¡Qué bella época aquella del viejo capitalismo!


   

El título no es una mofa, ni siquiera un intento de chiste o de crítica. Lo siento, pero creo que todo derechista bien pensado (¿quedan de esos?) estará de acuerdo con estas líneas, y con el título, obviamente.

Lo malo es que también muchos ‘renovados’ que pueblan las huestes de tiendas falsamente izquierdistas pensarán de igual manera.

Es que el neoliberalismo no es exactamente lo que todo fan del capitalismo deseaba; bueno, lo desearon y aplaudieron en un comienzo, cuando los ‘chicago-boys’ tomaron el control de la cuestión económica –allá por 1975– bajo la custodia y cobijo del almirante José Toribio… pero, luego de algunos años comenzaron a cuestionarlo. Ahora lloran por un pasado que les suena como espléndido. Fueron para ellos, los años dorados. Sin embargo, desde hace algún tiempo algo les viene molestando en este nuevo horizonte ‘del mercado’.

¿Quién dijo "adora lo que has quemado, y quema lo que has adorado"? Ah, sí; fue el obispo de Reims (San Remigio) al bautizar como católico a Clodoveo, rey de los francos.

Varios derechistas (y muchos más que varios), pueden sentir que la frasecita anterior les viene al pelo en este momento en que sus tiendas partidarias han sido subsumidas y cooptadas por el extremo del extremo de su propia ideología.

No les molestó en 1974-1977 saber que un profesor de economía de una universidad estadounidense lograba transformar a Chile en un bizarro laboratorio gracias a la ayuda, interesada, por cierto, de algunos de sus alumnos provenientes de esa lejana, pequeña y austral nación. No les desagradó en absoluto… incluso sintieron orgullo por ello.

A poco andar, el experimento de Milton Friedmann y de la Universidad de Chicago, rechazado sin ambages en los Estados Unidos, comenzó a provocar inquietud en algunos sectores empresariales chilenos que se percataron de una cuestión que había pasado inadvertida: el mentado experimento apuntaba a privilegiar los bolsillos de las mega-empresas transnacionales preferentemente.

Tarde quizás, entendieron que el sistema capitalista no podía sobrevivir sin la existencia de corruptelas políticas, narcotráfico, estafas, quiebras fraudulentas, etcétera. Esas ‘virtudes’, propias de ese sistema, con mayor fuerza y profundidad lo eran en el neoliberalismo, etapa actual del viejo capitalismo que transitó antes y durante la ‘guerra fría’.

Habían agradecido a Pinochet el regalo de los cientos de empresas estatales. Fueron felices por corto tiempo, hasta que con dolor –y algo de impotencia e ira– comprobaron que el neoliberalismo había llegado, imponiendo sus reglas transnacionales en ese nuevo período llamado ‘globalización’.

El salvajismo del sistema neoliberal se presentó mediante la apropiación de los principales y más estratégicos recursos naturales del país. Las viejas empresas vieron cómo escapaban de sus manos el agua, los minerales, los bosques, la energía, la telefonía, las comunicaciones, la banca… y cómo avanzaba en política el renacimiento de la ideología fascista y nazi, adversarias históricas de los planteamientos de sus conservadores propietarios.

Abusando de un discurso simple asentado en frases e ideas que prohíjan el aislacionismo de nuestro país respecto del resto de las naciones del subcontinente, y proponiendo el uso de la fuerza y la violencia de un estado policial-militar como métodos políticos para solucionar problemas, además de pontificar un anti feminismo decimonónico y un fanatismo religioso medieval, a José Antonio Kast, no se le ha escuchado ninguna propuesta moderna, significativa.

Tampoco se le conoce como un preclaro legislador, ni se ha distinguido por presentar un plausible proyecto de desarrollo armonioso e integral para el país y su gente.

Por el contrario, conocida es su postura anti-trabajadores, anti sindical y socialmente diferenciadora de clases. Es, en suma, el fiel reflejo del neo-fascismo que explosiona en otras naciones del planeta.

Su principal y hasta hoy único objetivo, es entregarse atado de pies y manos a los intereses y caprichos del presidente de los EEUU. Lo grave es que, junto a él, entregaría también el presente y el futuro de Chile como nación (¿libre y soberana?).

Y como colofón de todo lo anterior, se hace carne en la conciencia de esos viejos derechistas un hecho alarmante; el neofascismo –ahora verdadero comandante del neoliberalismo salvaje chileno– procura asociarse con los intereses estadounidenses… asociarse, claro, mas, con una definida y decisiva total dependencia de los objetivos y órdenes provenientes de la Casa Blanca, los cuales no son otros que aquellos determinados por las grandes transnacionales en beneficio propio.

Ya pasó el tiempo de las frases hechas, de las consignas pro EEUU y anti cualquier cosa que utilizaban los políticos conservadores y liberales hasta el mismo día del golpe de estado de 1973.

Hoy es el tiempo de la dependencia absoluta, de la apropiación del Estado y del fisco chileno por parte de depredadores sionistas y militaristas …

Es el neoliberalismo salvaje, donde cada día hay menos espacio para el viejo capitalismo, ya ‘pasado de moda’ y a punto de expirar. Los viejos derechistas hoy piensan en la frase de San Remigio, aunque al parecer ya es tarde.

El proto-fascismo se ha adueñado del salvaje sistema y no está dispuesto a cederle un milímetro a la vieja guardia.



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