Conversando con un amigo sobre maíz y mazorca

¿Cuáles son las armas melladas de capitalismo?

Pero no es por eso que decidí escribirte sino alrededor de lo que tú escribiste y en donde aludes a “Un Grano de Maíz”. Solía y suelo aún, tamizar mis opiniones porque, pese creo estar dentro de la concepción marxista, pienso que declararlo no aclara nada. Me parece ridículo, ostentoso e innecesario, decir “esto es ciencia o científico”, si no demuestras nada de eso. “El movimiento se demuestra andando”, frase que al parecer dijo Thales de Mileto, es pertinente para asegurar que el marxista no se descubre porque haga citas, sino cómo maneja el pensamiento del alemán y sobre todo por la manera de abordar y aprehender la realidad. En este caso, también es valedera la expresión marxista según el cual, el papel de la filosofía y filósofos no es interpretar o diagnosticar al mundo sino transformarlo, lo que quiere decir, en primer término, proponer las acciones para lograr ese propósito fundamental y trascendente. La frase de Simón Rodríguez, “Inventamos o erramos”, tiene en esto valor trascendente.

Conocí un personaje, muy talentoso, quien había perdido sus cabales, técnico en electrónica, que solía disertar acerca de cómo arreglar el aparato que uno le llevaba en mal estado, pero nunca lo hacía. Este terminaba en un apretujado y desordenado depósito del cual era imposible su rescate. Estando el aparato en algún rincón del cual nadie sabía, era capaz de repetir de memoria su diagnóstico. Pero había algo más, al exponerle a uno, ignorante de aquello, los males del aparato lo hacía en el enrevesado lenguaje de la técnica y uno quedaba lelo y en la luna. En esos menesteres no se percató de los cambios de la modernidad en el ámbito y ya sus frases o diagnósticos diferían de la técnica y la tecnología.

Con frecuencia difiero de muchas opiniones que ponen más empeño en decir que son marxistas, eso sí en lenguaje encriptado, a veces con doble sentido, usando frases tenidas como bíblicas que no recogen lo que uno espera. Esta forma de opinar, la he percibido, con bastante frecuencia, aunque allí suelen emerger muchas contradicciones, entre escritores que son tenidos como críticos y antes gozaron del beneficio oficial.

Dije lo anterior porque quienes expresan o repiten esas ideas, con demasiada frecuencia de manera textual y en negritas, suelen usarlas como estribillos o fórmulas para hacer igualmente un sancocho de pescado que un cruzao de gallina con mondongo. Por ejemplo, gustan mucho repetir frases como “las armas melladas del capitalismo” y relativas a la violencia y el cambio.

Tomo estas dos últimas frases o conceptos, manejados con excesiva frecuencia como estribillos en una canción caribeña, pero abundan otros.

Pero preguntémonos: ¿Cuáles son las armas melladas del capitalismo?

Creo que el Che, autor de la frase, no la explicó en abundancia y en lo de la violencia como agente del cambio, los personajes o a quienes me refiero, parecieran partir de un concepto o experiencia estereotipado y mecánico o reflejo de una concepción que se aviene más con el romanticismo que con la dialéctica marxista.

Todo cambio pasa por modificar lo existente. No se parte o arranca de la nada sino de lo que existe y eso, cambiar lo anterior, es un acto de violencia. Muchos, suponiéndose fundamentados en Marx, parecieran más bien partir de una imaginación que elude la dialéctica. ¿Acaso la violencia se expresa en que tenemos que salir a la calle con las fuerzas que tengamos a descabezar al enemigo, quitarle sus medios, apresarlos o hacer que se vayan del país? No creo que construir el socialismo sea tan fácil o mantequilla. Pero es una idea muy recurrente de las que llamo estereotipadas.

¿Si eso sucediese, cómo sustituimos lo existente? ¿Importamos lo que haga falta? ¿Lo sustituimos con formas y procederes socialistas nuestros? ¿Dónde los encontramos o como prefiero decir, de dónde los sacamos? ¿Del sombrero del mago? ¿Están construidos? ¿Es fácil crearlos? ¿Los sustituyo por capitalismo de Estado? ¿No sería eso también algo como lo del socialismo en dos etapas? ¿Creo unas relaciones nuevas para iniciar otro combate que va a prolongar más el camino? ¿No serían esas “armas melladas del capitalismo”, lo de crear formas o relaciones dentro de estructuras improvisadas y las llamamos socialistas, como quien se hace un pajazo mental o un traje a la medida? ¿Crear por decreto alguna relación que sólo reproduce el capitalismo y le ponemos el nombre socialista, con toda la cultura y fuerza de aquél por dentro, sin que eso signifique diálogo con los empresarios, no es utilizar “armas melladas del capitalismo”?

¿No es violencia creadora, porque la violencia revolucionaria debe serlo, que las masas salgan a la calle a protestar multitudinariamente contra los especuladores, acaparadores, secuestradores del cambio y burócratas que, por lo menos por omisión, a aquellos amparan?

Hace muchos años, un simple positivista como Hans Kelsen, a quien se estudiaba con entusiasmo en las escuelas de Derecho, habló del carácter coercitivo de la norma jurídica. Porque ella no se queda en el deber ser, sino que formula o propone una conducta y obliga por la fuerza del Estado y la sociedad a su cumplimiento. De modo que en la ley hay violencia y en el caso de una revolución como la nuestra, que debe producir leyes, al aplicar estas se acompaña de un mandato violento. De modo que no tenemos que hablar de manera enredada y subliminal, como hacer creer o creer, que como en Queimada, de Gigo Pontecorvo, deberíamos dejar el poder que ahora tenemos y volver a la guerrilla, para regresar de allá con una violencia que llamé estereotipada o que llena está de nuestros sueños juveniles.

Por estas interrogantes y reflexiones, tiendo a dudar de quienes parecen exhibirse gritando o escribiendo gritonas frases que sirven para todo, pero no aclaran nada. Conste que no siempre es culpa de ellas.

Hemos llegado a una edad que debería hacernos comprender que las frases generales son buenas para los discursos de feria, quizás para actos más formales y académicos, para mostrar al grupo menos ilustrado cuánto se ha leído, pero cuando se trata de construir hay que ponerse más cerca de los hechos.

Para concluir, porque lo escrito ya es largo y nada hemos dicho de lo tanto por decir, sería bueno que “los pensadores” o los guías, esos que tienen la suerte que personajes importantes los promuevan y hasta sus trabajos aparezcan insertos en cuanto medio sea posible, bajen a la tierra. El proceso de cambio al socialismo es más complejo de lo que uno imaginaba por allá por los años juveniles. Justamente por eso, aún no ha cristalizado en su exacta dimensión sobre la tierra. Si le quieres apurar, construyéndole como quien madura cambur con carburo, termina en una cosa que puede superestructuralmente, a nivel de la política, en el discurso, con un parecido, pero en la estructura, en las relaciones de producción que, en definitiva va, sino a determinar, a fundamentar aquello, puede que las cosas se te pongan pelotudas. Eso incluye especialmente al centro de todo, el ser humano.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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