¡A partir de este momento está prohibido llorar! ¡Al combate!

Ahorita mismo, por Telesur, en las cercanías del Hospital Militar Carlos Arvelo, una humilde mujer, quien salió de madrugada desde una de las poblaciones cercanas a Caracas, dijo, no sin dolor, pero con mucha firmeza, “tú serás para siempre nuestro máximo líder y esta revolución no se perderá en nuestras manos”.

Quizás, para algunos, parezca una frase de ritual y hasta manida; también un discurso para levantar los ánimos o un poema hermoso y emotivo, reconfortante, como aquel de Neruda a nuestro padre Libertador o un llamado al combate, cual una clarinada larga en medio de un campo de batalla, parecido al de nuestro amado Alí Primera, cuando cantó “Quienes mueren por la vida, no pueden llamarse muertos”; pero cuando la frase la pronuncia alguien con naturalidad, sin muestras de estar repitiendo o citando a alguien, con la entonación y firmeza de quien pronuncia un discurso lleno de convicción, que sale de unos labios pegados a un rostro que denota humildad, sencillez y origen popular, adquiere la forma material de un instrumento de combate. No se trata de un discurso solamente, denota la disposición popular, no de una aislada vanguardia, de continuar la profundización de este proceso de cambio y búsqueda de la justicia, hasta más allá de nuestras fronteras.

Siendo eso así, no es retórica decir que Hugo Chávez sigue vivo y por eso, volviendo otra vez a Alí Primera, “A partir de este momento está prohibido llorar”.

Chávez sigue aquí. Uno le ve en la cara alegre de los niños, que hoy no irán a la escuela, no por Chávez muerto, sino por toda la vida que Chávez representa para ellos. En los ancianos, humildes y todos los parias humillados y atropellados. En el soldado que volvió digno servidor de la patria y del pueblo humilde. De los trabajadores venezolanos, para quienes sus esfuerzos comienzan a tener sentido en la esperanza que pueden llegar a formar parte de una sociedad donde dejen de ser pieza utilitaria y explotada que el final se le tira como inservible.

Le vi en el rostro de los viejos y jóvenes idealistas que sueñan con una patria soberana, donde hemos comenzado a romper y roto en gran medida las ataduras que nos tuvieron prisioneros y, a nuestras patrias, como su patio trasero y caja llena de riquezas para resolver los problemas de allá, a cambio de la pobreza de acá.

Le veo en la cara de los pueblos latinoamericanos que vuelven los ojos hacia él y entienden que el viejo sueño de la patria grande, aquella que soñó Bolívar, es posible y ahora, con gente como Rafael Correa, Evo Morales, Pepe Mujica, Cristina Fernández y otros ilustres compañeros, quienes trabajan con fe y entusiasmo para eso. También en el rostro de los trabajadores y humildes del mundo que encuentran en las ejecutorias y valentía de Chávez, una esperanza para salir de la vida dificultosa que llevan.

Oliver Stone y Sean Penn, dos cineastas norteamericanos, dignos representantes de la inteligencia de ese país, anoche mismo, se prodigaron en emitir juicios tan hermosos sobre nuestro Hugo, que contribuyen a fortalecer la idea que nadie así puede morir.

La vida de Hugo está en esa inimaginable unidad que en nosotros impera, aunque no ausente de dificultades y distintas apreciaciones. De una tropa arisca, llena de individualidades con sus propios proyectos de país y sociedad, poco o nada dadas a cederse unas a otras, un ápice para hacer avanzar nuestras fuerzas y deseos de cambio, pudo hacer se entendiese, acercase, amigase, hiciese solidaria y encontrase infinitos puntos de encuentro donde antes sólo había distancia. Cuando entonó su canto, hizo sonar su flauta mágica, aquella díscola multitud, sin dejar su inconformidad, se puso en marcha hacia la misma meta.

Hugo está y estará siempre presente, en el proyecto de patria, en el sueño de construir el socialismo que introdujo en millones de nosotros ¿Quién podía imaginar que multitudes en América Latina, al paso de la “espada de Bolívar”, en la era de Chávez y por su arenga, se incorporasen a la marcha contra el imperialismo, el abuso del capital internacional, las oligarquías internas y por construir el socialismo?

Chávez está vivo porque él, el mágico arañero de Sabaneta, es el ansiado partero por el cual añoró Alí Primera cuando cantó:

“La patria está preñada

¿Quién la ayudará a parir

para que se ponga bonita?

¿Cómo pensar un instante que Chávez está muerto? ¡No! Es de la estirpe de quienes no mueren nunca; por eso ¡está aquí con nosotros y vigilante!

Por eso, vamos a trabajar por la unidad con la fe puesta en los compañeros dirigentes, quienes inspirados en Chávez presente, harán las cosas bien.


damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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