pecho de burócratas que juran lealtad en el cuartel de la montaña y en el discurso, pero que traicionan en la práctica de forma permanente y consciente su ideario y su ejemplo, creo en el Chávez hijo y parte del pueblo y sus luchas, cuya claridad ideológica le permitía reconocer en el campo socialista al otro y su diferencia, a pesar de la dureza de la confrontación y que era capaz de admitir un error en medidas anunciadas o en una desviación en el rumbo del proceso, dándole paso a la crítica y la autocrítica propositiva como elemento constituyente y esencial de la permanencia y profundización de la revolución bolivariana.

Creo en el Chávez que propuso el golpe de timón y dio las recomendaciones a Nicolás Maduro en su última alocución pública ante el país, donde le encomendó la titánica tarea de liderar el esfuerzo de conducir la revolución siempre con y para el pueblo, el que fustigaba a sus ministros y se indignaba ante las injusticias del capitalismo, el que impulsó las misiones y se comprometía y cumplía con los intereses nacionales y la unidad latinoamericana y caribeña más allá del pragmatismo diplomático de los gobiernos.

Lejos estamos en consecuencia de creer en el tipo de culto a Lenin establecido por la burocracia stalinista de la Unión Soviética, que de unión de consejos de trabajadores, campesinos y soldados (soviets) ya no tenía nada diez años después de su muerte, mientras ante la presencia de la momia y las innumerables estatuas, murales y ediciones de las obras escogidas asesinaban a toda una generación de marxistas rusos y degeneraban el estado proletario a servicio de la emancipación social por el que el revolucionario bolchevique ofreció su vida.

Evitemos ese destino nefasto a tan importante legado para los venezolanos y en especial para el pueblo chavista, cuando los comuneros, los trabajadores, los campesinos, los estudiantes, las mujeres y todos los sectores populares organizados siguen movilizados y en la lucha consecuente contra el capitalismo y en contra de las inconsecuencias de una parte del gobierno burocratizado que pretende entregar el proceso revolucionario para asegurar privilegios obtenidos en el manejo discrecional del poder, estamos garantizando la continuidad del proyecto histórico y la posibilidad de la construcción de la patria socialista.


Franklin Zambrano CI: 9231328
Trabajador Académico UBV-Táchira
Integrante de la Corriente Marea Socialista-PSUV
framizaber@hotmail.com


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