La derecha venezolana perdida entre Washington, brujos y videntes

La derecha política venezolana ha transitado históricamente por un sendero donde la racionalidad política y estratégica flaquea ante las vicisitudes de la confrontación política inmediata, que desdibuja todas las rutas que se trazan y quedan en un sincamino, donde no pueden orientarse y para salir de las incertidumbre suele verse asaltada sus mentes por el pensamiento mágico o por un llamado a un discurso presidencial norteño.

Oshun nos salvara, conozco una señora que lee las venas y las arterias, en Maracay hay un brujo bueno, son expresiones comunes en los grupos de la derecha.  En las últimas décadas, este fenómeno ha encontrado un caldo de cultivo fértil, dada la fuerza que en la población mantiene el pensamiento y la emoción chavista, por lo que, al verse incapaces de articular una ruta propia y coherente hacia el poder, han terminado abandonando la razón y delegando sus esperanzas en el esoterismo y en los vaticinios de los personajes y figuras que prometen soluciones sobrenaturales o en invasiones de extranjeros.

Esta deriva no es solo una anécdota folclórica; es el síntoma de un profundo descuido político y de una dependencia psicológica hacia factores externos que escapan a su control y que tienen objetivos completamente distintos a los nacionales. La mirada de esta dirigencia no está puesta en los barrios de Caracas o en las montañas de los Andes, sino y, sobre todo, en los ciclos electorales de los Estados Unidos, que para muchos se han convertido en una suerte de oráculo definitivo que debe sumarse a su interés por las magias ocultas.

Y esta dependencia hacia Washington ha llegado a tal extremo que la derecha venezolana ya no se divide solo por ideologías o métodos de lucha, o por su origen de clase, sino por su lealtad a los partidos estadounidenses. Esta fragmentación mental se refleja en una consulta constante a "curiosos" y videntes que, alimentan la ansiedad colectiva con fechas definitivas y profecías de cambio inminente. 

El calendario electoral de los Estados Unidos ha traído nuevas fragmentaciones imposibles de ocultar, si ganan los republicanos en las elecciones de noviembre, los sectores más radicales esperan el fuego purificador de la fuerza; si ganan los demócratas, los moderados se aferran a la esperanza de una negociación que les devuelva un espacio en el tablero. En ese proceso, la capacidad de pensar con "cabeza propia" se ha atrofiado, dejando el destino de la oposición supeditado a lo que decida un elector en Ohio o un estratega en el Capitolio en lo externo y en lo interno a los brujos y a la cartomancia.

Este vacío de pensamiento real significa que entre brujos y órdenes de Washington se dictan la pauta emocional y las respuestas de una base opositora agotada. Se habla de "energías", de "justicia divina" y de "señales" que solo los iniciados pueden interpretar. Mientras tanto, la realidad política interna sigue su curso con una lógica implacable de necesidades que atender. 

La reciente Ley de Amnistía es un ejemplo claro de este choque de realidades. Mientras los sectores alineados con la "máxima presión" la denuncian como una trampa basada en visiones de traición, otros intentan descifrar si este paso cuenta con el "visto bueno" del norte antes de emitir una opinión nacional. El resultado es una parálisis operativa donde se espera que el milagro, ya sea provocado por una nueva sanción o por una intervención celestial haga el trabajo que la política de calle y sin organización popular no ha logrado consolidar.

La tragedia de esta derecha reside en su incapacidad para desconectarse del cordón umbilical, léase dólares, extranjero y del misticismo de salón. Al identificarse tan estrechamente con los intereses de uno u otro partido en Estados Unidos, han terminado por importar diatribas ajenas, estrategias extrañas, rechazando cualquier iniciativa local que no encaje en el guion de sus tutores externos.

Esta conducta hace feliz al chavismo que refuerza su discurso nacionalista y los presenta como actores sin autonomía, sin mensaje ni compromiso nacional. Si te llaman a la Casa Blanca, un verdadero dirigente nacional solicitaría el pago de los 5.000 millones dólares que ahora nos deben sin fecha de pago determinada, por llevarse nuestro petróleo. Es que EEUU está quebrado y con ese dinero, según se cree, pagará la nómina de la Casa Blanca o el Pentágono. 

Pero repetimos que una dirigencia que consulta a brujos para saber qué pasará en noviembre en Washington es una dirigencia que ha renunciado a reconstruir su propio presente en Venezuela. Llevan al fracaso a la Amnistía. 

El pensamiento mágico es, en última instancia, el refugio de quienes han perdido la fe en su capacidad de transformar el país desde adentro, convirtiendo la política en una espera eterna por un evento desde el más allá o desde Estados Unidos, que por más que se profetice, nunca termina de llegar récenle a quien le recen.   La derecha venezolana viaja, buscando afuera lo que no construye adentro. Y esperan un caudillo pero ahora de pelo amarillo.

 


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Oscar Rodríguez E


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