¿Trabajo Voluntario?

Quizás, una de las primeras experiencias (sistematizadas) de “trabajo voluntario”, fue la que se llevó a cabo en las calles de Paris de 1871; en la hermosa insurrección popular denominada “La Comuna de París”. Un proceso hermoso de autogestión comunista donde el pueblo organizó extensas jornadas de trabajo, para garantizar el cumplimiento de las distintas tareas y la defensa de la breve experiencia revolucionaria, que tanto ha enriquecido nuestra historia, la historia de lucha de clases.

Durante los primeros años de la revolución bolchevique de 1917, se concibió el trabajo voluntario como la posibilidad de elevar la conciencia obrera, hacia la liberación del trabajo sobre la fuerza que impone la obligatoriedad a cambio de salarios de miseria. La vinculación del trabajo colectivo para el beneficio de toda la sociedad.

Los propios obreros organizaron como principio, los denominados “Sábados Comunistas”. Permanecían mas tiempo de lo establecido en las fabricas reparando locomotoras, organizando almacenes; incluso limpiando las calles que rodeaban las fabricas.

Lenin, consideraba los Sábados Comunistas como principio fundamental del trabajo liberador. Así lo expresó en el folleto “La Gran Iniciativa”, el 28 de junio de 1919:

“Es el inicio de una revolución más difícil, más esencial, más radical y más decisiva que el derrocamiento de la burguesía, porque es una victoria sobre nuestra propia rutina, nuestro relajamiento, nuestro egoísmo pequeño-burgués, sobre esos hábitos que el capitalismo ha legado al obrero y al campesino. Cuando esta victoria se consolide, entonces y sólo entonces, la nueva disciplina social, la disciplina socialista habrá sido creada; entonces y sólo entonces, la vuelta atrás, el retorno al capitalismo, devendrá imposible, y el comunismo será verdaderamente invencible.”

Lastimosamente, los denominados “Sábados Comunistas”, con la llegada del proceso de burocratización que infectó a la revolución soviética, fueron progresivamente impuestos a los trabajadores como medida obligatoria de explotación del trabajo. La experiencia de los “Sábados Comunistas” paso de ser una fiesta moral del pueblo soviético en la construcción de una nueva sociedad, a la imposición del Estado y el miedo de los trabajadores por perder el trabajo como garantía de su supervivencia.

Cuba ha sido un ejemplo histórico de cómo la sociedad ha trabajado incansablemente, para si misma. En los inicios de la revolución cubana se necesitaba acelerar los procesos productivos y generar al mismo tiempo, una conciencia del trabajo liberador que superara a la alienación y la explotación impuesta por el capitalismo.

En 1959, el mismo año que triunfa la gran revolución de los “barbudos de la sierra maestra”, los trabajadores junto a su dirigencia empezaron a concebir el trabajo voluntario como organización del trabajo para superar los grandes retos que la sociedad capitalista imponía a la revolución.

En el mes de octubre de ese mismo año, se crea en Cuba, La Organización de Trabajadores Voluntarios (OTV). Tenía como principio convencer al resto de la sociedad cubana, de que el tiempo libre, podía ser aprovechado en servicios voluntarios al Estado. La organización clasificó los servicios y facilitó a sus miembros para tareas de todas clases, trabajos físicos o actividades intelectuales. “Según tus conocimientos, tu experiencia y el tiempo de que dispones” era el principio fundamental de la OTV.

Para nadie es un secreto que Ernesto “Che” Guevara de la Serna, fue el principal promotor en Cuba de lo que se conoce como el Trabajo Voluntario. No solamente teorizo y ofreció discursos sobre la necesidad de dar un salto adelante en la conciencia social del trabajo, a través del esfuerzo voluntario y desinteresado, si no que fue ejemplo de largas jornadas realizadas y lideradas por el mismo:

“¿Por qué insistimos tanto en el trabajo voluntario? Económicamente significa casi nada; los voluntarios, incluso que van a cortar caña, que es la tarea más importante que realizan desde el punto de vista económico, no dan resultados. Un cortador de caña del Ministerio corta cuatro o cinco veces menos que un cortador de caña que ha hecho eso habitualmente toda su vida. Pero que hoy tiene una importancia económica por la escasez de brazos que hay. Ahora, lo importante es que una parte de la vida del individuo que se entrega a la sociedad sin esperar nada, sin retribución de ningún tipo, y solamente en cumplimiento del deber social. Allí comienza a crearse lo que después, por el avance de la técnica, por el avance de la producción y de las relaciones de producción, alcanzará un tipo más elevado, se convertirá en la necesidad social.”

