La revolución coja. Qué más que pactar la paz económica

Son dos artículos refrenados. El primero de ellos fue escrito cuando la derecha anunciaba su nueva operación golpista y el gobierno, asustado, llamaba al diálogo y la paz. El segundo lo escribí cuando sus guarimbas languidecían. Me resigné a esperar, tal y como lo decidió el gobierno, que se cansaran de sus, estúpidamente asesinas, hostilidades.

La revolución coja

Fue el propio Chávez, en su Plan de la Patria, el que dijo que para llegar al socialismo había que pulverizar completamente la forma burguesa de Estado que heredamos…

Y como el Estado es el aparato político necesario para el funcionamiento controlado de una Nación que, con identidades e historia común, vive en un territorio específico, sobre el que se ejerce soberanía total, apoyado en un determinado ordenamiento jurídico y con la capacidad para utilizar la fuerza de las armas en su defensa; el que hay que pulverizar es el que la burguesía construyó para apropiarse de la riqueza de esta Nación sometiendo al pueblo.

Pues bien ¿cómo se hace eso de pulverizar, sin abandonar la vía democrática, esa forma de Estado que aún nos constriñe de avanzar al socialismo? Esa es la clave del proceso de transición que estamos viviendo, que puede avanzar o estancarse definitivamente.

El avanzar no es tarea fácil, pero, seguro que no es inventando nuevas misiones que dejan otras olvidadas, ni nuevos planes que abandonan otros a medio ejecutar, ni confundiendo los caminos con constante e ilusos anuncios de nuevas nomenclaturas: Gobierno de calle, Gran Misión Eficacia o Nada, Gran Misión Barrio Nuevo-Barrio Tricolor, Activación de Corredores, y ahora, para más vaina, Plan de Paz y Convivencia. ¡Basta de distracciones mediáticas! dejemos de imaginar la revolución como un caracoleo de potrero, ella es un campo de batalla.

La pulverización del Estado burgués con las menores penurias posibles, sólo se logrará gracias al galope de una potranca que, sin titubeos, suelte sus cuatro patas de manera incontenible. Esas patas son: 1º. Poderes públicos corajudos y eficaces; 2ª. Partido de masas que mantenga la hegemonía electoral; 3ª. Educación para enfrentar el consumismo con la moderación, el individualismo con el colectivismo y la competencia con la cooperación, y 4ª. Un gobierno comunal en cada ciudad que controle sus medios de producción.

En ese escenario de la lucha de clases, no hay galope que valga con una potranca que cojea de tres de sus patas.

Qué más que pactar la paz económica

Lo único que producimos (en cantidad y desde hace mucho tiempo) es petróleo. Los que saben de eso dicen que el 97% del ingreso de divisas proviene de un único productor: el Estado. Tal cosa explica que la confrontación de clases no sea por los medios de producción, sino por el control de ese Estado.

La burguesía venezolana, por pereza genética, parasitó al Estado chupándose la mayor parte de la renta petrolera que producía. Resulta que Chávez, para atender al pueblo, le redujo la mamada a un 25 o 30% de lo que era. Y se armó la bronca con el nombre que le quieran dar.

De ahí las imágenes de elegantes señoras, con sus brillantes camionetas Cherokes abasteciendo a los guarimberos de Altamira; o de catiritos de la Simón Bolívar que, por un lado apedrean ambulancias en emergencias, y por otro piden auxilio a USA.

Por eso no es casual que la lumpenburguesía de la calle B de Los Ruices, que mata soldados y taxistas desde sus balcones, se parezca a la de San Cristóbal, que sacrificó temporalmente su actividad de contrabandistas, para, junto a los narcos colombianos, incendiar la ciudad.

Ni es sólo la droga lo que vincula a la farándula de Los Ángeles, Las Vegas o Miami (que dice llorar por Venezuela) con lugares como Medellín, Panamá o Washington. Es parte de lo que el mundializado complejo financista, militar y comunicacional, hace para respaldar mediáticamente estas escaramuzas mientras les dice a los líderes de la MUD que pasen agachados, hasta que todo este listo para tomar, de nuevo, el control del petróleo.

El drama no está en lo que, con mucha simplicidad, he tratado de describir. El drama no es la tormenta sino lo que ella ocasiona, sobre todo por no haber sido capaces de tomar las previsiones del caso. Me refiero a que, si bien, no ha sido muy traumático expropiarles algunos medios de producción al capitalismo, pues, (con la excepción de la tierra) nunca les sirvió de mucho; hemos fracasado en construir, a partir de ahí, una economía productiva de propiedad social, y sin ella no hay socialismo que valga.



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José Manuel Rodríguez


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