La victoria de Garcés o cómo matar dos pájaros de un tiro

Debo confesar que los criterios que a continuación expondré revisten cierta carga de subjetividad toda vez que la distancia que me separan del sitio de los acontecimientos podría distorsionar la visión que tengo de los mismos, pero el hecho de carecer de suficiente información de alguna manera, y paradójicamente, los avala. Me explico. Pocas semanas antes del reciente evento electoral fue cuando me vine a enterar que el ingeniero Francisco Garcés optaba a la alcaldía de Guaicaipuro. Algo extraño para una persona que como yo trata de mantenerse al día del acontecer político nacional a través de Sistema. Todo un “usuario” pues.

Esta primera sorpresa -agradable por demás ya que la imagen del joven profesional al frente del Funvisis, nos despertaba confianza- avizoraba un toque de seriedad a lo que en líneas generales se mostraba como el consabido carnaval electorero. No estuvo presente en la candidatura de Garcés un ápice de divismo mediático, al grado extremo, que al país entero (me atrevo a asegurarlo) le paso lo mismo que a mí: no enterarse o enterarse tarde de que en esa parte de Miranda se peleaba contra la derecha fascista en buena lid y con la seriedad que tal contienda amerita. Seguro estoy que el camarada Francisco no le enrostró a nadie sus estudios universitarios, su doctorado y su “preparación académica”. La modestia es una virtud, dicen.

Luego de la victoria obtenida, Garcés sí es noticia, no era para menos, y en muchos medios se reseña la importancia del espacio conquistado para la fuerza chavista ¿Sabrá el Psuv valorar la actitud consecuente y modesta de este uno de sus más responsables miembros? No sé si su campaña se contaminó con las ideas de banalizar la revolución, de cambiar la consigna revolucionaria por el eslogan publicitario, la lucha de clases por la guerra de los sexos, la movilización militante por el sancocho adeco, el “agresivo” rojo chavista por el bien portado y candoroso azul celeste, no sé. Pero los resultados me dicen que el pueblo no es ese Rip van Wincle que muchos quieren ver en él y que si supo distinguir entre esta opción y otras de muy diferente talante.

Recién ha dicho el nuevo alcalde que no se equivoca aquel que gobierna con el pueblo. Parece que Francisco está claro que un líder no es un reloj de alarma que pretende andar por ahí despertando a un pueblo dormilón y agüevoneao. Garcés sabe que un verdadero líder es aquel que movilizándose con el pueblo, lo interpreta y sabe marcar el rumbo a seguir para que este, con sus propias fuerzas, conquiste sus reivindicaciones más sentidas. Pero las tentaciones son muchas y muchos se inclinan al mesianismo. Esperemos que el camarada Francisco Garcés sea inmune a los cantos de la tequeña burguesía y no caiga en la trampa de ser otro “protector” de su pueblo sabiendo administrar la conquista de la alcaldía y la victoria sobre la mediocridad del electoralismo mediático y farandulero.

Felicitaciones camarada


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Juan Torres Rodríguez


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