El trabajo voluntario debe ser una necesidad espiritual del hombre y la mujer en contribución con la construcción de una sociedad nueva, más justa y necesaria. Es el estimulo moral (como señalaba el Che) el que va a generar la conciencia del “hombre y la mujer nueva” que hace falta en la construcción del mundo mejor que necesitamos. El mismo Che hacia referencia de no inventar el trabajo voluntario en sitios donde quizás no era conveniente hacerlo, porque podría este ser mas perjudicial para los trabajadores que los beneficios que se obtendrían. No es lo mismo el trabajo voluntario que podrían realizar los obreros de una fábrica que necesitan aumentar la producción de comida en beneficio del pueblo, al trabajo voluntario de algunos funcionarios que realizan cortas jornadas de trabajo administrativo.

Cuando el “trabajo voluntario” es impuesto por la fuerza desde la burocracia de quienes determinan el salario de los trabajadores, no se genera una conciencia colectiva del trabajo liberador por el amor a la revolución. Por el contrario, se genera resentimiento por parte de los trabajadores quienes distribuyeron su tiempo cuando fueron contratados, para realizar otras tareas que no tienen que ver con el trabajo formal y alienante. Si no hay un estimulo moral, un conjunto de relaciones liberadoras que rodeen al trabajador y generen la conciencia revolucionaria capaz de asumir el trabajo voluntario como una expresión de amor por la revolución, no será posible ejercer el llamado del socialismo a la construcción de una sociedad más justa.

Cuando desde los ministerios del poder popular se adjudican “a dedo” jornadas de “Trabajo Voluntario”, pasan listas; o se estimula materialmente al trabajador, se está generando un descontento generalizado en los trabajadores que atenta contra la revolución bolivariana y contra la moral del socialismo.

Así se refirió el Che Guevara sobre la importancia del estimulo moral en la textilería de Ariguanabo un 24 de marzo de 1963:

“El estímulo moral, la creación de una nueva conciencia socialista, es el punto en que debemos apoyarnos y hacia donde debemos ir, y hacer énfasis en él. El estímulo material es el rezago del pasado, es aquello con lo que hay que contar, pero a lo que hay que ir quitándole preponderancia en la conciencia de la gente a medida que avance el proceso. Uno está en decidido proceso de ascenso; el otro debe estar en decidido proceso de extinción. El estímulo material no participará en la nueva sociedad que se crea, se extinguirá en el camino y hay que preparar las condiciones para que el tipo de movilización que hoy es efectiva, vaya perdiendo cada vez más su importancia y la vaya ocupando el estímulo moral, el sentido del deber, la nueva conciencia revolucionaria.”

Menos mal que Eduardo Galeano escribió su libro "Patas Arriba. La Escuela del Mundo al Revés" en 1998. Porque si lo estuviera escribiendo ahora, hubiera sido muy probable que incluyera lo que los ministerios del poder popular (parte del Estado Burgués que es necesario debilitar progresivamente) de la revolución bolivariana denominan “Trabajo Voluntario”. Que es la imposición de trabajo extra por parte de las autoridades a los trabajadores con amenazas de sanciones. El “trabajo voluntario” que se ha hecho obligatorio por esa sociedad que se niega a morir, para darle paso a la nueva sociedad socialista que está naciendo, es una contradicción propia del capitalismo. Una contradicción que debemos superar pronto para recuperar la confianza de los trabajadores en el espíritu del trabajo liberador y la conciencia revolucionaria.

“Su importancia capital radica en su papel en la educación comunista; constituye... una escuela creadora de conciencia, es el esfuerzo realizado en la sociedad y por la sociedad como aporte individual y colectivo y va formando esa alta conciencia que nos permite acelerar el proceso de tránsito.” Che Guevara.

adaleduardo@hotmail.com


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Adal Hernández


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